jueves, 21 de septiembre de 2017

El encuentro (Cuento)



Llegué a casa y ahí estaba. No sé siquiera de dónde la sacaron, de dónde salió. Me pesaban los hombros y quería una ducha caliente y comer un plato de comida reconfortante. Mi madre estaba parloteando con ella en el salón y ella la escuchaba y asentaba con la cabeza. ¿Quién era? No pasó mucho rato hasta que me la presentara. Como envuelta en un cinto de regalo de navidad, así la presentó mi madre. Ella no tenía ninguna falla a los ojos de mi santa progenitora. «A estas edades y todavía jugándola a la casamentera», pensé. Quise exorcisar el entusiasmo con olor a novedad por ella con un suspiro cínico pero no pude. Era la mujer más hermosa que había visto en toda la vida. Y eso a mis años es algo de peso que decir. Pensé en mis fachas en ese mismo instante en el que ella se paró del sillón y estiró su mano derecha para estrechar la mía. Debía tener la corbata media abierta y corrida, la marca insipiente de mi barba de seguro oscurecía mi ya cansado rostro, debía estar ojeroso y hasta maloliente. Había sido un día largo de aburridos trámites logísticos y llamadas telefónicas sin sentido. Los primeros días se habían sentido bien al jugar a ser el gerente de mi propia empresa. Ahora era un suplicio y un barco al que ya le entraba agua.
Ella se disculpó y se puso de pie, agarró su cartera y se la colgó del hombro mientras se deshacía de agradecimientos hacia mi madre por el té y el pastel y se disculpaba por tener que marcharse. Mi madre me tiró de un brazo a la cocina y susurró en mi oído con entusiasmo. «Ofrécete a llevarla a casa» dijo y me dejó la oreja salivada. Me zafé y quise dedicarle una mirada de furia pero tampoco pude. Sus ojitos pardos brillaban y los pliegues de sus pesados parpados estaban estirados hacia arriba con toda la emoción del momento. Me metió la camisa dentro del pantalón y puso mi corbata en su sitio. Volví a tener diesiciete ahí mismo y por todas las razones correctas y erroneas.
Le mencioné que mi van estaba estacionada afuera y que podía llevarla a casa, que no me costaba nada. Ella agradeció la oferta mientras sacaba el paraguas de su cartera. Llovía a cántaros afuera y el día ya había terminado, el invierno y sus noches tempranas y largas. Sin más se despidió de ambos con una sonrisa de buena educación y abrió la puerta principal. Abrió su paraguas y caminó dentro de la lluvia casi como si la hubiera agradecido. Salí detrás de ella, no sólo porque mi madre me empujó hasta casi besar el suelo, sino que algo dentro de mí me impulsó a hacerlo. Dejarla ir y no verla más sería un craso error. Insistí en llevarla a casa mientras con torpeza buscaba las llaves de mi van dentro de los bolsillos de mis pantalones. Con el pulgar sentí el botón de desbloqueo y las cinco puertas de mi vehículo soltaron un click al unísono. Ella miraba hacía ambas direcciones de la calle. Nunca antes había aborrecido tanto vivir en una avenida tan bien surtida de locomoción colectiva. Lanzó un vistazo al costado de mi van y luego a mí. El estómago me quedó reducido al tamaño de una pasa, debajo del paraguas sus ojos castaños destellaban en la oscuridad. Dio la vuelta y se subió al asiento del copiloto.
Puse mi van en marcha. Me tiritaban las manos, parecía mi primera clase de conducción. Casi pierdo el control del cambio por lo resbaladiza que mi mano derecha estaba. Sudaba helado. «¿Ese es el nombre de tu empresa?» dijo de repente tras pronunciar el logo que había leído al costado de mi van. Asentí con la cabeza. «¿Y cómo te va?» Tragué saliva y solté una risita patética. Me ví a mi mísmo desde afuera. Me daba pena. «La verdad es que la creé para poner mi nombre en la gerencia, es todo». Hubiera deseado derretirme y convertirme en uno con el asiento del chofer en ese mismo instante. Conversamos de nada importante por el resto del trayecto. Era artista. De las profesionales, las de vocación. De esas valientes que van en contra de los prejuicios de todos y se lanzan a vivir su pasión. Una sensación cálida de orgullo ajeno me invadió. Me mencionó que mi madre había aparecido la tarde de hoy en una pequeña exposición que ella junto a otros colegas habían organizado en una galería en el centro de la ciudad. Mi madre le había comprado una pintura. ¿Desde cuándo mi madre se interesaba por todo esto? Ella, que se acompaña de mañana a noche con telenovelas mientras asea la casa hasta hacerla resplandecer. «¿Y cómo te va?» devolví la pregunta a ella. «Soy feliz» respondió escueta. Qué envidia.
Nos quedamos en silencio un rato. Un rato de tres manzanas incluídas las luces rojas de todos sus semáforos. Me acercaba a la dirección que ella me había indicado al comenzar nuestro viaje. Hubiera dado vueltas por otra ruta más larga como algunos taxistas hacen con los turistas, pero ella vivía en en esta ciudad al igual que yo, sabía bien la ruta más corta para llegar a casa. «¿Sabes lo que creo?» dije y suprimí el temblor de mi voz hasta hacerme una piedra dura de tensión. Los nudillos me dolían, así de fuerte sujetaba el volante. Ella volteó a su izquierda y me desafió con la mirada y una media sonrisa. «Mi madre te ha elegido para que seas mi esposa». Soltó una risa y se miró las manos. Estacioné la van y apagué el motor. La imité y lo ví. El brillo de una argolla en su dedo anular izquierdo. «Soy casada» dijo. Esas dos palabras dolieron en mi pecho como si ya le hubiera entregado mi todo y ella hubiera zapateado encima de mi orgullo roto. «¿Eres feliz?»  Subió la mirada y me agradeció por llevarla a casa. En silencio sacó el paraguas y abrió la puerta. Una brisa cargada de garúa entró en la cabina y me lavó la cara por un instante. Sin mirar atrás desapareció en la noche. La ví hurgar en su cartera, escuché el cerrojo de su puerta ceder y cerrarla fuerte tras suya.

*

Yo ya he conocido hombres así. Hijitos de mamita. La madre dicta hasta la colonia que se echan en el cuello cada mañana. Si la señora no me hubiera comprado un cuadro, no le habría aceptado la invitación a tomar el té a su casa. Más que invitación me había raptado entre interminables halagos a mi talento, a mi estilo personal. Elogió hasta mis zapatos y el color de mi labial. Cuando ví a su hijo entrar comprendí porqué me había mantenido entretenida contándome la historia de cada fotografía familiar que colgaba de las paredes del salón. Primero sentí repulsión. Luego lástima. Luego intriga. No era un hombre mal parecido, tenía lindos rasgos faciales. Un perfíl armonioso y varoníl, una quijada fuerte, unos labios ni tan gruesos ni tan delgados. Así como me gustan. Era de esos hombres que las mujeres envidiamos por el largo y espesor injusto de sus curvas pestañas oscuras. Qué desperdicio. Al entrar en el salón esa tarde su mirada era una ventana opaca a un ser vacio. La subió hacia mí y se llenó de luz. Cuánta falta de luz tenía ese hombre. Su madre comenzó a cacarear sobre mí e insistió que él se sentara con nosotras a tomar el té. Ya se había puesto de pie a poner otra tetera por tercera vez cuando debí pararme. ¿Qué hacía ahí de todas formas? Por un rato me dejaron sola en el salón. Esto se volvía más raro con cada segundo. Los escuché cuchichear algo inentendible para mí pero no me importó. Agarré mis cosas y dispuse a irme a casa. En casa estaba Carlos, o quizás hoy también llegaría pasado la media noche. Daba lo mismo. En mi casa estaba mi cama, mi cocina, mi despensa con mis infusiones. Mi sofá y mi televisor donde estacionarme por el resto de la noche con una taza humeante de chocolate caliente. Me despedí y agradecí a la señora por la invitación y salí a la calle. La brisa mojada del temporal me heló los huesos. No pasó mucho rato y mis zapatos ya se habían calado de agua. Cualquier bus me hubiera servido, la cosa era salir de ahí. Él salió detrás mío e insistió en llevarme a casa en su auto. Tal parecía que el don de persuación corría fuerte por el ADN de esta familia.
Tan pronto me senté en el asiento del copiloto agradecí al aire acondicionado calientito soplar en dirección a mis pies. Olía a nicotina disfrazada del perfume al pino ambiental que colgaba del espejo retrovisor. ¿Cómo no iba a fumar como chimenea ese pobre hombre con tal mujer como madre? De reojo lo ví maniobrar la van por las calles empapadas de lluvia. Siempre he encontrado algo sexy y primitivo en el control que un hombre ejerce al conducir un auto. No sé, quizás haya sido la vista de perfíl tan clara a la línea de su mandíbula, o cómo sostenía el volante con decisión. Estoy mal. La falta de sexo y sus consecuencias. Ya he pasado por todo esto. Hace muchos años atrás perdí el corazón por un hombre como este que me llevaba a casa. Me había conquistado con la ternura infiníta de sus ojos tristes, tal como los de mi chofer esa tarde. Había sido una tragedia cuyos recuerdos bien trataba de mantener escondidos en el archivador de malas decisiones en mi cabeza. Su madre había dictado cada cosa en nuestra relación y yo no había contado con los años de experiencia y ni la seguridad en mí misma para haberle gritado un par de verdades a la señora maldita esa. Él la había obedecido en todo y yo, ingenua, creí con toda mi alma que podía cambiarlo. Tal es la arrogancia de una mujer atractiva y sin experiencia.
Carlos era un buen hombre. Uno que se estaba cansando de nuestra falta de vida íntima. No podía culparlo ni tampoco a mí. Los años juntos bajo el mismo techo nos estaban pasando la cuenta. El arte era mi válvula de escape y allí vaciaba cada frustración. Quizás por eso en el último tiempo la gente parecía apreciar mis pinturas y no me estaba llendo nada de mal. Quizás yo sólo estaba dando una imagen visual a la frustración que casi todos los individuos de esta ciudad sentían. Mi chofer incluído. Más de treinta años viviendo en la misma ciudad y sólo venir a toparme con él ahora cuando ya es demasiado tarde. Me mordí el labio inferior. Mi cabeza se estaba volviendo loca con cada escenario que estaba imaginando. Una pena negra me invadió al haberle preguntado sobre el nombre escrito en el costado de su van y al escuchar su respuesta. De seguro otra decisión más que había tomado por las presiones de su madre. O del entorno. He allí el problema de estos hombres. Tiernos y faltos de amor por fuera, incapaces de decidir solos cuáles calzoncillos vestir cada mañana. No. No y no mil veces. Si era de tener una aventura por ahí debía ser con un alfa, uno que tenga las cosas claras y por sobre todas las cosas, uno que no se enamore.
No era tan tonto como aparentaba. Sabía lo que su madre había intentado hacer y, lo que me sorprendió más, lo vociferó. Adrede y a la espera de mi reacción. Me rompió el corazón. Era un buen tipo, eso se veía a simple vista. Sólo atiné a dirigir su atención a mi argolla de matrimonio. Un silencio sepulcral se instaló en la cabina. Como una telaraña se expandió por cada recoveco del interior del vehículo. Debía salir de ahí tan pronto como fuera posible y no verlo más. «¿Eres feliz?» me preguntó. ¿Qué podría haberle dicho? Era un solterón que no tenía idea de los altos y bajos de la vida en pareja. Nunca lo comprendería.
Me bajé de la van y maldije la profundidad de mi cartera y los cientos de cachureos que ando siempre trayendo allí dentro. Por fin dí con el manojo de llaves y abrí la puerta. Todo el tiempo su mirada me clavó fuerte en la nuca. Debí resistir la tentación de voltear. De haberlo hecho quizás me hubiera hasta apiadado de él y le hubiera dejado besarme.
Carlos no estaba, como me lo esperaba. Me saqué los zapatos de dos patadas y me cambié a mi pijamas y pantuflas de crochet. El motor rugió a las afueras y su ronquido se desvaneció hasta desaparecer en la cortina de lluvia sobre el tejado. Se había marchado. Tanto mejor así. Mientras calentaba leche para un muy anhelado chocolate caliente, rezé. Rezé como no lo había hecho en años. «Señor, protégelo. No permitas que ninguna pérfida le rompa en corazón. Por favor. Amén».

