lunes, 21 de agosto de 2017

Viena ayer y hoy: Tras la huella de Beethoven (Primera parte)


Mapa de Viena 1809 con la muralla protectora y los bastiones y puertas originales.



Mapa de Viena en la actualidad con la posición original donde la muralla y bastiones solían hubicarse.


Viena. Nunca pensé sentirme tan como en casa a miles de kilómetros del verdadero hogar. O quizás sea la dopamina y endorfina que producen los primeros encuentros. Tengo una relación a distancia con Viena, me cuesta buena cantidad de tiempo y dinero poder vernos y cuando lo logro, trato de sacarle el jugo a los pocos días juntos. Me hago daño en los pies aplanando sus calles y regreso a casa con ampollas. Tengo dos razones que me han llevado a Viena ya dos veces: una es tratar de reconstruir la Viena de 1803, tiempo en el que en parte se basa mi novela, y la otra es que, como toda relación, quiero formalizar lo nuestro y pronto irme a vivir allá. No sé que piensa Viena de todo esto, de seguro no mucho, pues debe tener miles de admiradores secretos por todo el mundo y yo soy sólo una más.




Es impresionante caminar por el núcleo del primer distrito y pensar que muchos de los edificios que todavía están de pie, ya existían a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. La plaza de San Pedro, o en su nombre original, St. Petersplatz, tiene que ser mi rincón favorito de esta parte del centro histórico. La catedral y su diseño tan cilíndrico y compacto, emerge del suelo casi como una madre acogedora y la angosta calle que breve la abraza, crea una esquina aparte de todo el bullicio turístico y comercial de Graben y Kärntnerstraße, las Champs Élysées de Viena. Entre tanta tienda de lujo y los turistas desbordando cada recoveco, adentrarse en St. Petersplatz ofrece un oasis citadino pensado en su diseño hace siglos atrás. Desde 1799 hasta 1802 Beethoven vivió en el tercer piso de la casa 11 de esta plaza. Entonces, había una estación de policía a la derecha y una gelatería a espaldas de la catedral, hoy la rodean un par de restaurantes y bares que de noche tocan música deep-house y venden cervezas igual de ricas que esas mezclas.

St. Petersplatz a principios del siglo XIX y hoy.
St. Petersplatz con la casa 11 de fondo.



Otra esquina que concierne a Beethoven durante esos años es el distrito número 19, Döbling. En el verano de 1803, Beethoven se parapetó en una casa campestre de esta suave colina, que entonces no era nada más que un caserío, y se dio a la tarea de terminar su tercera sinfonía, de la que ya les he hablado acá. Das Eroica Haus es un pequeño museo situado en Döblinger Hauptstraße 92 que pretende mostrar cómo debe haber sido el departamento de verano del compositor ese año y cómo lucían los alrededores en aquel entonces. Por mucho tiempo se creyó que fue en esta dirección y edificio en particular que Beethoven pasó ese verano componiendo tal inmortal sinfonía, pero se trata de un malentendido.  Josef Böck-Gnadenau, quien en el siglo XIX identificara la casa de Beethoven, cometió el error de datar erróneamente la enumeración de las casas en Döbling con 1802 en vez de con el año correcto, 1804. Fue el biógrafo de Beethoven, Alexander Wheelock Thayer quien publicó ya por el año 1872 la verdadera dirección de la "Casa Eroica": Hofzeile 15, calle perpendicular a Döblinger Hauptstraße y cuyo número se encuentra a unos pocos metros del museo Eroicahaus. El mismo Beethoven escribió una carta en el verano de 1803 a su pupilo Ferdinand Ries, donde lo instruye cómo llegar donde él: "Mi residencia es en Oberdöbling número 4, la calle hacia la izquierda, donde uno desciende el cerro para ir a Heiligenstadt". Esta casa ya no existe. Sin prejuicio de ello vale la pena visitar el museo Eroicahaus, el cual sólo abre al público previa reserva de hora. Es un departamento pequeño en la planta baja de una casa de dos pisos y en sus tres habitaciones exhibe una colección de pinturas, bosquejos y dibujos del área de Oberdöbling a principios del siglo XIX, en conjunto con algunas copias de las partituras originales de tanto el bosquejo como la versión terminada de la tercera sinfonía.




Esta iglesia está en frente de Das Eroica Haus y completamente abandonada. En las pinturas de Oberdobling de principios de siglo XIX, ya se la puede ver representada.


Este café se encuentra en Döblinger Hauptstraße y está en servicio de 1768.

Entonces, alcanzar el centro de Viena, hoy el primer distrito, desde el caserío de Oberdöbling, debe haber demorado alrededor de una hora viajando en un carruaje tirado por dos caballos o como se les conoce en Viena hasta el sol de hoy, Fiaker. La carrera en Fiaker costaba 1 Florín (25 Euros) por hora, y así nos podemos hacer una idea del gasto de tiempo y dinero que significaba transportarse en y alrededor de la ciudad en aquellos años. Hoy el viaje desde el primer distrito hasta Döbling con un tranvía no demora más de diez minutos y el pasaje ciertamente no cuesta 25 euros, sino que menos de 3 euros. Hoy los Fiaker sólo dan paseos a los turistas. Siempre se les puede encontrar estacionados al costado de la catedral St. Stephan y cada vez que pasaba por el lado los últimos dos veranos, pensaba dos cosas: pobres caballos parados al sol con 35 grados Celsius, y me preguntaba si es que en 1803 los vienéses también podían ir a buscar un Fiaker para arrendar a este mismo punto, como hoy lo hacen los turistas.

Un Fiaker en servicio por la plaza Am Hof


Quizás el lugar más renombrado de Viena en directa relación con la biografía de Beethoven debe ser Heiligenstadt. Quien haya leído un poco sobre el compositor, puede que se haya topado con un documento conocido como “el testamento de Heiligenstadt”, un nombre de proporciones épicas y casi bíblicas para lo que seguramente fue un muy necesario desahogo en formato escrito. Heiligenstadt significa “Ciudad Santa” en alemán y desconozco el porqué de este nombre para esta esquina de la ciudad que hoy es parte del distrito 19 de Döbling. Antes de la tercera sinfonía y de todo ese heroísmo musical y personal de Beethoven que comienza en 1803 y se extiende hasta unos diez años más adelante, hubo un período oscuro en su vida en el que trató de asimilar la significancia personal y profesional de su entonces creciente sordera. En la primavera de 1802, su entonces doctor de cabecera, Dr. Johann Adan Schmitz, le recomendó dejar el bullicio y ajetreo de Viena y mudarse a la tranquilidad del campo, incluso le aconsejó cesar todas sus actividades. Lo que sería hoy una licencia médica por estrés. Beethoven no aguantó tantas semanas de tranquilidad pasiva campestre y pronto se puso a trabajar en su segunda sinfonía. Su doctor solía visitarlo en este departamento (de cuyo museo hoy tampoco se sabe a ciencia cierta si es que verdaderamente fue esa la residencia específica de Beethoven durante ese verano de 1802) para revisar su evolución. Las noticias no eran alentadoras. Hoy podemos decir fuerte y claro que los doctores de Beethoven no tenían idea qué le aquejaba ni cómo ayudarlo, pero sus intentos sí están documentados. Baños termales, aceite de almendra en los oídos, ungüentos volátiles, compresas con carne de vacuno y rábano molido en los antebrazos y cuánta poción más no inventaron para lograr de alguna forma frenar sus acúfenos y recuperar su audición. Trás haber pasado toda la primavera y el verano de 1802 en Heiligenstadt con la esperanza que este retiro campestre pudiera sanarlo, a Octubre de aquel año su ilusión de tal recuperación se trizó en mi pedazos como un cristal que impacta contra el pavimento. Y comienza la cabeza a darle vueltas a ese panorama espeluznante. ¿Cómo siquiera continuar como músico? ¿Qué tipo de músico podría ser sin poder escuchar? ¿Confesarle o no su enfermedad a sus mecenas? ¿Y si lo abandonan, llevándose así su sustento? ¿En qué tipo de persona arisca, ermitaña y desconfiada se iba a convertir con los años cuando el silencio ganara la batalla? El prospecto debe haberlo llevado al borde del suicidio. De hecho así lo escribe de su puño y letra en ese documento, “un poco mas y hubiera puesto fin a mi vida – solo el arte me sostuvo, ah, parecía imposible dejar el mundo hasta haber producido todo lo que yo sentía que estaba llamado a producir” (aquí está la traducción completa del documento al español). Para entonces Beethoven estaba pronto a cumplir 32 años, apesar que en el documento menciona que es “...forzado ya a mis 28 años a volverme un filósofo”. La incertidumbre de Beethoven para con su propia edad es harina de otro costal que quizás en otra ocasión abordaré. Más allá de su edad cronológica entonces, haber enfrentado este destino amargo y haberse sacado él mismo de las cenizas para reinventarse y continuar habla de una fortaleza interior envidiable pero al mismo tiempo de una ambición y necesidad tremenda de dejar la depresión atrás y seguir luchando.

Al caminar por Heiligenstadt no es difícil comprender porqué Beethoven volvió tantos veranos más a refugiarse en alguna residencia campestre. Todavía esta esquina de Viena conserva ese encanto de vivir en contacto con la naturaleza, sobre todo en la parte superior de su suave colina que está casi completamente cubierta de viñedos.




Como en otros distritos donde Beethoven vivió en sus casi 35 años en Viena, en Heiligenstadt se pueden encontrar plazas, calles, hostales y paseos que llevan su nombre como una suerte de homenaje a quien fuera otrora un ilustre residente.







