lunes, 15 de enero de 2018

Winterreise de Schubert: Más que un ciclo de Lieder (Segunda parte)



Primera parte

Winterreise evoca ese tipo de dolor que la gran mayoría hemos sentido. Cuando nos hemos visto envueltos en un problema o hemos sufrido una decepción de tal magnitud, que al despertarnos a la mañana siguiente, por una milésima de segundo al recobrar la conciencia, todo parece haber sido sólo un sueño. Una pesadilla. Pero pronto la realidad golpea como un balde de agua fría. No fue una pesadilla. Sí ocurrió. Y nos hayamos en el medio de un pozo sin salida. Oscuro y frío. Algunos lloran hechos un bollo. Otros beben hasta perder los sentidos. Otros, caminan. Arrancan, huyen quizás para encontrar el valor para volver, o para encontrar las respuestas que en el medio de la tormenta no se dejan ver. Tal vez emprenden el rumbo para encontarse a sí mismos bajo tal panorama devastador o en busca de un albergue donde lamerse las heridas en soledad.

Eso y más me evoca Winterreise. Se me parte el alma por El Caminante y más aún sabiendo que su compositor, Franz Schubert, pasó por una situación similar. En sus veintes, Schubert estaba locamente enamorado de la soprano Therese Grob. Veintiseis años después del fallecimiento del compositor, un amigo personal recordó una conversación entre ambos en la que Schubert le habría dicho: “amé a alguién muy apasionadamente y ella a mí también... Por tres años esperó que yo la desposara, pero no pude encontrar una posición que me permitiera proveer para los dos”. Bajo el régimen del primer ministro del Imperio austriaco, Klemens von Metternich, se dictó una ley que obligaba a los hombres de la clase obrera con aspiraciones a contraer matrimonio, a primero demostrar su solvencia económica para mantener una familia. La postulación al permiso sería sujeta a evaluación y sólo siendo aprobada, obtendrían del Imperio el certificado para contraer matrimonio. Por años Schubert trabajó como profesor siguiendo los pasos de su padre y esa fue su mayor estabilidad financiera. Al abandonar la sala de clases para dedicarse exclusívamente a la música, su bolsillo sufrió de tal manera, que sus amigos tenían que sacarlo de apuros económicos en más de alguna ocasión. Sus Lieder vendían bien, pues los vieneses compraban las partituras a las editoriales para cantarlas en casa y entretener tardes y noches familiares. Así y todo, Schubert no era el mejor negociador cuando se trataba de poner un valor mercantíl a su trabajo y las editoriales se aprovechaban de esto. Sólo con la ganancia de 800 Florines de su único concierto oficial en Marzo de 1828, el año de su fallecimiento, es que Schubert pudo comprarse un piano. Muchas de las canciones de Winterreise las vendió por unos veinte centavos cada una. Durante su corta vida, su música para orquesta quedó sin estrenarse, pues el compositor no contaba con el dinero inicial para contratar a los músicos, la sala de teatro y al copista para mandar a hacer partituras para todos. En 1818 fue contratado como maestro de música en el palacio Esterházy, la mítica y poderosa familia aristócrata austro-húngara que en el siglo XVIII habían sido los mecenas y empleadores de ningún otro que Joseph Haydn. Con los años Schubert desarrolló un amor platónico por la condesa Caroline Esterházy. Cuando ella le habría preguntado porqué el compositor no le había dedicado hasta entonces alguno de sus trabajos, su respuesta habría sido “¿Para qué? Todo lo que compongo es para usted”. Therese Grob terminó casándose con un panadero. Schubert nunca contrajo matrimonio.





En algún momento de 1822 Schubert, de entonces veinticinco años, contrajo sífilis. Los siguientes seis últimos años de su vida estuvieron marcados por severos episodios de decaídas en su salud y entrelazados con períodos de aparente mejora pasajera. Se especula que el compositor habría contraído la enfermedad a través de una prostituta. Largo han debatido sus biografos sobre su supuesta doble vida, algunos han incluso llegado a especular sobre su homosexualidad. Lo cierto es que en 1824 Schubert cayó en una profunda depresión, comprobable por su mismo puño y letra cuando a un amigo escribió: “En una palabra, me siento el más infeliz, el ser más desgraciado del mundo. Imagínate a un hombre cuya salud nunca recuperará, y a quien en su desesperación por esto siempre empeora las cosas en vez de mejorarlas; a un hombre cuyas esperanzas más brillantes han terminado en nada, a quien la felicidad del amor y la amistad le ofrece nada más que tristeza, a quien el sentimiento (la inspiración del sentimiento al menos) por la belleza amenaza abandonarlo; y pregúntate si es que no es desgraciado, infeliz? Mi paz se ha ido, mi corazón me pesa, nunca la encontraré, nunca más... Puedo decir diariamente, por cada noche que me voy a dormir, espero que no despierte nunca más, y cada mañana renueva mi duelo por el ayer...”