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Viena ayer y hoy: Tras la huella de Beethoven (Segunda parte)



Viena enamora. Apesar de sus interminables manadas de turistas merodeando el primer distrito. Apesar de la actitud quejumbrosa y reclamona tan típica de muchos trabajadores del sector gastronómico y comercial. Apesar de la odisea que significa encontrar alternativas vegetarianas en el centro histórico. Apesar que no se puede simplemente entrar en un café y pedir "un café", sino un Verlängerter , un Melange u otras variantes cafeinadas con nombres igual de sugerentes. Viena enamora. Viena no es perfecta, pero hasta sus pecadillos son adorables. Estoy enamorada.


Parte por turismo, curiosidad y parte investigación para mi novela de ficción histórica, en los veranos de 2016 y 2017 he pasado una semana respectivamente en la capital austriaca, Viena. Escribo sobre Beethoven en los primeros años del siglo XIX, su vida profesional y personal, su enfermedad y su pasión por la música, dentro de otras cosas. En la primera parte de esta entrega recorrí la plaza St. Peters, el museo Eroicahaus en Döbling, Heiligenstadt y el palacio Augarten. Todos estos lugares están ligados a la vida profesional y personal de Beethoven a principios de su tercera decada de vida.

En mi cometido de seguir la pista de los lugares en los cuales Beethoven vivió y trabajó durante sus 35 años en Viena, hize una parada en el que otrora fuera el Palacio Lobkowitz, hoy el Theatermuseum. Fue construído en el último cuarto del siglo XVII y está hubicado en la plaza que lleva su nombre en el primer distrito. El primer ensayo de la tercera sinfonía de Beethoven se realizó en la que hoy se conoce como la "Eroicasaal" del palacio del príncipe austriaco en el verano de 1804. Hoy dicha sala se exhibe al público como parte de esa historia musical, sus paredes, techo y piso son los mismos desde entonces y se nota al dar un par de pasos dentro del lugar. El incesable crugir del parquet de más de dos siglos rebota sobre el alto techo y acompaña durante toda la visita a la mítica sala.

Palacio Lobkowitz en 1760. Wikipedia.

Palacio Lobkowitz hoy. Wikipedia.


Me acuerdo haber entrado en el palacio, subir la escalera hacia la Eroicasaal a mano izquierda e imaginar a Beethoven caminando ajetreado escaleras arriba con un montón de partituras bajo el brazo, la mirada fija en sus mismos pasos, quizás subiendo de a dos peldaños. Quizás atrasado a la reunión de ensayo con los músicos de la orquesta del príncipe Lobkowitz. Quizás metido en su propia cabeza al encuentro con los músicos que deben interpretar su visión, y qué compleja debe haber sido para ellos la visión del maestro en su tercera sinfonía.

Del príncipe Franz Joseph Maximilian von Lobkowitz vale la pena mencionar que era sólo dos años menor que Beethoven y que para 1804, había convertido su palacio en algo cercano a lo que hoy sería un estudio y sala de ensayos de música de tecnología e instalaciones de punta. El príncipe gastó casi toda la fortuna de la familia en su mecenazgo hacia las artes y la música y contrataba a los mejores músicos de Viena para su orquestra privada a quienes ponía a disposición del compositor en casos como los ensayos de la tercera sinfonía de Beethoven.




Hoy se siguen llevando a cabo conciertos en esta sala, como fue el caso del proyecto "Beethoven Resound" de la orquestra vienésa Wiener Akademie dirigida por el conductor Martin Haselböck. La idea del proyecto era volver a tocar algunos de los trabajos de Beethoven en los lugares originales donde se estrenaron en Viena e interpretados en instrumentos de la época. La experiencia fue grabada en cuatro CDs y es una de las maneras más fieles de escuchar el sonido original de algunos de los trabajos más significativos de Beethoven con una visión históricamente fiel.



Otro lugar de importancia para la trama de mi historia en la vida de Beethoven el año 1803 es el Theater an der Wien, construído en 1801 en, para entonces, el suburbio de Mariahilf, hoy el distrito número 6 a las afueras de la que fuera la franja de defensa militar llamada Glacis. Es uno de los teatros históricos de Viena que todavía abre sus puertas al público. En Enero de 2016 el teatro sorprendió con la puesta en escena de la versión de 1806 de la única ópera que Beethoven compuso, originalmente llamada "Leonore", luego "Fidelio". Beethoven trabajó en esta ópera por unos diez años desde 1804 hasta la versión definitiva de 1814. Las circumstancias históricas y políticas de la época que fueron parte de las razones para que Beethoven corrigiera y mejorara la partitura de su ópera como un obseso, se deben a la invasión de Viena por las tropas francesas en 1805, lo que afectó el éxito teatral que se esperaba. La sala del teatro estaba mayoritáriamente ocupada por soldados franceses, como el resto de la ciudad. La versión original constaba de tres actos y fue estrenada en el Theater an der Wien en 1805. Luego de que amigos y colaboradores cercanos convencieran a Beethoven de acortar la ópera a sólo dos, se estrenó en ese formato un año después, 1806. Hoy en día esta versión rara vez es interpretada, puesto que la última versión de Beethoven, la de 1814, se considera la definitiva. El conductor y maestro austriaco de las interpretaciones históricamente fieles, Nikolaus Harnoncourt, fue quien preparó al elenco y músicos para la interpretación en formato de concierto de la ópera en Enero de 2016. Por razones de salud el conductor se retiró de la vida pública en Diciembre de 2015, pero el elenco siguió trabajando en "Leonore" 1806. Dos meses después de la puesta en escena, Harnoncourt falleció.

En Febrero de 1803 Beethoven fue contratado como compositor residente del para entonces nuevísimo teatro. El encargado de contactar a Beethoven fue el director y padre del proyecto teatral, Emanuel Schikaneder, quien fuera libretista de Mozart en "La Flauta Mágica". Schikaneder contrata a Beethoven con la esperanza de hacer de él una especie de hit-machine de óperas que atraen al público hasta agotar las entradas, como lo fue Mozart. Ese no fue el caso. El empresario teatral ofreció a Beethoven un pequeño departamento dentro de las inmediaciones del teatro, y fue así que para Febrero de 1803, Beethoven se mudó al teatro junto a su hermano menor Kaspar Karl, su mano derecha y secretario, y su sirvienta. Se dice que el departamento era algo parecido a una caja de zapatos, contaba con sólo dos habitaciones claustrofóbicas y con una sola ventana que daba al patio interior del teatro y que miraba directo a una muralla. La primera habitación por donde se accedía a la diminuta residencia era la cocina y quizás también el comedor a la par de ser el dormitorio de la sirvienta. En la otra, los hermanos Beethoven debían dormir y en algún lugar Beethoven debe haber puesto su pianoforte de entonces, un "Walter", además de su escritorio. Beethoven odiaba vivir allí pero no pagaba arriendo por esas habitaciones, así que esa fue su residencia por un poco más de un año.