Hoy el contraste entre la parte baja y alta de Heiligenstadt es uno de los más grandes que he visto en Viena. Cerca de la estación de trenes, tranvías y buses se respira un aire a suburbio y sus construcciones casi todas identicas, da la impresión de haberse equivocado de distrito. ¿No era este el oasis campestre de Beethoven? Hay que caminar avenida arriba y de a poco los edificios residenciales hechos en bloque desaparecen para dar paso a idílicas casitas tipo bungalow y entre más cerca se está de la cima, más ostentosas y lujosas se vuelven estas residencias. En algún lugar de este barrio residencial hay cabida para las callejuelas de adoquines que llevan ahí siglos aguantando el paso de transeuntes y vehículos.

Entre ellas se encuentra el departamento que supuestamente Beethoven habitó en 1802, hoy convertido en un museo. Hay que agachar la cabeza para pasar por el umbral que separa las dos habitaciones del pequeño departamento, y con 1,80 metro de altura, ya se puede tocar el techo con la cabeza. No resulta difícil imaginar a Beethoven, quien dicen no sobrepasaba el 1,65 metro de estatura, viviendo en esta morada, y verlo viviendo allí, quizás sentado en un rincón frente a su escritorio, con pluma en mano y una botella de vino por ahí, sorbeteando las lágrimas mientras escribía esas líneas a la luz del candelabro. ¿Quién no se ha desahogado así también en un diario de vida? Los bosques y viñedos de Heiligenstadt deben haberle ofrecido refugio y consuelo.

Vista panorámica de Viena desde los viñedos de Heiligenstadt.

Desde Heiligenstadt se puede tomar el metro/tranvía U4 hasta Schwedenplatz en el centro y de ahí cambiar a la línea U1 hasta Leopoldstadt, el distrito número 2 en Viena. Allí se encuentra el palacio barroco Augarten, en pie desde 1712, donde en Mayo de 1803 se estrenó una de las sonatas más trasgesoras y soberbias de Beethoven. Hoy sus inmediaciones forman un parque de 52,2 hectáreas que contiene todo tipo de recreaciones para los vecinos y visitantes como una piscina pública y un área especialmente para pasear a los perros. El palacio es hogar también de Los Niños Cantores de Viena, uno de los coros de niños más famosos del mundo y uno de los más antiguos, fundado en 1498. El palacio es hoy también un museo de porcelana pero a principios del siglo XIX solía ser sede de conciertos.


"En este edificio se llevaron a cabo desde 1782 los conciertos de Augarten. La memoria se mantiene a través de las presencias de: Mozart, 26 de Mayo de 1782 Sinfonía KV 338, concierto para dos pianos KV 365; Beethoven, 24 de Mayo de 1803, Sonata "Kreutzer" Op. 47 (premier); Schubert, 1 de Mayo de 1824, Die Nachtigall cuarteto de voces D 724."

Lamentablemente no se conocen muchos detalles de ese concierto estreno de la Sonata para violin y piano "Kreutzer" el 24 de Mayo de 1803. Sí se sabe quién fue el virtuoso de las cuerdas que acompañó a Beethoven en esa oportunidad sobre el escenario: el excéntrico violinista inglés George Pollgreen Bridgetower, o como Beethoven lo llamaba en cartas (debido a su desconocimiento del idioma inglés) "Brischdower". Se desconoce a ciencia cierta la procedencia del violinista, pero se especula que su padre pudo haber sido un señor poderoso procedente de África o India y que su madre fue de nacionalidad Polaca o Alemana. El mulato tenía 24 años a Mayo de 1803 y llegó a Viena bajo el mecenazgo del príncipe de Gales. Su estilo pasional y energético pronto ganó la admiración de la alta alcurnia vienésa hambrienta de nuevos talentos. Se dice que el mecenas de Beethoven, el príncipe Karl von Lichnowsky, los presentó a fines de Abril de este año. Pronto andaban ambos en tavernas y cafés y Beethoven lo presentó a todos sus amigos aristócratas. La sonata la escribió en cosa de unos pocos días y en la misma mañana del día del concierto, Beethoven recién había terminado la parte para violin y se la entregó así, de su puño y letra inentendible, al pobre Bridgetower. El inglés no quedó menor al desafío y ese día tocó la pieza leyendo directo del borrador manuscrito de Beethoven que estaba en el atríl del fortepiano, ¡y Bridgetower parado detrás viendo la partitura por encima del hombro de Beethoven!  Tan impecable y soberbia fue la interpretación del violinista, que en el segundo movimiento, luego de un pasaje más que truculento de tocar, Beethoven cesó de tocar, se puso de pie para ir a abrazarlo y exclamó "¡Otra vez, mi querido amigo!" Tan grande fue la impresión que Bridgetower dejó en Beethoven, que éste le regaló su diapasón, el que ahora se encuentra en la Bibioteca Británica.

George Polgreen Bridgetower

La sonata debería haber llevado su nombre y no el del violinista francés Rodolphe Kreutzer. Se rumorea que este cambio repentino en la dedicación se debe a una riña entre ambos. Al parecer Bridgetower habría hecho un comentario desafortunado sobre una señorita, cuya identidad se desconoce, que habría ofendido a Beethoven tanto, al punto de arrepentirse de dedicarle la sonata. Cuando Kreutzer se enteró de la dedicación de Beethoven y vio la partitura, la declaró intocable y sentenció que Beethoven no tenía idea cómo componer para violin.

***




En la próxima entrega seguiré la pista de Beethoven por el palacio del príncipe Lobkowitz, hoy el Theatermuseum, donde se ensayó la tercera sinfonía. También por la Casa Pasqualati en el primer distrito y el Theater an der Wien en el sexto distrito Mariahilf, donde vivió durante 1803.



jueves, 10 de agosto de 2017

Embarazada de un Libro

Estoy embarazada de un libro y como tal, le cuento sobre ello a todo quien me quiera escuchar. La gente pregunta que cómo estoy y les digo "estoy embarazada de un libro" y antes que pueda considerar seguir, el monstruo se sale de mi boca por sí mismo y hablo de tipos de narrador, arcos de personajes, construcción de mundos, estructura de la historia... Veo los colores abandonar la cara de mi pobre interlocutor que de seguro piensa "¡Oh no! ¿Por qué a mí? Mi único día libre en toda la semana".  Si una embarazada viniera a mí con todos los detalles de sus vómitos, mareos, antojos y cambios de ánimo, estoy segura que yo reaccionaría igual. La diferencia es que, ella sabe cuánto tiempo durará su estado mutante gestador de vida: nueve meses. Si ese fuera el caso, mi librito ya andaría caminando por ahí, pero no, todavía se revuelca en el líquido amniótico de mis cavilaciones y me da patadas en el medio de la noche. Mareos y dolores de cabeza a veces también.



Deseo empaparme de experiencias de otros que ya han dado a luz sus libros. Cómo los gestaron, cómo fue el parto, cómo los crian y muestran a la sociedad, pero temo molestar. Leo sobre sus procesos de gestación, algunos más lógicos que otros, y espero que sus experiencias hagan mi embarazo menos problematico y más llevadero. No pregunten cuándo daré a luz, ¡No tengo idea!  Muy de a poquito puedo comenzar a distinguir la cara de mi libro, de a poco se forman sus extremidades pero sé que no está listo todavía para dejar la seguridad de mi cabeza para enfrentar el mundo exterior. ¿Cómo podré siquiera mostrarlo a los demás? ¿Y si me lo ofenden, critican? ¿Y si lo encuentran feo, malcriado?  Le harán daño y de paso, a mí también. Sé que será la tarea más difícil de este proceso: desprenderme de mi libro y dejarlo suelto en el mundo. Yo que le dí la vida y lo gesté, tendré que dejarlo caminar por sí solo y abocarme a tratar de darle un hermanito.

Como todo embarazo, me está empezando a afectar la salud. Tengo la espalda y los hombros hecho añicos y he subido de peso. Monopoliza todo mi tiempo, dejando de lado todo lo demás (las telarañas de este blog son prueba de ello). Me dicen que haga otras cosas para relajar la mente, para ejercitar el cuerpo y que por sí solo, mi libro encontrará la manera de crecer y desarrollarse. A veces eso funciona, pero otras me parece que, si yo no estoy ahí mismo revisando su crecimiento, él no se molestará en evolucionar.

Tal parece que siempre tuve en mí las condiciones para concebir un libro, pero hasta hace unos dos años atrás, había evitado quedarme embarazada. Quién sabe cuántas semillas de libro dejé pasar gracias al anticonceptivo natural que es el miedo y la misma realidad. Ahora lo he conseguido, mi libro primogénito crece sano dentro de mí... ¡Si tan sólo supiera cuánto más queda para dar a luz! Ya me empieza a pesar la cabeza y a doler el cuello. Como bien adivinan, les seguiré dando la lata con el embarazo. Queda para rato.


martes, 4 de julio de 2017

De Violencia Intrafamiliar y Música.

Los hay quienes dicen que la vida privada de un artista tiene poco que ver con cómo su arte debe ser percibido.  Me recuerdo debatir sobre esto mismo con una amiga por horas. Ella me preguntaba porqué yo insistía en saber sobre la biografía de mis artistas favoritos, siendo que debe ser su arte el que hable por sí solo. Yo debatía que el arte es una expresión íntima de tu ser, y por lo tanto siempre refleja lo que está muy escondido allí dentro, desde meros gustos, hasta principios, valores e ideales.  Al final del día, si pensamos en los artistas de las últimas decadas a los que más respetamos y admiramos, veremos que muchos de ellos fueron un libro abierto para con su público.  No puedes separar quién eres como persona y quién eres como artista.  Siempre convergerán.

Y aparece un caso de violencia intrafamiliar en el panorama.  Me gusta la canción "Corazón de Sandía" de Los Tetas porque me recuerda de octavo básico en Viña del Mar, Chile.  Tenía trece años y fue entonces que esa canción sonaba sin parar en las radios.  No me gusta el hip-hop y las canciones de este género a las que les tengo cariño es solo porque me recuerdan de momentos específicos de mi vida.  Placeres culpables si se quiere.  Pues ahora no me puede gustar más.  Está arruinada para mi como también toda la discografía de Los Tetas.  Quien hasta ayer fuera su hombre frontal, "Tea Time" o Camilo Castaldi, resultó ser un drogadicto y agresor de mujeres.  Eso denuncia su ex pareja junto a fuertes fotografías que muestran horrendas marcas de golpes en su cara y cuerpo.  Debí pensar en la película que narra la historia de vida de Tina Turner.  También se me vino a la cabeza las noticias que durante los últimos años han salido en los tabloides sobre Rhianna y su pareja Chris Brown.  Si escarbamos más en el malogrado "showbiz" encontraremos más casos de violencia tapados de glamour y apariencias.  Y vuelve la pregunta, ¿Podemos realmente separar a la persona de su expresión artistica? ¿Cómo escuchamos ahora "Corazón de Sandía" sabiendo que en su letra quizás nos estaba diciendo una confesión?

Descubrir la cruel verdad bajo mantos de normalidad es crucial para desenmascarar este tipo de violencia, precisamente porque es intrafamiliar y porque sucede en la intimidad del hogar, cuando nadie mira, cuando la víctima es tomada por sorpresa y la mayoría de las veces, no tiene una ventana de oportunidad para grabar la prueba fehaciente de la agresión. Para algunas personas pareciera ser que es ese tipo de pruebas las que requieren para darle un voto de confianza a la víctima.  Un video de celular grabando en ese mismo instante cómo el tipo la muele a patadas en el suelo, cómo le suelta la mandíbula de un combo, cómo le rompe la nariz, le ensangrienta un ojo. Lo que ha hecho Valentina Henríquez, la ex pareja de Castaldi, es un acto de valentía aquí y en la quebrada del ají. Siquiera pensar en poner un pie en la corte cuando deba enfrentarse a su agresor y tener que verle la cara mientras él y su abogado expongan su versión del asunto, será un trauma igual de fuerte que los golpes que ha aguantado durante la relación.  Son golpes a la dignidad, al alma.  Saber que tienes la razón y así y todo tener que demostrarlo, pues pocos parecen creer en el doloroso testimonio de una víctima de agresión física.  Claro que la justicia tiene que hacer su parte, claro que hay que esperar el resultado de la investigación.  Decir esas cosas para justificar la reticencia con la que recibimos su testimonio es hablar obviedades de un proceso judicial.  La única mujer que conozco capaz de infligirse tales heridas a sí misma por un severo trastorno siquiátrico es la protagonista de "Gone Girl".  Nadie en la vida real y en su sano juicio se haría algo así como lo que el acusado quiere hacernos creer.  ¿Quién tiene el valor de ensangrientarse un ojo a sí mismo por el puro placer y luego culpar a otro?  La loca de Gone Girl.  No una víctima de violencia intrafamiliar.

Pienso en la música de John Lennon y en lo dolorosamente honesta que sus canciones terminaron siendo hacia el final de su corta carrera solista.  Nos contaba sobre su vida con Yoko, se comprometió con la paz en tiempos de guerra y utilizó su música para llegar al corazón de las personas.  Algo parecido me pasa con Morrissey.  Sus letras son un relato de sus propias vivencias.  No necesito saber nombres ni apellidos, pero las vivencias están ahí en sus canciones. Un libro abierto.  La música es un canal de expresión que llega hasta lo más profundo de nosotros.  Como decía el David Bowie del siglo XIX, Beethoven, "la música es de corazón a corazón".  Su obra es otro libro musical abierto.   Quizás quienes obtienen placer al herir a otros también dejan escritas sus "hazañas", pues se enorgullesen de ello.  Con tremenda pena ya no puedo escuchar los clásicos de Los Tetas que me traen recuerdos de la infancia y adolescencia.  Están arruinados para mi.  No, no puedo separar a la persona del artista, son un solo ser.  Pues el arte se apodera de ti y uno es sino una vasija que se llena de él.  Y uno imbuye la expresión artística con toda la luz (u oscuridad) que se encuentra en nuestro interior.

lunes, 5 de junio de 2017

El Laberinto




Han pasado tres años. No hay salida.
Hoy lo intenté nuevamente.  Salí de mi casa con esfuerzo, mis patas se entierran siempre en la gruesa capa de viruta con cada paso que doy.  Por fin pude alcanzar la rampa, una superficie sólida. Escalé oliendo mi propia orina seca por el camino. Si, este era el camino. Alcanzé el primer túnel. Ya lo he recorrido otras veces pero quizás hoy fuera distinto.  Es rojo y a través de sus paredes transparentes todo afuera se ve del color de la pesadilla mientras lo escalo. Alcanzé la boca de salida y caí en más viruta que se pegaron a mis bigotes. Me sacudí pero entre más me movía, más me hundía.  Fue razón suficiente para llamar la atención de la humana. Soltó el pestillo de metal de mi puerta y fue a por mi.  Una mano gigante y abierta entró cuán culebra por mi casa y me buscó con ansias.  Me quedé enterrado en la viruta y no salí.  Debo admitir que me gusta cuando me pone dentro del bolsillo de su sudadera, pero odio cuando acerca un solo dedo hacia mi y como una biga de madera se avalanza sobre mi y amenaza en aplastar mi pequeña estructura osea.  Se rindió y removió su mano, cerró la puerta y volvió a sus quehaceres.  Salí de mi escondite cubierto de viruta, mis pelusas largas que tengo como pelaje agarran hasta la más mínima fibra.  La humana sólo se rie de verme caminar hecho una viruta con patas. Es humillante.
Me dirigí al segundo túnel con prisa.  Pasé por los barrotes horizontales a mi derecha y no lo pude evitar. Tuve que escalar. Escalé hasta el techo y mordí mi camino por mi libertad. Fallé.  Mordí más barrotes y me sujeté fuerte con manos y patas para no caer directo a un mar de virutas en el abismo de mi casa. Con esfuerzo llegué hasta la boca del túnel azul.  Me solté de los barrotes y me balanceé hasta entrar en él.  Fue un craso error.  Este es el tunel que sólo debo escalar y no descender.  Resbalé con mi panza peluda hasta el primer piso y desemboqué en el mar de viruta.  Rodé una vez y debí sacudirme, esta vez fuerte y decisivo si quería tener éxito el día de hoy.
Pensé que quizás la escalita de troncos que lleva a la casa de coco podría haberme llevado a mi liberación y fue entonces que la escalé.  Las sogas a ambos lados de los tronquitos se columpiaron tanto con mi escaso peso que casi volví a caer de lleno sobre la viruta, pero apuré mis patas y manos y alcanzé la entrada de la casa de coco.  Es mi rincón predilecto de este laberinto.  Caí sobre la almohada de tela de polar y ya que estaba allí, decidí equilibrarme en mis patas traseras y limpiarme la cara con mis manos. Por suerte la humana no me vio, pues cada vez que hago esto no puede evitar venir a agarrarme y torturarme con cosquillas en mi panza.  Quería seguir con mi agenda del día pero el estómago me dolía.  Bajé de la casa de coco y fuí a buscar algo de comida.  La humana había dejado unos cortes frescos de zanahorias y manzanas así que les hinqué mis paletas incisivas y mastiqué por segundos. Minutos. No sé. Bebí agua de la botella contigua y luego de un momento mi hambre se había saciado.  Hora de continuar.
Mi meta era explorar el túnel nuevo. O más bien era un pasadizo nuevo. Quizás el que llevaría hacía la salida del laberinto.  Era de color amarillo y no era transparente como los otros.  Para llegar a él debí escalar por los barrotes hasta la hamaca y subirme a ella.  Fue un tanto complicado.  Complicado abandonarla una vez estando ahí.  Tenía la panza llena y mis pies se sintieron calientitos al contacto con la tela de polar.  Antes que me diera cuenta me había vencido el sueño.
No sé a qué hora desperté pero la luz del día todavía brillaba por las ventanas.  Allá afuera estaba la libertad.  Me puse de pie y quise alcanzar el túnel amarillo. Me paré en mis patas traseras y elevé mi nariz al cielo.  Olía raro.  Olía a nuevo.  Lo resolví soltando mis esfínteres y ya comenzaba a oler como mi hogar.  No.  Este no lo era, era mi prisión, un laberinto que llevo tres años tratando de escapar.  Entré en el túnel amarillo y comenzé a recorrerlo. No sé cuánto caminé pero al momento que quise volver, volteé y no pude ver la entrada, miré al frente y tampoco ví la salida.  Ya estoy metido en esto, pensé y seguí avanzando.  Quizás era una trampa, otra ocurrencia de la humana.  No le bastaba con de tanto en tanto encerrarme en una bola de plástico transparente y dejarme suelto por el piso de la casa.  Qué ironía.  Eran los únicos momentos en los que era libre y sin embargo, llevaba mi prisión conmigo.
Por fin pude ver algo de luz al otro lado del túnel. Apuré mis patas.  Ya comenzaban a dolerme, el material era distinto a los otros túneles del laberinto. Ví la cara de la humana, sonreía de oreja a oreja, puso sus manos en la boca del túnel.  Ese era el fin, salí de la prisión para ir a parar a sus manos.  Me llenó de besos y removió algunas virutas que todavía tenía pegadas a mi pelaje.  Me habló como si fuera un vil bebé y me metió dentro del bolsillo de su chaleca.  Estaba calentito ahí dentro y yo, extenuado.  Qué diablos, pensé y me venció el sueño de nuevo.