Theater an der Wien cerca del 1810.

Theater an der Wien hoy. Wikipedia.

Entrada antigua del teatro.
"Ludwig van Beethoven vivió en el Theater an der Wien en 1803 y 1804. Parte de su ópera, la tercera sinfonía y la Sonata Kreutzer surgieron aquí. "Fidelio" y otros trabajos vivieron en esta casa sus estrenos."

Tomando nota de todo a mi alrededor 😊
Luego de un poco más de un año viviendo en el departamento hacinado junto a su hermano y sirvienta, Beethoven dio notificación al director del Theater an der Wien que se largaba del lugar luego de varios intentos por pedir mejores habitaciones. La carta representa la típica manera de escribir de Beethoven: irónico, directo al grano, iracundo y con un abuso de guiones, comas y palabras subrayadas.

A mediados de 1804 fue entonces que Beethoven se mudó al departamento del cuatro piso de la que hoy se conoce como Pasqualatihaus, en el Bastión Mölker del primer distrito de Viena. Don  Josef Benedikt Baron Pasqualati tuvo a Beethoven en variadas oportunidades como inquilino entre los años 1804 y 1814. Diez años interrumpidos entre su escapadas al campo a donde le gustaba arrendar alguna residencia apenas llegara la primavera para quedarse allí lejos del ajetreo de la ciudad por todos los meses cálidos del año. Pronto el Baron Pasqualati se percató que Beethoven volvía a su departamento luego de cada estadía veraniega en el campo, por lo que el casero decidió mantener ese departamento del cuatro piso siempre libre para su célebre inquilino. Fue una buena decisión, pues ahora tal residencia es uno de los museos sobre Beethoven en Viena y lleva su nombre.


El Bastión Mölker número 8 en el primer distrito de Viena. El edificio data del año 1797.

Uno de los pianoforte originales de propiedad de Beethoven durante sus años en Viena. Tiene cinco pedales y seis y media octavas.
A la izquierda el retrato del abuelo paterno de Beethoven de origen belga, Lodewijk van Beethoven, quien fuera cantante y director musical de la corte de Bonn. A la derecha el retrato de su nieto Ludwig van Beethoven hecho en 1804. A los pocos años de residir en Viena, Beethoven mandó a pedir desde Bonn este retrato de su abuelo, el cual siempre colgaba en un lugar de honor y principal en cualquiera de las numerosas residencias que tuvo en la capital austriaca.  Beethoven admiraba a su abuelo como el ejemplo de hombre y músico al que aspiraba ser.
Busto original hecho a imagen de la máscara de vida hecha del rostro de Beethoven en el año 1812 cuando tenía 42 años. Es la representación más cercana a su real fisionomía.

De todos los museos de Beethoven en los que he estado, creo que la casa Pasqualati es uno de los que ha dejado mayor impacto en mí. Quizás fuera por su busto, al que quedé mirando por más tiempo del que me gustaría reconocer. Quizás fuera por su pianoforte, la madera caoba de acabado de espejo, sus líneas largas y elegantes, la estructura de metal con forma de la lira de Apolo que acompaña las cuerdas de los cinco pedales. Tan sólo observar el soberbio instrumento trae a la memoria las interpretaciones del pianista holandés Ronald Brautigam, quien es una autoridad en los pianos de antaño y uno de los mejores exponentes del catálogo para piano de Beethoven. Algunos dicen que escuchar tocar a Brautigam es como escuchar a Beethoven mismo, tal vez porque el compositor escribió su música para piano en los modelos disponibles en esos años y Beethoven debe haber conocido muy bien las fortalezas y debilidades de aquellos instrumentos, incluso apesar de su sordera. De alguna forma, escuchar su música interpretada en instrumentos correspondientes a ese tiempo trae consigo un sonido más real y fiel que en los instrumentos modernos.
El departamento es espacioso y tiene unas cuatro habitaciones, todas iluminadas gracias a generosas ventanas. En los años que Beethoven vivió en esta residencia, muchos de los edificios que hoy rodean el Bastión no existían todavía, lo que daba una vista amplia hacia los distritos norte y noroéste de la ciudad, para entonces todavía en vías de desarrollo urbano. Unas vistas generosas y suficiente luz y espacio fue lo que Beethoven más necesitaba luego del año y algo que vivió en el claustrofóbico departamento del Theater an der Wien.


***


Haber visitado algunos de los lugares en los que Beethoven vivió durante sus años en Viena no ha sido sólo un pasatiempo turístico, sino que un ejercicio de tratar de mirar la ciudad a través de los ojos de un residente del siglo XIX en Viena. El hecho de investigar cosas domésticas de aquellos años también me ha permitido comprender cómo eran las vidas diarias de las personas entonces, incluso la misma distribución de las habitaciones en una casa hablan del día a día de las familias de principios de los 1800s en el imperio austro-húngaro. ¿Y en el caso de Beethoven? Bueno, no puedo asumir que su vida doméstica era igual a la de sus contenporáneos porque él era un tipo un tanto peculiar e inquieto, además de un genio que vivía en su cabeza más que para los demás. Sin embargo, conocer los lugares físicos en los que vivió durante este período me permite comprobar muchas de las cosas que estan documentadas en tanto cartas como diarios de vida de Beethoven y su círculo más cercano. Anécdotas, descripciones y percepciones personales de las distintas residencias de Beethoven que han sido plasmadas en documentos escritos, se pueden comprobar cuando uno visita estos lugares, no sólo las casas, sino que sus alrededores y la relación de la locación para con la ciudad.

Esta es sólo una parte de mi investigación y he aprendido mucho, no sólo de Beethoven sino que del imperio austro-húngaro, del prusiano, de la revolución francesa y de la escena musical de esos años. En futuras entradas ahondaré en otros aspectos de mi investigación para poder lograr que mi novela sea lo más fiel posible a la historia del tiempo en el que en parte se basa.



lunes, 21 de agosto de 2017

Viena ayer y hoy: Tras la huella de Beethoven (Primera parte)


Mapa de Viena 1809 con la muralla protectora y los bastiones y puertas originales.



Mapa de Viena en la actualidad con la posición original donde la muralla y bastiones solían hubicarse.


Viena. Nunca pensé sentirme tan como en casa a miles de kilómetros del verdadero hogar. O quizás sea la dopamina y endorfina que producen los primeros encuentros. Tengo una relación a distancia con Viena, me cuesta buena cantidad de tiempo y dinero poder vernos y cuando lo logro, trato de sacarle el jugo a los pocos días juntos. Me hago daño en los pies aplanando sus calles y regreso a casa con ampollas. Tengo dos razones que me han llevado a Viena ya dos veces: una es tratar de reconstruir la Viena de 1803, tiempo en el que en parte se basa mi novela, y la otra es que, como toda relación, quiero formalizar lo nuestro y pronto irme a vivir allá. No sé que piensa Viena de todo esto, de seguro no mucho, pues debe tener miles de admiradores secretos por todo el mundo y yo soy sólo una más.




Es impresionante caminar por el núcleo del primer distrito y pensar que muchos de los edificios que todavía están de pie, ya existían a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. La plaza de San Pedro, o en su nombre original, St. Petersplatz, tiene que ser mi rincón favorito de esta parte del centro histórico. La catedral y su diseño tan cilíndrico y compacto, emerge del suelo casi como una madre acogedora y la angosta calle que breve la abraza, crea una esquina aparte de todo el bullicio turístico y comercial de Graben y Kärntnerstraße, las Champs Élysées de Viena. Entre tanta tienda de lujo y los turistas desbordando cada recoveco, adentrarse en St. Petersplatz ofrece un oasis citadino pensado en su diseño hace siglos atrás. Desde 1799 hasta 1802 Beethoven vivió en el tercer piso de la casa 11 de esta plaza. Entonces, había una estación de policía a la derecha y una gelatería a espaldas de la catedral, hoy la rodean un par de restaurantes y bares que de noche tocan música deep-house y venden cervezas igual de ricas que esas mezclas.

St. Petersplatz a principios del siglo XIX y hoy.
St. Petersplatz con la casa 11 de fondo.



Otra esquina que concierne a Beethoven durante esos años es el distrito número 19, Döbling. En el verano de 1803, Beethoven se parapetó en una casa campestre de esta suave colina, que entonces no era nada más que un caserío, y se dio a la tarea de terminar su tercera sinfonía, de la que ya les he hablado acá. Das Eroica Haus es un pequeño museo situado en Döblinger Hauptstraße 92 que pretende mostrar cómo debe haber sido el departamento de verano del compositor ese año y cómo lucían los alrededores en aquel entonces. Por mucho tiempo se creyó que fue en esta dirección y edificio en particular que Beethoven pasó ese verano componiendo tal inmortal sinfonía, pero se trata de un malentendido.  Josef Böck-Gnadenau, quien en el siglo XIX identificara la casa de Beethoven, cometió el error de datar erróneamente la enumeración de las casas en Döbling con 1802 en vez de con el año correcto, 1804. Fue el biógrafo de Beethoven, Alexander Wheelock Thayer quien publicó ya por el año 1872 la verdadera dirección de la "Casa Eroica": Hofzeile 15, calle perpendicular a Döblinger Hauptstraße y cuyo número se encuentra a unos pocos metros del museo Eroicahaus. El mismo Beethoven escribió una carta en el verano de 1803 a su pupilo Ferdinand Ries, donde lo instruye cómo llegar donde él: "Mi residencia es en Oberdöbling número 4, la calle hacia la izquierda, donde uno desciende el cerro para ir a Heiligenstadt". Esta casa ya no existe. Sin prejuicio de ello vale la pena visitar el museo Eroicahaus, el cual sólo abre al público previa reserva de hora. Es un departamento pequeño en la planta baja de una casa de dos pisos y en sus tres habitaciones exhibe una colección de pinturas, bosquejos y dibujos del área de Oberdöbling a principios del siglo XIX, en conjunto con algunas copias de las partituras originales de tanto el bosquejo como la versión terminada de la tercera sinfonía.




Esta iglesia está en frente de Das Eroica Haus y completamente abandonada. En las pinturas de Oberdobling de principios de siglo XIX, ya se la puede ver representada.


Este café se encuentra en Döblinger Hauptstraße y está en servicio de 1768.

Entonces, alcanzar el centro de Viena, hoy el primer distrito, desde el caserío de Oberdöbling, debe haber demorado alrededor de una hora viajando en un carruaje tirado por dos caballos o como se les conoce en Viena hasta el sol de hoy, Fiaker. La carrera en Fiaker costaba 1 Florín (25 Euros) por hora, y así nos podemos hacer una idea del gasto de tiempo y dinero que significaba transportarse en y alrededor de la ciudad en aquellos años. Hoy el viaje desde el primer distrito hasta Döbling con un tranvía no demora más de diez minutos y el pasaje ciertamente no cuesta 25 euros, sino que menos de 3 euros. Hoy los Fiaker sólo dan paseos a los turistas. Siempre se les puede encontrar estacionados al costado de la catedral St. Stephan y cada vez que pasaba por el lado los últimos dos veranos, pensaba dos cosas: pobres caballos parados al sol con 35 grados Celsius, y me preguntaba si es que en 1803 los vienéses también podían ir a buscar un Fiaker para arrendar a este mismo punto, como hoy lo hacen los turistas.

Un Fiaker en servicio por la plaza Am Hof


Quizás el lugar más renombrado de Viena en directa relación con la biografía de Beethoven debe ser Heiligenstadt. Quien haya leído un poco sobre el compositor, puede que se haya topado con un documento conocido como “el testamento de Heiligenstadt”, un nombre de proporciones épicas y casi bíblicas para lo que seguramente fue un muy necesario desahogo en formato escrito. Heiligenstadt significa “Ciudad Santa” en alemán y desconozco el porqué de este nombre para esta esquina de la ciudad que hoy es parte del distrito 19 de Döbling. Antes de la tercera sinfonía y de todo ese heroísmo musical y personal de Beethoven que comienza en 1803 y se extiende hasta unos diez años más adelante, hubo un período oscuro en su vida en el que trató de asimilar la significancia personal y profesional de su entonces creciente sordera. En la primavera de 1802, su entonces doctor de cabecera, Dr. Johann Adan Schmitz, le recomendó dejar el bullicio y ajetreo de Viena y mudarse a la tranquilidad del campo, incluso le aconsejó cesar todas sus actividades. Lo que sería hoy una licencia médica por estrés. Beethoven no aguantó tantas semanas de tranquilidad pasiva campestre y pronto se puso a trabajar en su segunda sinfonía. Su doctor solía visitarlo en este departamento (de cuyo museo hoy tampoco se sabe a ciencia cierta si es que verdaderamente fue esa la residencia específica de Beethoven durante ese verano de 1802) para revisar su evolución. Las noticias no eran alentadoras. Hoy podemos decir fuerte y claro que los doctores de Beethoven no tenían idea qué le aquejaba ni cómo ayudarlo, pero sus intentos sí están documentados. Baños termales, aceite de almendra en los oídos, ungüentos volátiles, compresas con carne de vacuno y rábano molido en los antebrazos y cuánta poción más no inventaron para lograr de alguna forma frenar sus acúfenos y recuperar su audición. Trás haber pasado toda la primavera y el verano de 1802 en Heiligenstadt con la esperanza que este retiro campestre pudiera sanarlo, a Octubre de aquel año su ilusión de tal recuperación se trizó en mi pedazos como un cristal que impacta contra el pavimento. Y comienza la cabeza a darle vueltas a ese panorama espeluznante. ¿Cómo siquiera continuar como músico? ¿Qué tipo de músico podría ser sin poder escuchar? ¿Confesarle o no su enfermedad a sus mecenas? ¿Y si lo abandonan, llevándose así su sustento? ¿En qué tipo de persona arisca, ermitaña y desconfiada se iba a convertir con los años cuando el silencio ganara la batalla? El prospecto debe haberlo llevado al borde del suicidio. De hecho así lo escribe de su puño y letra en ese documento, “un poco mas y hubiera puesto fin a mi vida – solo el arte me sostuvo, ah, parecía imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir” (aquí está la traducción completa del documento al español). Para entonces Beethoven estaba pronto a cumplir 32 años, apesar que en el documento menciona que es “...forzado ya a mis 28 años a volverme un filósofo”. La incertidumbre de Beethoven para con su propia edad es harina de otro costal que quizás en otra ocasión abordaré. Más allá de su edad cronológica entonces, haber enfrentado este destino amargo y haberse sacado él mismo de las cenizas para reinventarse y continuar habla de una fortaleza interior envidiable pero al mismo tiempo de una ambición y necesidad tremenda de dejar la depresión atrás y seguir luchando.

Al caminar por Heiligenstadt no es difícil comprender porqué Beethoven volvió tantos veranos más a refugiarse en alguna residencia campestre. Todavía esta esquina de Viena conserva ese encanto de vivir en contacto con la naturaleza, sobre todo en la parte superior de su suave colina que está casi completamente cubierta de viñedos.




Como en otros distritos donde Beethoven vivió en sus casi 35 años en Viena, en Heiligenstadt se pueden encontrar plazas, calles, hostales y paseos que llevan su nombre como una suerte de homenaje a quien fuera otrora un ilustre residente.







Hoy el contraste entre la parte baja y alta de Heiligenstadt es uno de los más grandes que he visto en Viena. Cerca de la estación de trenes, tranvías y buses se respira un aire a suburbio y sus construcciones casi todas identicas, da la impresión de haberse equivocado de distrito. ¿No era este el oasis campestre de Beethoven? Hay que caminar avenida arriba y de a poco los edificios residenciales hechos en bloque desaparecen para dar paso a idílicas casitas tipo bungalow y entre más cerca se está de la cima, más ostentosas y lujosas se vuelven estas residencias. En algún lugar de este barrio residencial hay cabida para las callejuelas de adoquines que llevan ahí siglos aguantando el paso de transeuntes y vehículos.

Entre ellas se encuentra el departamento que supuestamente Beethoven habitó en 1802, hoy convertido en un museo. Hay que agachar la cabeza para pasar por el umbral que separa las dos habitaciones del pequeño departamento, y con 1,80 metro de altura, ya se puede tocar el techo con la cabeza. No resulta difícil imaginar a Beethoven, quien dicen no sobrepasaba el 1,65 metro de estatura, viviendo en esta morada, y verlo viviendo allí, quizás sentado en un rincón frente a su escritorio, con pluma en mano y una botella de vino por ahí, sorbeteando las lágrimas mientras escribía esas líneas a la luz del candelabro. ¿Quién no se ha desahogado así también en un diario de vida? Los bosques y viñedos de Heiligenstadt deben haberle ofrecido refugio y consuelo.

Vista panorámica de Viena desde los viñedos de Heiligenstadt.

Desde Heiligenstadt se puede tomar el metro/tranvía U4 hasta Schwedenplatz en el centro y de ahí cambiar a la línea U1 hasta Leopoldstadt, el distrito número 2 en Viena. Allí se encuentra el palacio barroco Augarten, en pie desde 1712, donde en Mayo de 1803 se estrenó una de las sonatas más trasgesoras y soberbias de Beethoven. Hoy sus inmediaciones forman un parque de 52,2 hectáreas que contiene todo tipo de recreaciones para los vecinos y visitantes como una piscina pública y un área especialmente para pasear a los perros. El palacio es hogar también de Los Niños Cantores de Viena, uno de los coros de niños más famosos del mundo y uno de los más antiguos, fundado en 1498. El palacio es hoy también un museo de porcelana pero a principios del siglo XIX solía ser sede de conciertos.


"En este edificio se llevaron a cabo desde 1782 los conciertos de Augarten. La memoria se mantiene a través de las presencias de: Mozart, 26 de Mayo de 1782 Sinfonía KV 338, concierto para dos pianos KV 365; Beethoven, 24 de Mayo de 1803, Sonata "Kreutzer" Op. 47 (premier); Schubert, 1 de Mayo de 1824, Die Nachtigall cuarteto de voces D 724."