¿Y? ¿Lo descubrió ya?
¡Si! Lo tengo aquí en mi bolsillo.  Está durmiendo el pobre.  Ha estado toda la mañana encaramándose por las paredes de la jaula.  Esta aburrido creo.  Adoptémosle un amiguito.

sábado, 20 de mayo de 2017

¿Qué podemos aprender de las telenovelas para escribir ficción?

Latinoamérica es la tierra por excelencia de las telenovelas.  Desde la masiva industria mexicana que exporta y dobla sus producciones a cada rincón del planeta, pasando por las memorables telenovelas brasileñas dobladas al español latino que nos cuentan de su historia e idiosincrasia, hasta las industrias de este género más locales como la venezolana, argentina y chilena.  Para algunos son placeres culpables, para otros, una mera diversión.  Si has nacido y te has criado en Iberoamérica, por lo menos has visto un par de telenovelas en tu vida (hasta España han llegado muchas de las producciones latinas).  Su palabra lo dice: Una novela televisada.  Enganchan al público por meses con muchas tramas desarrollándose al unísono, personajes atractivos, conflictos que nos mantienen al borde del asiento por más de cien capítulos, en muchos de los casos.  ¿Cómo lo hacen?  ¿Qué lecciones podemos sacar de su estructura de la historia, arcos de personajes, desarrollo de conflicto?

Nos sentabamos a la mesa a eso de las dos de la tarde a almorzar.  Yo llegaba del colegio y corría a mi habitación a cambiarme el uniforme por mi ropa de estar en casa, ropa de trajín como le llamamos en Chile.  La telenovela que nos acompañaba a esa hora era alguna brasileña doblada al español.  Luego del almuerzo, mi madre lavaba los platos y se sentaba a su máquina de coser toda la tarde.  La acompañaba alguna que otra telenovela mexicana.  A eso de las siete de la tarde nos sentabamos a tomar once o la hora del té, a seguir la trama de la teleserie de producción local actual.  Luego venían las noticias y después la hora prime chilena con algún que otro programa de conversación u otras decadencias televisivas.  No sé, para entonces a mi ya me habían mandado a la cama.

En los noventas y durante los primeros años de los dos mil, éste era el panorama de muchas familias chilenas.  No me es difícil imaginar que rutinas parecidas se podrían haber repetido a lo largo y ancho de la región latinoamericana.  En el colegio nos daban una lista de libros para la lectura y análisis, algunos se sentían más obligatorios que otros.  Mientras, seguíamos religiosamente las tramas de dos o tres telenovelas simultáneamente.  ¿Habría todo ese público leído esas historias desde un formato de libro impreso si no hubieran sido grabadas para el formato de la televisión?  Los tiempos han cambiado (¡Qué cosa más cliché de decir!) y la gente sigue tantas telenovelas como series en Nexflix o en sitios de internet de dudosas procedencias.  Algo tienen que nos enganchan.  Pienso en las muchas que seguí durante la época escolar y suspiro casi con nostalgia.  Las había con tintes históricos, otras meramente romanticonas, otras, sobre las diferencias entre las clases sociales.  Algunas que mezclaban todos estos aspectos y más dentro de la compleja trama.  Incluso más que la trama de muchas de estas telenovelas, son los personajes los que atraen al público hasta el punto de llegar a declararles su amor u odio eterno.  Hasta el punto de llegar a gritarle cosas (amorosas, indecentes, ofensivas) a los actores que los interpretan cuando éstos se encuentran en la vía pública.

Sea que te atraiga o no este género, hayas visto telenovelas en tu vida o no, podemos decir por lo bajo, que los guionistas y creativos detrás de las producciones más exitosas de los últimos veintitantos años sabían lo que hacían para mantener la atención de la audiencia por meses.  Traigo tres ejemplos de lo que podemos aprender de las telenovelas cuando escribimos ficción.  El manejo de la fuente de conflicto, las fuerzas antagónicas, el desarrollo de los personajes y sus arcos y la trama misma.

* ¡Se vienen spoilers!  Están avisados 😉


Machos  (Chile 2003)


Se trataba de la familia Mercader.  El padre, don Ángel, su esposa Valentina y sus siete hijos hombres. Sus hijos machos, cuyos nombres comenzaban todos con la letra "A".  Se basaba en casi su totalidad en la ciudad costera de Viña del Mar en Chile.  Los miembros de la machista familia Mercader se relacionaban también otras familias de la ciudad, entre amoríos, relaciones de negocios, de amistad, compañeros de universidad y de trabajo.  El universo de los personajes es bien amplio al igual que las muchas subtramas de la telenovela.  No contaré toda la historia aquí, sino que me concentraré en una de las más grandes causas del conflicto que empuja los dominós, y ese no es otro que el patriarca de la familia, don Ángel Mercader.

El típico padre severo, con una seguidilla de reglas familiares impuestas por él mismo, machista y controlador con las vidas de todos sus hijos.  Don Ángel pasa tiempo considerable en su oficina que es el lugar donde tiene sus conversaciones de hombre a hombre con sus hijos y donde también mantiene conversaciones con el retratato de su padre.  Es a través de estos "diálogos" que aprendemos que don Ángel fue criado por la mano dura de su padre de la misma manera que él cria a sus hijos.  Es un hombre que se ha hecho a sí mismo, que ha hecho todo lo posible para llegar a donde está, un médico consagrado de buen pasar económico.  Ha mantenido una amante por decadas, como un buen Mercader, y ha llevado a todos sus hijos al rito de iniciación sexual a su burdel predilecto en la vecina ciudad puerto de Valparaíso, evento que creó un trauma sexual a su hijo Adán. Por otro lado, la historia comienza cuando su hijo Ariel regresa a Chile luego de años viviendo en España.  Su padre lo había echado por haber descubierto entonces su homosexualidad.  A su llegada, don Ángel lo pone en contra de sus hermanos. Por otro lado, celebra el comportamiento machista y sexista de su hijo Alex, el mujeriego de la familia y el terror de las mujeres. Se mete incluso en la crianza de su nieto y dicta ordenes al padre del niño, su hijo Armando, para que controle a su mujer, quien a su parecer es la peor madre por decidir reincorporarse al mundo laboral luego que su esposo queda cesante.  Un ser despreciable a ratos, insoportablemente tradicionalista, ¿Ya mencioné machista?  Pues bien, no podemos odiarlo.  Llegamos a conocerlo hasta saber que todo lo que hace no es más que el resultado de las enseñanzas que su propio padre le dió.  No es un villano, es un hombre inseguro, que se aferra demasiado a sus reglas y mundo.  Al final de cuentas, la trama deja los propios pecados de don Ángel caer por su propio peso.  Son tantos los errores del pasado, cometidos por su misma visión de las cosas, que uno tras otro le cobran la palabra y salen a relucir en el presente.  Aparece una hija suya ilegítima, su hijo Adán es un hombre destrozado por su trauma sexual hasta arruinar su matrimonio con la mujer que ama, el mujeriego de la familia, celebrado por su padre, rompe una pareja, su hijo mayor se enamora de la amante de su padre llevando consigo el secreto más grande de don Ángel hasta los oídos de la santa madre de los Mercader.  Todo se va a la cresta.  Queda solo por su propia mano.

El arco de este personaje es literalmente épico.  A sus años, bordeando los setenta más o menos, las lecciones que don Ángel aprende a lo largo de los años son tan difíciles de digerir y causan tanto daño a los suyos que lo dejan reducido a un anciano que da pena.  Las andanzas de don Ángel son el caldo del conflicto en esta historia.  Lo ves mentir tantas veces, urdir tantos planes para tirar de los hilos que manejan las vidas de los suyos, que ya llegas casi a perder la cuenta de todos sus pecados.  Un solo personaje que crea un daño masivo gracias a una imagen paterna demasiado dominante, incluso a decadas de haber fallecido.  La tarea y desafío último de don Ángel es darse cuenta que debe romper con el modelo de enseñanza de su padre ya que, por seguirlo, ha destruído a toda su familia.


El Rey del Ganado (Brasil 1996)




Una de las novelas con más arrastre en Latino e Iberoamérica, doblada al español y exportada a una veintena de países.  La trama trata del conflicto entre dos familias italianas en el Brasil de los años de fin de la segunda guerra mundial. El conflicto entre los Berdinazi y Mezenga comienza por una cerca de dividía sus terrenos y termina en una rivalidad de familias aún más acrescentada cuando dos de sus hijos deciden enamorarse y traer al mundo a una criatura con la sangre de ambas familias.  El rey del ganado, Bruno Berdinazzi Mezenga.

Los niveles de trama en esta historia son variados y no les mentiré, hace años que ví la última repetición de esta telenovela.  Por lo que me concentraré en una de las subtramas de la historia, pero que sin prejuicio de ello está magistralmente ligada a la historia principal.  La del senador Roberto Caxias, el único representante de los llamados sin tierra, un grupo de campesinos nómades que ocupan hectáreas de terratenientes de las industrias ganadera y granjera.  Grandes intereses empresariales están en juego para eliminar a estos okupas rurales, sin embargo el senador Caxias es su única voz en el congreso y por ello, no solo no se ha ganado el favor de los empresarios, pues su voto no está en venta, sino que también se ha ganado el desprecio de su esposa, quien lo culpa de no querer lo mejor para su familia y de tenerla a ella y a la única hija del matrimonio, la joven Liliana, viviendo en un departamento de mala muerte para el gusto de la señora del senador.  El senador lidea con la apatía de su esposa bajándole el perfil y evitándola. Es un hombre de principios, un político honesto como no los hay en la vida real y por su causa, los sin tierra, sacrifica su vida familiar.

En los sin tierra que el senador defiende, se encuentra a su vez el nexo entre los Berdinazi y Mezenga.  Conocida entre ellos como Luana, en realidad es la sobrina perdida y única heredera de don Geremias  Berdinazzi, Marietta.  Su familia muere en un accidente y ella es acogida por los sin tierra, por lo que Marietta, Luana para sus compañeros, no conoce su verdadero origen ya que sufre de amnesia debido al accidente.  Es ella quien termina uniendo a ambas familias al ganarse el corazón del rey del ganado, Bruno B. Mezenga y sellar ese amor con un hijo.

Para los días de congreso, el senador arrienda un pequeño departamento en Brasilia donde se queda cuando le toca sesión en el senado.  Allí contrata a una asistenta para que le ayude.  La chica se enamora de él.  No, el señor senador no es un Adonis, es un hombre entrado en sus cincuentas, quizás sesentas, venido a menos, siempre con un semblante de preocupación en la mirada, ojeroso, se viste mal y solo vive para su trabajo.  Pero es un hombre de principios, uno como no los hay, o como es casi imposible encontrar.  Tanto así que, a sabiendas que su asistenta, una joven que podría ser su hija, felizmente se entregaría a él, el senador Caxias no hace nada al respecto.  Su voto no está a la venta y no, tampoco se aprovechará de la joven, incluso estando a cientos de kilómetros de su esposa.

Esta dinámica en esta historia representa para mi una manera inteligente de dejar entrever una realidad.  Claro que la chica asistenta no está enamorada del senador, sino que ella lo interpreta así.  Lo que siente es una admiración tremenda por su jefe, acrescentada más aún cuando lo ve sacrificarse, hasta el punto de vivir en condiciones paupérrimas para un senador de la nación, en pos de sus defendidos.  El senador trata de conseguirles tierras de manera legal para que ellos se puedan establecer definitivamente en algún lugar, para que puedan ser dueños sin pedir migajas, apela a la causa humanitaria en pos de los sin tierra.  Empatiza con ellos, con su lucha digna, son familias con niños pequeños y trabajadores esforzados y no delincuentes, y sin embargo son tratados como tales.  En una sociedad tan falta de líderes y héroes, apenas conocemos a uno y estamos tan cerca de su causa como la joven del senador, es imposible no querer sentirse protegida bajo su halo, ya que un hombre así, de ganar su amor, haría lo imposible por ti.  Es una visión romántica de una cruel realidad. La de la política sucia y la de los negocios corruptos, la que al final lo termina matando.

A través de un solo personaje como el senador Caxias, podemos mostrar una falencia en la sociedad, podemos personificar en él la lucha de tantos, convertirlo en un héroe anónimo, una persona que se sacrfica por un bien mayor.  Una utopía.

Las Vega's (Chile 2013) y Las Bravo (México 2014)







No estoy seleccionando esta telenovela por los vedettos o strippers.  Ni por la excusa de ver strippers haciendo lo que hacen sobre el escenario, sacarse la ropa, bailar en el caño.  Policías, bomberos (chicos buenos), capitanes de la marina, piratas.  El Club Las Vega's termina convirtiéndose en un antro de la belleza masculina luego que su dueña, doña Verónica Díaz, lo heredara de manera más que trágica de su recientemente asesinado esposo, Carlos Vega.  Don Carlos no tenía a hombres desnudándose en su club eso sí, todo lo contrario, eran strippers mujeres las que hacían lo suyo en este local nocturno.  De este negocio, ni de los muchos más turbios que don Carlos tenía, su viuda y tres hijas nunca tuvieron la menor idea.  El caballero es perseguido por la carretera a toda velocidad por unos criminales a los que les debía dinero hasta que su camioneta vuelca y explota por el impacto.  Es en el funeral que la viuda y sus hijas ven por primera vez al séquito de particulares trabajadoras que don Carlos mantenía. 

Don Carlos Vega fallece y con eso deja una millonaria deuda detrás suyo, para la cual había dejado las casas familiares como aval.  El ejecutivo del banco, Vicente, les cuenta a las Vegas de la propiedad registrada como cabaret bajo el nombre del finado.  La familia se dirige a la dirección dada y ven por primera vez la punta del iceberg de la doble vida de don Carlos.  Por mera necesidad las Vegas deciden darle un vuelco a sus vidas, para salvas sus casas y para pagar la deuda.  Reabren el sucucho como local para despedidas de solteras.  Las strippers mujeres son despedidas y en cambio, comienza el recrutamiento de talento musculoso y con mucha testosterona.  

El que urde los males en esta historia es un supuesto amigo de antaño de don Carlos, el abogado Alvaro Sandoval, quien aparece cuán buitre en el mismo funeral de su fallecido amigo a consolar a la viuda.  Un abogado de temer, conoce la ley al revés y al derecho y no duda en usarla para su beneficio.  De a poco el hábil abogado se logra colar en la familia Vega y engatuzar a la ingenua Verónica.  Por otro lado, don Carlos deja a una especie de ángel guardían a cargo de su familia en caso de pasarle algo. Hombre previsor.  Mauricio era el hombre de confianza del dueño del stripclub y se presenta ahora como barman para el remodelado club Las Vega's.  Se convierte en la sombra de Verónica enamorándose de ella hasta perder la cabeza, en el objeto de deseo de la hija menor de los Vegas, Camila, y en la pesadilla más grande para Alvaro.

Esta telenovela fue exportada a México y reciéntemente a Colombia.  Esto nos permite ver cómo una misma historia puede ser contada de distintas formas.  No he tenido la posibilidad de ver la versión colombiana más allá de un par de videos promocionales y trailers.  Por lo que pude ver, parece una versión más arraigada a la original chilena, mantiene el tono jocoso y subido de tono a ratos.  Sí pude ver hace un tiempo atrás la versión mexicana y me gustaría compararlas ya que algunas decisiones en los personajes en esta versión difieren con la original.  En Las Vega's, mucho de los eventos que producen el conflicto en la historia son generados por debilidades o errores humanos.  La carne es débil, la gente tiene falencias, traumas y trancas.  Se comenten errores y es así como matrimonios fallan o familias completas se destruyen. Al final del día, nos enamoramos de personajes de ficción por sus intentos más que por sus aciertos. En el caso de Las Bravo, los conflictos ocurren como una reacción a lo que otros hacen, casi como una defensa, en vez de cometer el error ellos mismos primero.  

Por ejemplo el caso de la relación entre Mariana y su esposo Germán y el ejecutivo del banco, Vicente, que luego se convierte en uno de los strippers.  Mariana es la hija mayor de los Vegas y lleva unos diez años casada con Germán, su ex profesor de universidad y que la lleva en unos años de diferencia en edad.  Tienen un hijo de unos ocho añitos.  Mariana es estrictamente católica, conservadora y tradicional.  Mucho ya no pasa entre ella y su esposo, un tipo simple, un tanto machista pero, al final del día, un buen hombre y padre.  Germán es el típico padre chileno (quizás también latinoamericano), que no sabe hacer cosa alguna en casa sin la presencia de su esposa.  Enternecedor a ratos en sus intentos de recuperar la magia entre ambos, en tratar de comprender a su joven esposa.  Cuando el Club Las Vega's abre al público, el conflicto entre ambos aumenta.  Germán pierde un muy buscado y esperado ascenso en su trabajo por culpa del nuevo perfíl de empresaria de la noche de su señora esposa.  Germán culpa a don Carlos, su fallecido suegro, por todas las calamidades en su vida.  Mariana no tiene vida propia, vive para su hijo y su casa.  No sale, no toma, no tiene amigas.  Vicente llega a removerle el piso.  Es todo lo contrario a ella, un tipo que a último minuto decide no casarse para luego no arrepentirse de un craso error y decide abandonar su trabajo como ejecutivo de banco, por el de stripper.  Toma como condenado, es bueno para las fiestas, desordenado, irresponsable, de poco fiar.  Y está loco por Mariana.  La química entre los dos va creciendo con cada capítulo que avanza, juegan al gato y el ratón y todos en el club huelen lo que pasa entre ellos.  Solo por esto Mariana lo desprecia a morir.  Hasta que un día Mariana se aburre de ser correcta y de aguantarse las ganas para pasar una noche de pasión con Vicente.  Las recriminaciones de Germán para con su familia, su falta de comprensión por esta situación y su comportamiento como si fuera su dueño la aburren.  Germán termina enterándose un tiempo después de la infidelidad de su esposa y es solo entonces que decide hacer lo mismo con una colega que hasta este punto ha estado coqueteándole desde el principio de la telenovela.

En la versión mexicana, Manuel (Germán) comienza muy temprano en la historia una relación extramarital con aquella colega que no le saca los ojos de encima.  Es un machista retrógado en casa, un troglodita del siglo XVIII en lo que respecta a su matrimonio con Adriana (Mariana).  Cuando ésta por fin se entera de la amante de su esposo, va a desquitarse con Gerardo (Vicente) y tienen por fin luego de meses de tensión sexual entre ambos, su noche de pasión.  