Lamentablemente no se conocen muchos detalles de ese concierto estreno de la Sonata para violin y piano "Kreutzer" el 24 de Mayo de 1803. Sí se sabe quién fue el virtuoso de las cuerdas que acompañó a Beethoven en esa oportunidad sobre el escenario: el excéntrico violinista inglés George Pollgreen Bridgetower, o como Beethoven lo llamaba en cartas (debido a su desconocimiento del idioma inglés) "Brischdower". Se desconoce a ciencia cierta la procedencia del violinista, pero se especula que su padre pudo haber sido un señor poderoso procedente de África o India y que su madre fue de nacionalidad Polaca o Alemana. El mulato tenía 24 años a Mayo de 1803 y llegó a Viena bajo el mecenazgo del príncipe de Gales. Su estilo pasional y energético pronto ganó la admiración de la alta alcurnia vienésa hambrienta de nuevos talentos. Se dice que el mecenas de Beethoven, el príncipe Karl von Lichnowsky, los presentó a fines de Abril de este año. Pronto andaban ambos en tavernas y cafés y Beethoven lo presentó a todos sus amigos aristócratas. La sonata la escribió en cosa de unos pocos días y en la misma mañana del día del concierto, Beethoven recién había terminado la parte para violin y se la entregó así, de su puño y letra inentendible, al pobre Bridgetower. El inglés no quedó menor al desafío y ese día tocó la pieza leyendo directo del borrador manuscrito de Beethoven que estaba en el atríl del fortepiano, ¡y Bridgetower parado detrás viendo la partitura por encima del hombro de Beethoven!  Tan impecable y soberbia fue la interpretación del violinista, que en el segundo movimiento, luego de un pasaje más que truculento de tocar, Beethoven cesó de tocar, se puso de pie para ir a abrazarlo y exclamó "¡Otra vez, mi querido amigo!" Tan grande fue la impresión que Bridgetower dejó en Beethoven, que éste le regaló su diapasón, el que ahora se encuentra en la Bibioteca Británica.

George Polgreen Bridgetower

La sonata debería haber llevado su nombre y no el del violinista francés Rodolphe Kreutzer. Se rumorea que este cambio repentino en la dedicación se debe a una riña entre ambos. Al parecer Bridgetower habría hecho un comentario desafortunado sobre una señorita, cuya identidad se desconoce, que habría ofendido a Beethoven tanto, al punto de arrepentirse de dedicarle la sonata. Cuando Kreutzer se enteró de la dedicación de Beethoven y vio la partitura, la declaró intocable y sentenció que Beethoven no tenía idea cómo componer para violin.

***




En la próxima entrega seguiré la pista de Beethoven por el palacio del príncipe Lobkowitz, hoy el Theatermuseum, donde se ensayó la tercera sinfonía. También por la Casa Pasqualati en el primer distrito y el Theater an der Wien en el sexto distrito Mariahilf, donde vivió durante 1803.



jueves, 10 de agosto de 2017

Embarazada de un Libro

Estoy embarazada de un libro y como tal, le cuento sobre ello a todo quien me quiera escuchar. La gente pregunta que cómo estoy y les digo "estoy embarazada de un libro" y antes que pueda considerar seguir, el monstruo se sale de mi boca por sí mismo y hablo de tipos de narrador, arcos de personajes, construcción de mundos, estructura de la historia... Veo los colores abandonar la cara de mi pobre interlocutor que de seguro piensa "¡Oh no! ¿Por qué a mí? Mi único día libre en toda la semana".  Si una embarazada viniera a mí con todos los detalles de sus vómitos, mareos, antojos y cambios de ánimo, estoy segura que yo reaccionaría igual. La diferencia es que, ella sabe cuánto tiempo durará su estado mutante gestador de vida: nueve meses. Si ese fuera el caso, mi librito ya andaría caminando por ahí, pero no, todavía se revuelca en el líquido amniótico de mis cavilaciones y me da patadas en el medio de la noche. Mareos y dolores de cabeza a veces también.



Deseo empaparme de experiencias de otros que ya han dado a luz sus libros. Cómo los gestaron, cómo fue el parto, cómo los crian y muestran a la sociedad, pero temo molestar. Leo sobre sus procesos de gestación, algunos más lógicos que otros, y espero que sus experiencias hagan mi embarazo menos problematico y más llevadero. No pregunten cuándo daré a luz, ¡No tengo idea!  Muy de a poquito puedo comenzar a distinguir la cara de mi libro, de a poco se forman sus extremidades pero sé que no está listo todavía para dejar la seguridad de mi cabeza para enfrentar el mundo exterior. ¿Cómo podré siquiera mostrarlo a los demás? ¿Y si me lo ofenden, critican? ¿Y si lo encuentran feo, malcriado?  Le harán daño y de paso, a mí también. Sé que será la tarea más difícil de este proceso: desprenderme de mi libro y dejarlo suelto en el mundo. Yo que le dí la vida y lo gesté, tendré que dejarlo caminar por sí solo y abocarme a tratar de darle un hermanito.

Como todo embarazo, me está empezando a afectar la salud. Tengo la espalda y los hombros hecho añicos y he subido de peso. Monopoliza todo mi tiempo, dejando de lado todo lo demás (las telarañas de este blog son prueba de ello). Me dicen que haga otras cosas para relajar la mente, para ejercitar el cuerpo y que por sí solo, mi libro encontrará la manera de crecer y desarrollarse. A veces eso funciona, pero otras me parece que, si yo no estoy ahí mismo revisando su crecimiento, él no se molestará en evolucionar.

Tal parece que siempre tuve en mí las condiciones para concebir un libro, pero hasta hace unos dos años atrás, había evitado quedarme embarazada. Quién sabe cuántas semillas de libro dejé pasar gracias al anticonceptivo natural que es el miedo y la misma realidad. Ahora lo he conseguido, mi libro primogénito crece sano dentro de mí... ¡Si tan sólo supiera cuánto más queda para dar a luz! Ya me empieza a pesar la cabeza y a doler el cuello. Como bien adivinan, les seguiré dando la lata con el embarazo. Queda para rato.


martes, 4 de julio de 2017

De Violencia Intrafamiliar y Música.

Los hay quienes dicen que la vida privada de un artista tiene poco que ver con cómo su arte debe ser percibido.  Me recuerdo debatir sobre esto mismo con una amiga por horas. Ella me preguntaba porqué yo insistía en saber sobre la biografía de mis artistas favoritos, siendo que debe ser su arte el que hable por sí solo. Yo debatía que el arte es una expresión íntima de tu ser, y por lo tanto siempre refleja lo que está muy escondido allí dentro, desde meros gustos, hasta principios, valores e ideales.  Al final del día, si pensamos en los artistas de las últimas decadas a los que más respetamos y admiramos, veremos que muchos de ellos fueron un libro abierto para con su público.  No puedes separar quién eres como persona y quién eres como artista.  Siempre convergerán.

Y aparece un caso de violencia intrafamiliar en el panorama.  Me gusta la canción "Corazón de Sandía" de Los Tetas porque me recuerda de octavo básico en Viña del Mar, Chile.  Tenía trece años y fue entonces que esa canción sonaba sin parar en las radios.  No me gusta el hip-hop y las canciones de este género a las que les tengo cariño es solo porque me recuerdan de momentos específicos de mi vida.  Placeres culpables si se quiere.  Pues ahora no me puede gustar más.  Está arruinada para mi como también toda la discografía de Los Tetas.  Quien hasta ayer fuera su hombre frontal, "Tea Time" o Camilo Castaldi, resultó ser un drogadicto y agresor de mujeres.  Eso denuncia su ex pareja junto a fuertes fotografías que muestran horrendas marcas de golpes en su cara y cuerpo.  Debí pensar en la película que narra la historia de vida de Tina Turner.  También se me vino a la cabeza las noticias que durante los últimos años han salido en los tabloides sobre Rhianna y su pareja Chris Brown.  Si escarbamos más en el malogrado "showbiz" encontraremos más casos de violencia tapados de glamour y apariencias.  Y vuelve la pregunta, ¿Podemos realmente separar a la persona de su expresión artistica? ¿Cómo escuchamos ahora "Corazón de Sandía" sabiendo que en su letra quizás nos estaba diciendo una confesión?

Descubrir la cruel verdad bajo mantos de normalidad es crucial para desenmascarar este tipo de violencia, precisamente porque es intrafamiliar y porque sucede en la intimidad del hogar, cuando nadie mira, cuando la víctima es tomada por sorpresa y la mayoría de las veces, no tiene una ventana de oportunidad para grabar la prueba fehaciente de la agresión. Para algunas personas pareciera ser que es ese tipo de pruebas las que requieren para darle un voto de confianza a la víctima.  Un video de celular grabando en ese mismo instante cómo el tipo la muele a patadas en el suelo, cómo le suelta la mandíbula de un combo, cómo le rompe la nariz, le ensangrienta un ojo. Lo que ha hecho Valentina Henríquez, la ex pareja de Castaldi, es un acto de valentía aquí y en la quebrada del ají. Siquiera pensar en poner un pie en la corte cuando deba enfrentarse a su agresor y tener que verle la cara mientras él y su abogado expongan su versión del asunto, será un trauma igual de fuerte que los golpes que ha aguantado durante la relación.  Son golpes a la dignidad, al alma.  Saber que tienes la razón y así y todo tener que demostrarlo, pues pocos parecen creer en el doloroso testimonio de una víctima de agresión física.  Claro que la justicia tiene que hacer su parte, claro que hay que esperar el resultado de la investigación.  Decir esas cosas para justificar la reticencia con la que recibimos su testimonio es hablar obviedades de un proceso judicial.  La única mujer que conozco capaz de infligirse tales heridas a sí misma por un severo trastorno siquiátrico es la protagonista de "Gone Girl".  Nadie en la vida real y en su sano juicio se haría algo así como lo que el acusado quiere hacernos creer.  ¿Quién tiene el valor de ensangrientarse un ojo a sí mismo por el puro placer y luego culpar a otro?  La loca de Gone Girl.  No una víctima de violencia intrafamiliar.