Otro cambio es el de Camila, la menor de las Vegas, y Mauricio.  La joven no sobrepasa los veinte años y claramente tiene un tema con la imagen paterna.  Le gustan mayorcitos.  No duda en tirársele a Mauricio, el barman del club y el ex hombre de confianza de su fallecido padre.  Mauricio, que la sobrepasa en años como para ser sino su padre por lo menos su hermano más que mayor, se resiste al principio para no meterse en problemas pero al final, bueno, la carne es débil y él no es de piedra (y #yolo).  Tienen sus encuentros en la pocilga donde vive Mauro mientras él se enamora más y más de la madre, Verónica. Cuando Mauro da por acabado la aventura con Camila, ésta no encuentra mejor idea que buscar similares andanzas con el padre divorciado de una amiga.  Otra vez un hombre que podría ser su padre.  La versión mexicana decidió evitar todo esto poniendo a Leonardo (Mauricio) como una imagen paterna de Fabiana (Camila).  Ella sí busca algo con el barman pero sin éxito.  La aventura con el padre de su amiga no existe en esta versión.  Como resultado de estos cambios, Leonardo (Mauricio) es siempre el protector, no sucumbe a la tentación.  Es perfecto.  Mauricio es un tipo que no tiene todas las respuestas, que comete errores y no siempre decide lo correcto pero que trata de enmendar las cosas comprometiéndose hasta el final.

Como éstos, son muchos los cambios en los personajes orginales.  Cambios que dejan a los protagonistas como víctimas o mártires para luego justificar su actuar o la falta de éste.

Ambas versiones tienen sus encantos y la versión mexicana pudo llegar a un público mucho mayor, no solo por el alcance masivo de la industria de telenovelas de ese país (que también exporta sus producciones a la gran comunidad latina en EE.UU.), sino que también la versión mexicana es más entendible. Ya he escuchado un par de veces que nuestro acento y manera de hablar chilenas es casi imposible de entender por el resto de nuestros vecinos.  Sin embargo, "Machos" fue importada a España por TVE y tal parece que los españoles aprendieron a entendernos...  Esa es harina de otro costal 😉


Pues allí los tienen.  Un ejemplo de fuerza antagónica que mueve los hilos de la historia y es su piedra angular.  Un personaje que encierra en sí las esperanzas de tantos y las falencias de la sociedad, incluso a sacrificio personal y cómo alterando levemente la trama de una historia se pueden cambiar los arcos de los personajes.

¿Y tu escritor(a), creador(a) de mundos ficticios?  ¿Qué aprendes de las series que ves?  ¿Las miras con ojos críticos o solo son un pasatiempo para distraerse del trabajo?  






miércoles, 10 de mayo de 2017

Ser trilingüe: Viviendo en tres mundos distintos.

Hace un poco más de diez años atrás me regalaron un diccionario holandés-español español-holandés de bolsillo.  En la tapa la dedicatoria escrita decía algo así como "un nuevo idioma crea nuevo conocimiento, conocimiento que puedes aplicar para crear entendimiento en un nuevo mundo.  Al entender mi idioma, entiendes la sociedad de la que vengo y me puedes conocer mejor".  Tiempo después seguí un curso de holandés y me casé con quien me había regalado ese diccionario.  Pero no terminamos viviendo en su país, sino que al otro lado de la frontera este: Alemania.



Cuando existe una razón afectiva para aprender un idioma nuevo, por raro que sea, es por sí una motivación y motor que te impide tirar la toalla.  La otra motivación es la mera necesidad.  Alemania, a diferencia de Holanda, dobla la gran parte de su programación televisiva al alemán y es un milagro encontrar naturales que dominen el inglés.  Como mi primer profesor de alemán una vez me dijo "los alemanes somos demasiado idiotas para escuchar un idioma y leer otro al mismo tiempo".  El país te obliga a quebrarte la cabeza para incrustarte el idioma por los poros hasta que te salga natural.  Luego de diez años viviendo por estos lados y una seguidilla de cursos y exámenes del idioma aprobados me alegro de haber sentido esa presión inicial por aprender el alemán a como de lugar.

El inglés es casi un idioma por defecto para mi.  Lo aprendí sola durante los años del colegio y nunca ha sido un tema.  Es raro.  Hasta el sol de hoy no he puesto un pie en algún país de habla inglesa.  En el colegio ayudaba a mis compañeros con las traducciones, en la universidad las vendía.  Por lo mismo en casa el idioma que hablamos mi esposo holandés y yo es, de hecho, el inglés.  Luego el español, que ha ido acrecentando con los años al yo sentirme menos idiota al hablarle en mi manera tan chilena de expresarme.  En un principio mi esposo me quedaba mirando con el ceño fruncido y la cabeza ladeada, al día de hoy me puede responder mis tonteras con otras pachotadas que dice mi gente compatriota.  Qué orgullo.

Holandés y Alemán


Y en este panorama con tres idiomas en la cabeza, o al decir verdad, tres y medio, ya que el holandés lo entiendo a cavalidad y si me concentro, puedo entablar conversaciones también.  Pues bien, con tres idiomas y medio en la cabeza se me ocurre escribir una novela.  Al principio comenzé el primer borrador escribiendo en inglés, pues había sido siempre en este idioma que se me habían venido las ideas a la cabeza, los diálogos, la prosa.  Me lanzé a escribir y casi llegadas las cien páginas decidí parar e intentar escribirla en mi idioma materno.  No podía pretender seguir escribiendo sin prescindir de un par de ventanas de mi explorador abiertas con páginas de traductores y sinónimos y antónimos.  Algo me faltaba, esa cercanía filial con las palabras.  Al tratar de contar la historia en un idioma que si bien lo hablo hace quince años, no es el mio, existía entre los personajes y yo una distancia artificial, un surco difícil de llenar o sortear.  Pensé en reimaginar la historia en vez de traducir, ya que al traducirla podría haber llevado los vicios y hábitos propios de ese idioma al otro.  Fue solo cosa de reimaginarla en español y esa conexión con la historia que quiero contar y con mis personajes se manifestó haciendo fluir las palabras casi sin esfuerzo.  No hay que escavar muy profundo en el banco de memorias para conectar con esa fibra que lee las palabras en el idioma que te criaste.  Los primeros recuerdos, las primeras sensaciones del mundo alrededor, algunas incluso subconscientes, tus padres hablandote por primera vez, tu en tus primeros meses de vida balbuceando para tratar de imitar lo que la familia decía a tu alrededor.  Es ese el idioma con el que conectas, empatizas, cuentas un cuento, construyes vidas ficticias, sientes y haces sentir con las palabras.  Para escribir ensayos, informes, artículos de opinión y afines en un idioma extranjero, el límite es la competencia y dominio que se tenga en el idioma en particular más el conocimiento del tema a tratar.  Pero para sentir lo que estoy contando, para hacerte verlo e imaginarlo hasta traspasar el papel regalándote piel de gallina, una sonrisa, quizás una lágrima, debo expresarme en el idioma con el que fui criada.  Por algo se llama materno.

En el tour diario que hago por distintos blogs sapeando lo que otros escritores hacen, devorando los consejos sobre escritura creativa que tan generosamente comparten, leyendo las experiencias con su propio trabajo creativo, todavía no me he encontrado con algún otro escritor o escritora que escriba en un idioma y viva con otro el día a día.  Se hace un tanto complicado a ratos y puede ser limitante.  Es cuestión de mera suerte encontrar algún taller de escritura creativa o de literatura que sea en español viviendo en territorio alemán, por ejemplo.  Por otro lado está la trama misma de mi novela.  Como mencioné hace unas entradas atrás, escribo sobre Ludwig van Beethoven y ya solo con esa información se puede deducir que el idioma alemán está íntimamente ligado a la trama.  Han sido dos momentos claves en los últimos años en los que he agradecido al cielo, al destino, por haber terminado viviendo acá y haber aprendido alemán hasta un nivel universitario.  Primero como estudiante de canto lírico me ha beneficiado mucho para poder entender el gran repertorio en la literatura de la música clásica para mi registro de voz mezzo soprano.  Schubert, Schumann, Mozart, Bach, por nombrar algunos compositores, escribieron trabajos en alemán para mi registro de voz y es una satisfacción tremenda saber qué estoy cantando y poder pronunciarlo bien, poder sentir el significado de las palabras que canto.  Y la segunda vez ha sido toda la investigación que he hecho (y que todavía sigo haciendo) sobre absolutamente todo lo relacionado con Beethoven como también sobre su tierra natal, Bonn, y su ciudad adoptiva, Viena.  Escarbando en las profundidades de internet me he topado con libros de antaño digitalizados que cuentan sobre la capital de imperio Austro-Hungaro del siglo XIX, los textos son al principio difíciles de entender ya que fueron escritos con esa fuente tan llena de aristas, eso sumado a la falta de reglas ortográficas en el idioma alemán en esos años.  Pues con un dominio del alemán estándar y con mucha paciencia sí se pueden decifrar esos textos antiguos y acceder así a tan ricos relatos invaluables.

La biografía que en 1838 publicaron Ferdinand Ries y Franz Gerard Wegeler sobre Ludwig van Beethoven.
Esta edición es hoy publicada solamente por el Instituto de Musicología de la Universidad de Tübingen en Alemania.
Y no se toman la molestia de cambiar la fuente o de actualizar el alemán del siglo XIX en el que está escrito.


No sé cómo será el proceso creativo de otros escritores.  No sé si sueñan despiertos, si actuan escenas solos en casa para luego plasmarlas al computador en palabras.  No sé si se imaginan sus historias en un solo idioma en sus cabezas.  Quizás algunos dibujan los mundos ficticios que crean para así apoyar el relato en prosa con una imagen real, quizás otros mantengan diarios de vidas de cada personaje.  He leído de todo un poco en internet en este sentido.  Al vivir con tres idiomas en la cabeza, las ideas a veces se me vienen en uno o en otro de manera aleatorea.  Al entender los escritos de Beethoven sin el obstaculo de la traducción, entiendes cómo era que él se expresaba, o por lo menos tienes una idea vaga de cómo hablaba.  Debido a su limitado nivel de educación, los expertos dicen que el compositor hablaba como escribía y vice versa.  Subrayaba mucho, usaba refranes, juegos de palabras, bromas tontas.  A quien fuera su último secretario y mano derecha, el violinista Karl Holz (holz significa madera en alemán), solía referirse como "Excelentísimo Pedazo de Caoba" o "¡Excelentísima Astilla!  Más excelente madera de Cristo".  Beethoven solía bromear con el apellido de un músico de la orquesta con la que estaba ensayando la Misa Solemnis.  El director de coro se llamaba Franz Xavier Gebauer, y Beethoven lo molestaba llamandolo "Geh, bauer" que significa "ve, granjero".  Como estos, son muchos más los ejemplos que demuestran lo mucho que Beethoven amaba bromear con juegos de palabras, a veces a costas de sus propios amigos o colegas.  Todos estos matices se perderían en la traducción a cualquier otro idioma, de hecho ya el mismo acto de explicarlos les resta de gracia.  Es como explicar un chiste, una metáfora.