Pienso en la música de John Lennon y en lo dolorosamente honesta que sus canciones terminaron siendo hacia el final de su corta carrera solista.  Nos contaba sobre su vida con Yoko, se comprometió con la paz en tiempos de guerra y utilizó su música para llegar al corazón de las personas.  Algo parecido me pasa con Morrissey.  Sus letras son un relato de sus propias vivencias.  No necesito saber nombres ni apellidos, pero las vivencias están ahí en sus canciones. Un libro abierto.  La música es un canal de expresión que llega hasta lo más profundo de nosotros.  Como decía el David Bowie del siglo XIX, Beethoven, "la música es de corazón a corazón".  Su obra es otro libro musical abierto.   Quizás quienes obtienen placer al herir a otros también dejan escritas sus "hazañas", pues se enorgullesen de ello.  Con tremenda pena ya no puedo escuchar los clásicos de Los Tetas que me traen recuerdos de la infancia y adolescencia.  Están arruinados para mi.  No, no puedo separar a la persona del artista, son un solo ser.  Pues el arte se apodera de ti y uno es sino una vasija que se llena de él.  Y uno imbuye la expresión artística con toda la luz (u oscuridad) que se encuentra en nuestro interior.

lunes, 5 de junio de 2017

El Laberinto (Cuento)




Han pasado tres años. No hay salida.
Hoy lo intenté nuevamente.  Salí de mi casa con esfuerzo, mis patas se entierran siempre en la gruesa capa de viruta con cada paso que doy.  Por fin pude alcanzar la rampa, una superficie sólida. Escalé oliendo mi propia orina seca por el camino. Si, este era el camino. Alcanzé el primer túnel. Ya lo he recorrido otras veces pero quizás hoy fuera distinto.  Es rojo y a través de sus paredes transparentes todo afuera se ve del color de la pesadilla mientras lo escalo. Alcanzé la boca de salida y caí en más viruta que se pegaron a mis bigotes. Me sacudí pero entre más me movía, más me hundía.  Fue razón suficiente para llamar la atención de la humana. Soltó el pestillo de metal de mi puerta y fue a por mi.  Una mano gigante y abierta entró cuán culebra por mi casa y me buscó con ansias.  Me quedé enterrado en la viruta y no salí.  Debo admitir que me gusta cuando me pone dentro del bolsillo de su sudadera, pero odio cuando acerca un solo dedo hacia mi y como una biga de madera se avalanza sobre mi y amenaza en aplastar mi pequeña estructura osea.  Se rindió y removió su mano, cerró la puerta y volvió a sus quehaceres.  Salí de mi escondite cubierto de viruta, mis pelusas largas que tengo como pelaje agarran hasta la más mínima fibra.  La humana sólo se rie de verme caminar hecho una viruta con patas. Es humillante.
Me dirigí al segundo túnel con prisa.  Pasé por los barrotes horizontales a mi derecha y no lo pude evitar. Tuve que escalar. Escalé hasta el techo y mordí mi camino por mi libertad. Fallé.  Mordí más barrotes y me sujeté fuerte con manos y patas para no caer directo a un mar de virutas en el abismo de mi casa. Con esfuerzo llegué hasta la boca del túnel azul.  Me solté de los barrotes y me balanceé hasta entrar en él.  Fue un craso error.  Este es el tunel que sólo debo escalar y no descender.  Resbalé con mi panza peluda hasta el primer piso y desemboqué en el mar de viruta.  Rodé una vez y debí sacudirme, esta vez fuerte y decisivo si quería tener éxito el día de hoy.
Pensé que quizás la escalita de troncos que lleva a la casa de coco podría haberme llevado a mi liberación y fue entonces que la escalé.  Las sogas a ambos lados de los tronquitos se columpiaron tanto con mi escaso peso que casi volví a caer de lleno sobre la viruta, pero apuré mis patas y manos y alcanzé la entrada de la casa de coco.  Es mi rincón predilecto de este laberinto.  Caí sobre la almohada de tela de polar y ya que estaba allí, decidí equilibrarme en mis patas traseras y limpiarme la cara con mis manos. Por suerte la humana no me vio, pues cada vez que hago esto no puede evitar venir a agarrarme y torturarme con cosquillas en mi panza.  Quería seguir con mi agenda del día pero el estómago me dolía.  Bajé de la casa de coco y fuí a buscar algo de comida.  La humana había dejado unos cortes frescos de zanahorias y manzanas así que les hinqué mis paletas incisivas y mastiqué por segundos. Minutos. No sé. Bebí agua de la botella contigua y luego de un momento mi hambre se había saciado.  Hora de continuar.
Mi meta era explorar el túnel nuevo. O más bien era un pasadizo nuevo. Quizás el que llevaría hacía la salida del laberinto.  Era de color amarillo y no era transparente como los otros.  Para llegar a él debí escalar por los barrotes hasta la hamaca y subirme a ella.  Fue un tanto complicado.  Complicado abandonarla una vez estando ahí.  Tenía la panza llena y mis pies se sintieron calientitos al contacto con la tela de polar.  Antes que me diera cuenta me había vencido el sueño.
No sé a qué hora desperté pero la luz del día todavía brillaba por las ventanas.  Allá afuera estaba la libertad.  Me puse de pie y quise alcanzar el túnel amarillo. Me paré en mis patas traseras y elevé mi nariz al cielo.  Olía raro.  Olía a nuevo.  Lo resolví soltando mis esfínteres y ya comenzaba a oler como mi hogar.  No.  Este no lo era, era mi prisión, un laberinto que llevo tres años tratando de escapar.  Entré en el túnel amarillo y comenzé a recorrerlo. No sé cuánto caminé pero al momento que quise volver, volteé y no pude ver la entrada, miré al frente y tampoco ví la salida.  Ya estoy metido en esto, pensé y seguí avanzando.  Quizás era una trampa, otra ocurrencia de la humana.  No le bastaba con de tanto en tanto encerrarme en una bola de plástico transparente y dejarme suelto por el piso de la casa.  Qué ironía.  Eran los únicos momentos en los que era libre y sin embargo, llevaba mi prisión conmigo.
Por fin pude ver algo de luz al otro lado del túnel. Apuré mis patas.  Ya comenzaban a dolerme, el material era distinto a los otros túneles del laberinto. Ví la cara de la humana, sonreía de oreja a oreja, puso sus manos en la boca del túnel.  Ese era el fin, salí de la prisión para ir a parar a sus manos.  Me llenó de besos y removió algunas virutas que todavía tenía pegadas a mi pelaje.  Me habló como si fuera un vil bebé y me metió dentro del bolsillo de su chaleca.  Estaba calentito ahí dentro y yo, extenuado.  Qué diablos, pensé y me venció el sueño de nuevo.


¿Y? ¿Lo descubrió ya?
¡Si! Lo tengo aquí en mi bolsillo.  Está durmiendo el pobre.  Ha estado toda la mañana encaramándose por las paredes de la jaula.  Esta aburrido creo.  Adoptémosle un amiguito.

sábado, 20 de mayo de 2017

¿Qué podemos aprender de las telenovelas para escribir ficción?

Latinoamérica es la tierra por excelencia de las telenovelas.  Desde la masiva industria mexicana que exporta y dobla sus producciones a cada rincón del planeta, pasando por las memorables telenovelas brasileñas dobladas al español latino que nos cuentan de su historia e idiosincrasia, hasta las industrias de este género más locales como la venezolana, argentina y chilena.  Para algunos son placeres culpables, para otros, una mera diversión.  Si has nacido y te has criado en Iberoamérica, por lo menos has visto un par de telenovelas en tu vida (hasta España han llegado muchas de las producciones latinas).  Su palabra lo dice: Una novela televisada.  Enganchan al público por meses con muchas tramas desarrollándose al unísono, personajes atractivos, conflictos que nos mantienen al borde del asiento por más de cien capítulos, en muchos de los casos.  ¿Cómo lo hacen?  ¿Qué lecciones podemos sacar de su estructura de la historia, arcos de personajes, desarrollo de conflicto?

Nos sentabamos a la mesa a eso de las dos de la tarde a almorzar.  Yo llegaba del colegio y corría a mi habitación a cambiarme el uniforme por mi ropa de estar en casa, ropa de trajín como le llamamos en Chile.  La telenovela que nos acompañaba a esa hora era alguna brasileña doblada al español.  Luego del almuerzo, mi madre lavaba los platos y se sentaba a su máquina de coser toda la tarde.  La acompañaba alguna que otra telenovela mexicana.  A eso de las siete de la tarde nos sentabamos a tomar once o la hora del té, a seguir la trama de la teleserie de producción local actual.  Luego venían las noticias y después la hora prime chilena con algún que otro programa de conversación u otras decadencias televisivas.  No sé, para entonces a mi ya me habían mandado a la cama.

En los noventas y durante los primeros años de los dos mil, éste era el panorama de muchas familias chilenas.  No me es difícil imaginar que rutinas parecidas se podrían haber repetido a lo largo y ancho de la región latinoamericana.  En el colegio nos daban una lista de libros para la lectura y análisis, algunos se sentían más obligatorios que otros.  Mientras, seguíamos religiosamente las tramas de dos o tres telenovelas simultáneamente.  ¿Habría todo ese público leído esas historias desde un formato de libro impreso si no hubieran sido grabadas para el formato de la televisión?  Los tiempos han cambiado (¡Qué cosa más cliché de decir!) y la gente sigue tantas telenovelas como series en Nexflix o en sitios de internet de dudosas procedencias.  Algo tienen que nos enganchan.  Pienso en las muchas que seguí durante la época escolar y suspiro casi con nostalgia.  Las había con tintes históricos, otras meramente romanticonas, otras, sobre las diferencias entre las clases sociales.  Algunas que mezclaban todos estos aspectos y más dentro de la compleja trama.  Incluso más que la trama de muchas de estas telenovelas, son los personajes los que atraen al público hasta el punto de llegar a declararles su amor u odio eterno.  Hasta el punto de llegar a gritarle cosas (amorosas, indecentes, ofensivas) a los actores que los interpretan cuando éstos se encuentran en la vía pública.

Sea que te atraiga o no este género, hayas visto telenovelas en tu vida o no, podemos decir por lo bajo, que los guionistas y creativos detrás de las producciones más exitosas de los últimos veintitantos años sabían lo que hacían para mantener la atención de la audiencia por meses.  Traigo tres ejemplos de lo que podemos aprender de las telenovelas cuando escribimos ficción.  El manejo de la fuente de conflicto, las fuerzas antagónicas, el desarrollo de los personajes y sus arcos y la trama misma.

* ¡Se vienen spoilers!  Están avisados 😉


Machos  (Chile 2003)


Se trataba de la familia Mercader.  El padre, don Ángel, su esposa Valentina y sus siete hijos hombres. Sus hijos machos, cuyos nombres comenzaban todos con la letra "A".  Se basaba en casi su totalidad en la ciudad costera de Viña del Mar en Chile.  Los miembros de la machista familia Mercader se relacionaban también otras familias de la ciudad, entre amoríos, relaciones de negocios, de amistad, compañeros de universidad y de trabajo.  El universo de los personajes es bien amplio al igual que las muchas subtramas de la telenovela.  No contaré toda la historia aquí, sino que me concentraré en una de las más grandes causas del conflicto que empuja los dominós, y ese no es otro que el patriarca de la familia, don Ángel Mercader.

El típico padre severo, con una seguidilla de reglas familiares impuestas por él mismo, machista y controlador con las vidas de todos sus hijos.  Don Ángel pasa tiempo considerable en su oficina que es el lugar donde tiene sus conversaciones de hombre a hombre con sus hijos y donde también mantiene conversaciones con el retratato de su padre.  Es a través de estos "diálogos" que aprendemos que don Ángel fue criado por la mano dura de su padre de la misma manera que él cria a sus hijos.  Es un hombre que se ha hecho a sí mismo, que ha hecho todo lo posible para llegar a donde está, un médico consagrado de buen pasar económico.  Ha mantenido una amante por decadas, como un buen Mercader, y ha llevado a todos sus hijos al rito de iniciación sexual a su burdel predilecto en la vecina ciudad puerto de Valparaíso, evento que creó un trauma sexual a su hijo Adán. Por otro lado, la historia comienza cuando su hijo Ariel regresa a Chile luego de años viviendo en España.  Su padre lo había echado por haber descubierto entonces su homosexualidad.  A su llegada, don Ángel lo pone en contra de sus hermanos. Por otro lado, celebra el comportamiento machista y sexista de su hijo Alex, el mujeriego de la familia y el terror de las mujeres. Se mete incluso en la crianza de su nieto y dicta ordenes al padre del niño, su hijo Armando, para que controle a su mujer, quien a su parecer es la peor madre por decidir reincorporarse al mundo laboral luego que su esposo queda cesante.  Un ser despreciable a ratos, insoportablemente tradicionalista, ¿Ya mencioné machista?  Pues bien, no podemos odiarlo.  Llegamos a conocerlo hasta saber que todo lo que hace no es más que el resultado de las enseñanzas que su propio padre le dió.  No es un villano, es un hombre inseguro, que se aferra demasiado a sus reglas y mundo.  Al final de cuentas, la trama deja los propios pecados de don Ángel caer por su propio peso.  Son tantos los errores del pasado, cometidos por su misma visión de las cosas, que uno tras otro le cobran la palabra y salen a relucir en el presente.  Aparece una hija suya ilegítima, su hijo Adán es un hombre destrozado por su trauma sexual hasta arruinar su matrimonio con la mujer que ama, el mujeriego de la familia, celebrado por su padre, rompe una pareja, su hijo mayor se enamora de la amante de su padre llevando consigo el secreto más grande de don Ángel hasta los oídos de la santa madre de los Mercader.  Todo se va a la cresta.  Queda solo por su propia mano.

El arco de este personaje es literalmente épico.  A sus años, bordeando los setenta más o menos, las lecciones que don Ángel aprende a lo largo de los años son tan difíciles de digerir y causan tanto daño a los suyos que lo dejan reducido a un anciano que da pena.  Las andanzas de don Ángel son el caldo del conflicto en esta historia.  Lo ves mentir tantas veces, urdir tantos planes para tirar de los hilos que manejan las vidas de los suyos, que ya llegas casi a perder la cuenta de todos sus pecados.  Un solo personaje que crea un daño masivo gracias a una imagen paterna demasiado dominante, incluso a decadas de haber fallecido.  La tarea y desafío último de don Ángel es darse cuenta que debe romper con el modelo de enseñanza de su padre ya que, por seguirlo, ha destruído a toda su familia.


El Rey del Ganado (Brasil 1996)




Una de las novelas con más arrastre en Latino e Iberoamérica, doblada al español y exportada a una veintena de países.  La trama trata del conflicto entre dos familias italianas en el Brasil de los años de fin de la segunda guerra mundial. El conflicto entre los Berdinazi y Mezenga comienza por una cerca de dividía sus terrenos y termina en una rivalidad de familias aún más acrescentada cuando dos de sus hijos deciden enamorarse y traer al mundo a una criatura con la sangre de ambas familias.  El rey del ganado, Bruno Berdinazzi Mezenga.

Los niveles de trama en esta historia son variados y no les mentiré, hace años que ví la última repetición de esta telenovela.  Por lo que me concentraré en una de las subtramas de la historia, pero que sin prejuicio de ello está magistralmente ligada a la historia principal.  La del senador Roberto Caxias, el único representante de los llamados sin tierra, un grupo de campesinos nómades que ocupan hectáreas de terratenientes de las industrias ganadera y granjera.  Grandes intereses empresariales están en juego para eliminar a estos okupas rurales, sin embargo el senador Caxias es su única voz en el congreso y por ello, no solo no se ha ganado el favor de los empresarios, pues su voto no está en venta, sino que también se ha ganado el desprecio de su esposa, quien lo culpa de no querer lo mejor para su familia y de tenerla a ella y a la única hija del matrimonio, la joven Liliana, viviendo en un departamento de mala muerte para el gusto de la señora del senador.  El senador lidea con la apatía de su esposa bajándole el perfil y evitándola. Es un hombre de principios, un político honesto como no los hay en la vida real y por su causa, los sin tierra, sacrifica su vida familiar.

En los sin tierra que el senador defiende, se encuentra a su vez el nexo entre los Berdinazi y Mezenga.  Conocida entre ellos como Luana, en realidad es la sobrina perdida y única heredera de don Geremias  Berdinazzi, Marietta.  Su familia muere en un accidente y ella es acogida por los sin tierra, por lo que Marietta, Luana para sus compañeros, no conoce su verdadero origen ya que sufre de amnesia debido al accidente.  Es ella quien termina uniendo a ambas familias al ganarse el corazón del rey del ganado, Bruno B. Mezenga y sellar ese amor con un hijo.

Para los días de congreso, el senador arrienda un pequeño departamento en Brasilia donde se queda cuando le toca sesión en el senado.  Allí contrata a una asistenta para que le ayude.  La chica se enamora de él.  No, el señor senador no es un Adonis, es un hombre entrado en sus cincuentas, quizás sesentas, venido a menos, siempre con un semblante de preocupación en la mirada, ojeroso, se viste mal y solo vive para su trabajo.  Pero es un hombre de principios, uno como no los hay, o como es casi imposible encontrar.  Tanto así que, a sabiendas que su asistenta, una joven que podría ser su hija, felizmente se entregaría a él, el senador Caxias no hace nada al respecto.  Su voto no está a la venta y no, tampoco se aprovechará de la joven, incluso estando a cientos de kilómetros de su esposa.

Esta dinámica en esta historia representa para mi una manera inteligente de dejar entrever una realidad.  Claro que la chica asistenta no está enamorada del senador, sino que ella lo interpreta así.  Lo que siente es una admiración tremenda por su jefe, acrescentada más aún cuando lo ve sacrificarse, hasta el punto de vivir en condiciones paupérrimas para un senador de la nación, en pos de sus defendidos.  El senador trata de conseguirles tierras de manera legal para que ellos se puedan establecer definitivamente en algún lugar, para que puedan ser dueños sin pedir migajas, apela a la causa humanitaria en pos de los sin tierra.  Empatiza con ellos, con su lucha digna, son familias con niños pequeños y trabajadores esforzados y no delincuentes, y sin embargo son tratados como tales.  En una sociedad tan falta de líderes y héroes, apenas conocemos a uno y estamos tan cerca de su causa como la joven del senador, es imposible no querer sentirse protegida bajo su halo, ya que un hombre así, de ganar su amor, haría lo imposible por ti.  Es una visión romántica de una cruel realidad. La de la política sucia y la de los negocios corruptos, la que al final lo termina matando.