Hay mucho de ir aprendiendo mientas hago en el proceso del primer borrador de mi novela, y estoy disfrutando cada minuto de ello.  El sentimiento, la cercanía que se obtiene al expresarnos con nuestro propio idioma materno no tiene comparación.  No estoy diciendo que no se pueda escribir ficción que logre con éxito mostrar sin contar, hacer al lector empatizar, conectar con el personaje, invertir emocionalmente en su camino personal.  Quizás todo lo que me hace falta es un par de cursos y talleres de escritura creativa en inglés y pasar una temporada en Inglaterra para adquerir vocabulario del roce con las personas, la vida diaria.  Pero por ahora lo que funciona para mi es escribir en español.  El único idioma de los tres  y medio en mi cabeza, que menos hablo, pero en el que más escribo.

miércoles, 12 de abril de 2017

Entendiendo los movimientos de una sinfonía como los actos de un relato: La sinfonía "Heroica" de Beethoven.

A principios de 1804 en Viena, Austria, Beethoven completó su tercera sinfonía.  Un año después fue estrenada en la academia musical del 7 de Abril de 1805 en el Theater an der Wien.  Sin embargo, el trabajo creativo detrás de una de las piezas musicales más radicales de la historia del arte occidental, data de 1800-01 cuando Beethoven compuso la música incidental para el ballet "Las Criaturas de Prometeo" y debió medirse en un duelo al piano con Daniel Steibelt.  Cómo la música para un ballet terminó convirtiéndose en su trabajo más significativo hasta esa fecha y qué nos quiere decir su compositor en los cuatro movimientos de tan masiva sinfonía.  Cómo escribió Beethoven su propio relato.




















Cuando la escuchas en vivo se te paran los vellos de los brazos y de la nuca.  Es casi imposible desviar la mirada de la orquesta ni de su conductor.  Cada uno de los músicos concentrados en la partitura frente suyo sobre el atríl dando todo de sí, el conductor respirándoles en el cuello con su tempo y sus indicaciones sobre la interpretación de cada sección dentro de cada movimiento.  Existen variados documentales y presentaciones como ésta (en inglés) sobre la sinfonía conocida como "Heroica" en la que conductores de orquestra como también músicos nos guían en el camino musical de esta obra, desde el punto de vista de quienes estan en primera fila interpretándola y sintiendo el peso de la responsabilidad sobre los hombros de hacer un trabajo excelente y prolijo. Otros muchos reportajes nos cuentan del esfuerzo casi sobrehumano que los trabajos sinfónicos escritos por Beethoven suponen para ellos.  Concentración máxima y extenuantes sesiones de ensayos para absorber la visión del conductor, el "Cuentacuentos" de un trabajo conceptual como lo es el formato de la sinfonía, uno que, en la mayoría de las veces, no cuenta con texto alguno que nos ayude a comprender con palabras lo que el compositor estaba tratando de decir. 

La historia de la tercera sinfonía de Beethoven es una de contexto político ajetreado, cocinando la revolución a unos miles de kilómetros al oeste de la capital de imperio Austro-hungaro, en París, Francia.  Desde territorio francés llegaban las noticias a tierras germanas sobre la empresa del cónsul y general de las tropas francesas, Napoleón Bonaparte, y su lista negra de aristócratas cordialmente invitados a poner sus cabezas debajo del filo de la gilliotina. Tanto en la ciudad natal alemana de Beethoven, Bonn, como en la capital austriaca, Viena, la inquietud e incertidumbre comienza de a poco a adueñarse de las conversaciones de la clase social soberana del gran imperio, los aristócratas quienes, paradójicamente, eran hasta entonces el mayor público de la música de Beethoven y a su vez, sus mayores benefactores.  La historia de esta sinfonía es también una personal, la de su compositor. 

Ludwig van Beethoven nació en una familia de clase plebeya en Bonn en el último tercio del siglo XVIII.  Desde temprana edad aprendió su lugar en la sociedad, uno que no era distinto al de su padre tenor de la Corte, Johann van Beethoven.  En la adolescencia Beethoven trabajó como organista y violinista en la orquestra de la Corte de Bonn, esos años formativos como músico de orquestra no solo le permitieron familiarizarse con las fortalezas y limitaciones de cada instrumento, cada matiz del que eran capaz, cosa que se quedaría para siempre almacenada en su memoria interna y de lo que en unas decadas más adelante utilizaría como compositor sordo; sino que también le permitió percatarse a tan tierna edad de las diferencias sociales y del menospreciado oficio del músico.  No es difícil imaginarse al joven Beethoven tocando el violín como parte de la orquestra de la Corte de Bonn mientras por encima de su partitura iluminada por cientos de velas, veía a aquellos soberanos provenientes de familias aristócratas conversando a voz alzada, riendo a carcajadas, emborrachandose, flirteando, discutiendo acaloradamente.  Nadie de los presentes prestaba atención a la música que con tanta precisión y dedicación se estaba interpretando en sus propios salones.  Debe haber sido en esos años que nació en él la necesidad imperativa de elevarse por encima del músico de orquestra asalariado hasta convertirse en un "poeta de sonido" como a Beethoven mismo le gustaba definir su profesión, educar al público a punta de pataletas dignas de divo a callar cuando él interpretara su música.  A demandar nada menos que el mayor y más grandes de los respetos por su arte y al mismo tiempo, aborrecer a esa clase social a quienes se les permitían todo tipo de libertades y violaciones.

Representación de Beethoven improvisando en el piano.


La historia detras de la sinfonía "Heroica" cuenta el renacer del compositor desde las cenizas, luego de haber ardido en las llamas del infierno terrenal.  La manera en que Beethoven se estableció como pianista virtuoso y compositor emergente en sus primeros diez años en Viena guarda algunas similitudes con aquella cruel escena de "Django Desencadenado" de Quentin Tarantino, en la que dos patrones de fundo ponen a pelear a muerte a sus mejores y más fuertes esclavos.  Quizás una exageración, pero las soirée musicales de la alta alcurnia eran el campo de juego donde músicos emergentes se medían con sus pares en una competencia de virtuosismo cuán duelo a muerte, todo patrocinado y organizado por los mecenas aristócratas de cada uno y para el deleite y entretención del selecto público presente.  El mayor mecenas de Beethoven en esos años fue el príncipe Karl von Lichnowsky, quien no solo lo llevó de gira por Europa en 1796 como su protegido virtuoso del piano, sino que también abrió las puertas de las familias más adineradas e influyentes del Imperio para el músico oriundo de una provincia de Alemania.  No fueron pocos los músicos que tuvieron la mala fortuna de competir con Beethoven en una batalla de improvisaciones en el pianoforte y viéndose trasquilados, debieron retirarse con la cola entre las piernas para nunca más atrevese a desafiarlo.  Todos salían ganando, el príncipe proveía a su círculo social de entretenimiento musical en sus salones, el público era testigo de impresionante atletismo musical en forma de sesiones de improvisación y cada vez que Beethoven salía airoso de estas veladas musicales, ganaba más adeptos y se consagraba como el virtuoso indiscutido de Viena.  Hasta el día que se topó con Daniel Steibelt.  El compositor alemán oriundo de Berlín llegó a Viena en 1800 con reconocimiento ganado por su propio derecho.  Una de sus marcas registradas era el llamado "efecto tormenta" que no era otra cosa que tocar repetidamente una o dos notas en el teclado creando una cortina de sonido que emulaba un relampago.  La noche en la que Steibelt compitió con Beethoven, el músico de Berlín fue patrocinado por el príncipe Lobkowitz mientras Beethoven, por su mecenas el príncipe Lichnowsky.  Fue el turno de Steibelt para dar el puntapié al duelo musical y no dudó en usar y abusar de sus efectos tremolo en el pianoforte, que le regalaron aplausos y ovaciones de los presentes.  Luego fue el turno de Beethoven quien, refunfuñando y de mala gana se dirigió al piano, agarró la partitura de su competencia, la dio vuelta patas para arriba y con un dedo martilló en el teclado las notas originalmente escritas en la llave de Fa, pero dadas vueltas Beethoven las leyó como redistribuidas en la llave de Sol.  Sobre ese motivo musical banal fue que el compositor de Bonn improvisó y no dudó en ridiculizar las famosas "tormentas" de Steibelt.  Se dice que las improvisaciones al pianoforte de Beethoven tenían siempre una duración que sobrepasaba la hora, por lo que quizás en esta oportunidad no fue distinto.  Steibelt se retiró humillado y prometió nunca más poner un pie en Viena mientras Beethoven viviera allí.  Cumplió su palabra.