A través de un solo personaje como el senador Caxias, podemos mostrar una falencia en la sociedad, podemos personificar en él la lucha de tantos, convertirlo en un héroe anónimo, una persona que se sacrfica por un bien mayor.  Una utopía.

Las Vega's (Chile 2013) y Las Bravo (México 2014)







No estoy seleccionando esta telenovela por los vedettos o strippers.  Ni por la excusa de ver strippers haciendo lo que hacen sobre el escenario, sacarse la ropa, bailar en el caño.  Policías, bomberos (chicos buenos), capitanes de la marina, piratas.  El Club Las Vega's termina convirtiéndose en un antro de la belleza masculina luego que su dueña, doña Verónica Díaz, lo heredara de manera más que trágica de su recientemente asesinado esposo, Carlos Vega.  Don Carlos no tenía a hombres desnudándose en su club eso sí, todo lo contrario, eran strippers mujeres las que hacían lo suyo en este local nocturno.  De este negocio, ni de los muchos más turbios que don Carlos tenía, su viuda y tres hijas nunca tuvieron la menor idea.  El caballero es perseguido por la carretera a toda velocidad por unos criminales a los que les debía dinero hasta que su camioneta vuelca y explota por el impacto.  Es en el funeral que la viuda y sus hijas ven por primera vez al séquito de particulares trabajadoras que don Carlos mantenía. 

Don Carlos Vega fallece y con eso deja una millonaria deuda detrás suyo, para la cual había dejado las casas familiares como aval.  El ejecutivo del banco, Vicente, les cuenta a las Vegas de la propiedad registrada como cabaret bajo el nombre del finado.  La familia se dirige a la dirección dada y ven por primera vez la punta del iceberg de la doble vida de don Carlos.  Por mera necesidad las Vegas deciden darle un vuelco a sus vidas, para salvas sus casas y para pagar la deuda.  Reabren el sucucho como local para despedidas de solteras.  Las strippers mujeres son despedidas y en cambio, comienza el recrutamiento de talento musculoso y con mucha testosterona.  

El que urde los males en esta historia es un supuesto amigo de antaño de don Carlos, el abogado Alvaro Sandoval, quien aparece cuán buitre en el mismo funeral de su fallecido amigo a consolar a la viuda.  Un abogado de temer, conoce la ley al revés y al derecho y no duda en usarla para su beneficio.  De a poco el hábil abogado se logra colar en la familia Vega y engatuzar a la ingenua Verónica.  Por otro lado, don Carlos deja a una especie de ángel guardían a cargo de su familia en caso de pasarle algo. Hombre previsor.  Mauricio era el hombre de confianza del dueño del stripclub y se presenta ahora como barman para el remodelado club Las Vega's.  Se convierte en la sombra de Verónica enamorándose de ella hasta perder la cabeza, en el objeto de deseo de la hija menor de los Vegas, Camila, y en la pesadilla más grande para Alvaro.

Esta telenovela fue exportada a México y reciéntemente a Colombia.  Esto nos permite ver cómo una misma historia puede ser contada de distintas formas.  No he tenido la posibilidad de ver la versión colombiana más allá de un par de videos promocionales y trailers.  Por lo que pude ver, parece una versión más arraigada a la original chilena, mantiene el tono jocoso y subido de tono a ratos.  Sí pude ver hace un tiempo atrás la versión mexicana y me gustaría compararlas ya que algunas decisiones en los personajes en esta versión difieren con la original.  En Las Vega's, mucho de los eventos que producen el conflicto en la historia son generados por debilidades o errores humanos.  La carne es débil, la gente tiene falencias, traumas y trancas.  Se comenten errores y es así como matrimonios fallan o familias completas se destruyen. Al final del día, nos enamoramos de personajes de ficción por sus intentos más que por sus aciertos. En el caso de Las Bravo, los conflictos ocurren como una reacción a lo que otros hacen, casi como una defensa, en vez de cometer el error ellos mismos primero.  

Por ejemplo el caso de la relación entre Mariana y su esposo Germán y el ejecutivo del banco, Vicente, que luego se convierte en uno de los strippers.  Mariana es la hija mayor de los Vegas y lleva unos diez años casada con Germán, su ex profesor de universidad y que la lleva en unos años de diferencia en edad.  Tienen un hijo de unos ocho añitos.  Mariana es estrictamente católica, conservadora y tradicional.  Mucho ya no pasa entre ella y su esposo, un tipo simple, un tanto machista pero, al final del día, un buen hombre y padre.  Germán es el típico padre chileno (quizás también latinoamericano), que no sabe hacer cosa alguna en casa sin la presencia de su esposa.  Enternecedor a ratos en sus intentos de recuperar la magia entre ambos, en tratar de comprender a su joven esposa.  Cuando el Club Las Vega's abre al público, el conflicto entre ambos aumenta.  Germán pierde un muy buscado y esperado ascenso en su trabajo por culpa del nuevo perfíl de empresaria de la noche de su señora esposa.  Germán culpa a don Carlos, su fallecido suegro, por todas las calamidades en su vida.  Mariana no tiene vida propia, vive para su hijo y su casa.  No sale, no toma, no tiene amigas.  Vicente llega a removerle el piso.  Es todo lo contrario a ella, un tipo que a último minuto decide no casarse para luego no arrepentirse de un craso error y decide abandonar su trabajo como ejecutivo de banco, por el de stripper.  Toma como condenado, es bueno para las fiestas, desordenado, irresponsable, de poco fiar.  Y está loco por Mariana.  La química entre los dos va creciendo con cada capítulo que avanza, juegan al gato y el ratón y todos en el club huelen lo que pasa entre ellos.  Solo por esto Mariana lo desprecia a morir.  Hasta que un día Mariana se aburre de ser correcta y de aguantarse las ganas para pasar una noche de pasión con Vicente.  Las recriminaciones de Germán para con su familia, su falta de comprensión por esta situación y su comportamiento como si fuera su dueño la aburren.  Germán termina enterándose un tiempo después de la infidelidad de su esposa y es solo entonces que decide hacer lo mismo con una colega que hasta este punto ha estado coqueteándole desde el principio de la telenovela.

En la versión mexicana, Manuel (Germán) comienza muy temprano en la historia una relación extramarital con aquella colega que no le saca los ojos de encima.  Es un machista retrógado en casa, un troglodita del siglo XVIII en lo que respecta a su matrimonio con Adriana (Mariana).  Cuando ésta por fin se entera de la amante de su esposo, va a desquitarse con Gerardo (Vicente) y tienen por fin luego de meses de tensión sexual entre ambos, su noche de pasión.  

Otro cambio es el de Camila, la menor de las Vegas, y Mauricio.  La joven no sobrepasa los veinte años y claramente tiene un tema con la imagen paterna.  Le gustan mayorcitos.  No duda en tirársele a Mauricio, el barman del club y el ex hombre de confianza de su fallecido padre.  Mauricio, que la sobrepasa en años como para ser sino su padre por lo menos su hermano más que mayor, se resiste al principio para no meterse en problemas pero al final, bueno, la carne es débil y él no es de piedra (y #yolo).  Tienen sus encuentros en la pocilga donde vive Mauro mientras él se enamora más y más de la madre, Verónica. Cuando Mauro da por acabado la aventura con Camila, ésta no encuentra mejor idea que buscar similares andanzas con el padre divorciado de una amiga.  Otra vez un hombre que podría ser su padre.  La versión mexicana decidió evitar todo esto poniendo a Leonardo (Mauricio) como una imagen paterna de Fabiana (Camila).  Ella sí busca algo con el barman pero sin éxito.  La aventura con el padre de su amiga no existe en esta versión.  Como resultado de estos cambios, Leonardo (Mauricio) es siempre el protector, no sucumbe a la tentación.  Es perfecto.  Mauricio es un tipo que no tiene todas las respuestas, que comete errores y no siempre decide lo correcto pero que trata de enmendar las cosas comprometiéndose hasta el final.

Como éstos, son muchos los cambios en los personajes orginales.  Cambios que dejan a los protagonistas como víctimas o mártires para luego justificar su actuar o la falta de éste.

Ambas versiones tienen sus encantos y la versión mexicana pudo llegar a un público mucho mayor, no solo por el alcance masivo de la industria de telenovelas de ese país (que también exporta sus producciones a la gran comunidad latina en EE.UU.), sino que también la versión mexicana es más entendible. Ya he escuchado un par de veces que nuestro acento y manera de hablar chilenas es casi imposible de entender por el resto de nuestros vecinos.  Sin embargo, "Machos" fue importada a España por TVE y tal parece que los españoles aprendieron a entendernos...  Esa es harina de otro costal 😉


Pues allí los tienen.  Un ejemplo de fuerza antagónica que mueve los hilos de la historia y es su piedra angular.  Un personaje que encierra en sí las esperanzas de tantos y las falencias de la sociedad, incluso a sacrificio personal y cómo alterando levemente la trama de una historia se pueden cambiar los arcos de los personajes.

¿Y tu escritor(a), creador(a) de mundos ficticios?  ¿Qué aprendes de las series que ves?  ¿Las miras con ojos críticos o solo son un pasatiempo para distraerse del trabajo?