Eso en el plano profesional.  El plano personal en estos años, al borde de sus treinta, está marcado por el avance despiadado de su sordera.  Luego de la vuelta a Viena de su gira por Praga, Dresden, Leipzig y Berlín en la primavera-verano de 1796, Beethoven, entonces de veinticinco años, cayó enfermo en cama sufriendo una fiebre fulminante.  En algún momento del verano y otoño del mismo año debe haberse recuperado, pues en Noviembre de aquel año se embarcó en otra gira.  Es desde este punto en adelante que sus acúfenos, migrañas y constantes dolores en sus oídos comienzan.  Para 1801 se cree que Beethoven había perdido un sesenta por ciento de su audición.  Más allá de obligarlo a reconsiderar su carrera como virtuoso del piano, el mayor dolor que parece aquejarlo al punto de sumirlo en una profunda depresión en el verano de 1802, es el aislamiento de toda compañía humana.  En el conocido "Testamento de Heiligenstadt", Beethoven confiesa a sus hermanos la cruz que hace años lleva a cuestas, sus pensamientos suicidas, lo mucho que le hiere el prejuicio de los demás cuando lo ven ignorarlos o no aceptar invitaciones a eventos sociales.  Se describe como una persona naturalmente gregaria y amigo de las tertulias, pero confiesa su pavor a ser descubierto como un músico emergente quedandose sordo por lo que justifica así su aislamiento de reuniones sociales y reduce en este tiempo el contacto social a lo más minimo y necesario.  Sin lugar a dudas esta limitación lo afecta también como hombre.  En 1799 contrae matrimonio la mujer que muchos biografos y musicólogos consideran la destinataria de la carta a la "Amada Inmortal", la condesa Josephine von Brunsvik.  A los tiernos diecinueve años su madre la obliga a contraer matrimonio con el conde Joseph von Deym, veintisiete años mayor que ella.  Beethoven, hasta entonces profesor de piano de ella y su hermana, la condesa Therese von Brunsvik, debe tragarse las lágrimas y hacer la vista gorda a la realidad: un plebeyo como él no podría nunca pretender a una aristócrata como su amada Josephine, no bajo el regimen de monarquías imperante hasta entonces en Europa.

La condesa Josephine von Deym


El motivo musical del último movimiento de la sinfonía "Heroica" proviene del homónimo de la música escrita por Beethoven para el ballet "Las Criaturas de Prometeo" en 1801.  En los años 1801-02 Beethoven parecía no poder olvidar ese motivo musical de la partitura al revés de Steibelt sobre el que improvisó esa noche en los salones de su mecenas.  Tanto así que el finale de la música para el ballet es una versión orquestada de sus variaciones para piano sobre el mismo motivo.  En el final de la tercera sinfonía Beethoven nos revela la génesis de su trabajo.  No solo basado en una improvisación cualquiera provocado por un insolente que se atrevió a desafiarlo, no solo una versión más soberbia de la música incidental para un ballet.  Beethoven se establece en contra de todos los obstaculos y propios pronósticos, en un compositor capaz de crear un trabajo de la embergadura de una sinfonía tomada de un motivo cualquiera.  Beethoven fue uno de los hijos de la Ilustración europea de fines del siglo XVIII y como tal, estaba a tono con la revolución que había comenzado en París para destituir de sus posiciones de poder a los monarcas y sus aristócratas.  En "Heroica" Beethoven nos cuenta en cuatro actos, su apoyo original a la figura de Napoleón en Europa y lo que su revolución estaba significando para rearmar el mapa del continente barriendo así con la aborrecida burguesía, pero al haber sabido de la noticia de la conoración como Emperador del general francés, la rabia y decepción de Beethoven fue tal, que rasgó con el filo de un cuchillo el nombre del otrora cónsul francés de la primera página del manuscrito de la partitura como dedicación original.  Pasó entonces a llamarse "a la memoria de un gran hombre".  El heroismo que escuchamos en cuatro movimientos quizás tengan algo que ver con los ideales de la revolución francesa en los cuales Beethoven tanto creía y tanta fé hubo depositado, sin embargo termina convirtiéndose en el relato de un hombre y su destino adverso.  Cómo Beethoven renació de las cenizas aceptando su creciente sordera y su nueva posición como artista, debiendo de a poco comenzar a despedirse de los escenarios para encontrar nueva identidad como músico meramente en el trabajo composicional.

Coronación de Napoleón Bonaparte el 2 de Diciembre de 1804 en la catedral de Notre Dame de París.

Primer Movimiento




Antes que todo Beethoven nos hace callar con dos acordes como dos bofetadas para prestar atención sin chistar.  Y luego nos pone en contexto.  Como una cámara desde el cielo, las primeras barras de este movimiento se van de a poco acercando a la realidad de nuestro héroe, sea Napoleón, Beethoven,  Europa o incluso el mismo oyente.  Nos cuenta de todo lo que está en juego y las pocas opciones que quedan.  Nos muestra también cuán obstinado nuestro héroe es, y cómo ve la realidad a su alrededor, una de muchas posibilidades pero amenazada por las constantes sombras de algo que se insinua como amenazante en la lontananza y expresada por armonías en tonalidades menores y disonancias.

Segundo Movimiento




Beethoven mismo le dió el título de "Marcha Funebre".  Algo ha muerto, quizás en su sentido más etimológico de la palabra, como también es el cambio a otro estado el que presenciamos en este funeral que nos drena la energía.  Beethoven se pregunta las interrogantes que lo más probable lo mantuvieron noches y noches en vela durante esos últimos seis o siete años desde la aparición de los primeros síntomas de sordera.  Preguntas que dan vueltas como un círculo vicioso sin respuestas en una Fuga que demanda toda nuestra vitalidad y nos deja extenuados y vacios.  Luego la pompa funebre se pone en marcha, la vemos avanzar a paso lento pero seguro a su último destino.  No hay más vuelta que darle.

Tercer Movimiento




Nos secamos las lágrimas y nos sonamos la nariz. El llanto de la noche anterior queda atrás y hoy es un nuevo día.  Es hora de poner manos a la obra, tenemos en nuestras manos la respuesta.  La única solución es avanzar hacia adelante y no mirar atrás.  Los engranajes del motor de nuestros planes son representados por las cuerdas que llevan un ritmo insaciable como máquina imparable que arrasa con todo.  Nos sentimos invencibles.

Cuarto Movimiento




El artista al desnudo.  Luego de una introducción pomposa y soberbia que pretende hacernos prestar atención al igual que esos dos acordes con los que abre el primer movimiento, Beethoven nos presenta el motivo musical que no ha podido sacar de su cabeza por los pasados cuatro años, el cual incluso utilizó para los 12 Contredances para Orquestra WoO 14 compuestos a comisión para los salones de baile de Viena a comienzos del siglo XIX.  Las mismas notas que esa noche tocó de la partitura dada vuelta de Daniel Steibelt y martilló en las teclas del pianoforte burlándose de tan vulgar melodía.  Beethoven la convierte aquí en una presentación de sí mismo, se para detrás del podio y toma la batuta para demostrar su poderío indiscuble como artista y músico, el mejor, capaz de hacer del conjunto de notas más ordinario la sinfonía más trascendental.  Hacia el final de este movimiento casi pareciera que Beethoven nos agradece por haber escuchado su desahogo y cierra su trabajo con fuegos artificiales, haciendo una reverencia al público y cerrando las cortinas.


El primer ensayo de la tercera sinfonía de Beethoven se llevó a cabo en los salones del príncipe Lobkowitz (a quién Beethoven terminó dedicando la sinfonía) en el verano de 1804.  La recepción de este trabajo por la opinión pública fue diversa.  Se cree que Joseph Haydn, el padre del formato de sinfonía y quien fuera su profesor en los primeros años de Beethoven en Viena, dijo que era un trabajo demasiado largo y bullicioso.  En el estreno de la sinfonía para el público el 7 de Abril de 1805 en el Theater an der Wien, se dice incluso que desde la galeria se escuchó a alguien gritar "¡Pagaría un ducado para que termine ahora!"  Al terminar el concierto Beethoven, quien había dirigido la orquesta, se fue del escenario sin despedirse del público.  Las críticas que le siguieron se dividieron entre aquellos que la consideraban una obra maestra no apta para las mentes pequeñas y que solo con los años sería apreciada debidamente, y los que creían que, de seguir este camino, el compositor tendría que despedirse de los éxitos para los públicos masivos.  Con una duración que oscila entre los cuarenta a los cincuenta minutos de principio a fin, la tercera sinfonía de Beethoven debe haber demandado un tipo de atención y concentración al cual el público de la época simplemente no estaba acostumbrado.  Hasta entonces la sinfonía más larga era la "Jupiter" de Mozart con unos cuarenta minutos de duración.  La "Heroica" con sus ritmos sincopados, constantes cambios entre tonalidades menores y mayores, disonancias y Fugas debe haber sido increíblemente compleja de abordar, digerir y escuchar.  Una mazamorra de ideas dichas con la mayor precisión de la cual Beethoven hasta entonces era capaz.

Si hay una manera simple de describir esta descomunal sinfonía, sería decir que se acerca a una catarsis necesaria con la cual el compositor trató de exorcisar una etapa de su vida.  Luego de cinco años viviendo con el mismo motivo musical, la base del tema de Steibelt dado vueltas e incluído en los más diversos trabajos de distintas embergaduras durante ese período, Beethoven debe de seguro haber experimentado algo así como el efecto "Thruman Show" luego del cierre de su concierto estreno esa primavera de 1805.  A través de cuatro movimientos nos contó cómo se sintió la vida para él durante esos años, los primeros del nuevo siglo, los primeros de su tercera década de vida, los primeros asimiliando su nuevo estatus de compositor alejado de los escenarios como primera fuente de dinero.  Años en los que su mayor héroe político quien encarnaba en sí los ideales de la Ilustración, defraudó a todos quienes creían en él cuando se coronó Emperador de Francia.  Beethoven cierra el capítulo y da vuelta la página y nos deja de regalo para la posterioridad su relato.