Las canciones (segunda parte)


Die Post (El correo)

Von der Straße her ein Posthorn klingt.
Was hat es, daß es so hoch aufspringt,
Mein Herz ?
Die Post bringt keinen Brief für dich.
Was drängst du denn so wunderlich,
Mein Herz ?
Nun ja, die Post kommt aus der Stadt,
Wo ich ein liebes Liebchen hat,
Mein Herz !
Willst wohl einmal hinüberseh'n
Und fragen, wie es dort mag geh'n,
Mein Herz ?
Allí por la calle suena el cuerno del correo.
¿Qué pasa que brincas tanto,
Corazón mío?
El correo no trae ninguna carta para tí.
¿Qué te oprime tan peculiarmente,
Corazón mío?
Bueno, el correo viene de la ciudad
Donde tenía a mi querida amada,
Corazón mío!
¿Quieres acaso curiosear
Y preguntar cómo va por allí,
Corazón mío?



En la ciudad donde El Caminante deambula pasa el cartero. Viene del pueblo de su amada. Casi como una reacción reflejo olvida lo acontecido la noche anterior y se emociona con la posibilidad de recibir noticias suyas. Tal y como en los meses pasados debe haber esperado con ansias alguna misiva de ella. El cartero no trae ninguna para él.






Der greise Kopf (La cabeza cana)


Der Reif hatt' einen weißen Schein
Mir übers Haar gestreuet;
Da glaubt' ich schon ein Greis zu sein
Und hab' mich sehr gefreuet.
Doch bald ist er hinweggetaut,
Hab' wieder schwarze Haare,
Daß mir's vor meiner Jugend graut -
Wie weit noch bis zur Bahre !
Vom Abendrot zum Morgenlicht
Ward mancher Kopf zum Greise.
Wer glaubt's ? und meiner ward es nicht
Auf dieser ganzen Reise !
La escarcha ha dejado un aspecto blanco
Sobre mi cabello;
Ya creo que soy un viejo,
Y me he alegrado mucho.
Pero tan pronto como deshiele,
Tendré de nuevo pelo negro,
Que me horrorice por mi juventud -
¡Cuánto aún hasta el féretro!
Del rojo crepúsculo hasta la luz de la mañana
Han encanecido algunas cabezas.
¿Quién lo creerá? ¡Que no lo haya hecho yo
A lo largo de este viaje!


El Caminante es víctima de su propia juventud y de este golpe bajo de la vida. Ya ha soportado demasiado, quiere que pronto acabe su andar, quiere envejecer para ya llegar a la tumba y terminar así su sufrir. Por un momento creyó verse la cabellera blanca de canas, mas era la escarcha de la nieve. Si tantas personas a su alrededor envejecen de la noche a la mañana, ¿Por qué no él con todo este viaje a cuestas?




Die Krähe (El cuervo)


Eine Krähe war mit mir
Aus der Stadt gezogen,
Ist bis heute für und für
Um mein Haupt geflogen.
Krähe, wunderliches Tier,
Willst mich nicht verlassen ?
Meinst wohl, bald als Beute hier
Meinen Leib zu fassen ?
Nun, es wird nicht weit mehr geh'n
An dem Wanderstabe.
Krähe, laß mich endlich seh'n
Treue bis zum Grabe !
Un cuervo me había acompañado
Desde que salí de la ciudad.
Y hasta hoy me ha seguido
Volando sobre mi cabeza.
Cuervo, extraña criatura,
¿No quieres abandonarme?
¿Acaso pretendes pronto aquí
Atrapar mi cuerpo como botín?
Bien, no le queda mucho por andar
A mi báculo.
¡Cuervo, muestrame por lo menos
Fidelidad hasta la tumba!


El viaje se ha vuelto una lucha por la sobrevivencia. El Caminante está débil y cansado y como fiel acompañante, vuela con él un cuervo que no lo pierde de vista. El Caminante comienza a enfrentarse con su propia mortalidad. Este viaje puede que sea su fin. No le queda mucho para convertirse en presa para aves de rapiña.




Letzte Hoffnung (Última esperanza)


Hie und da ist an den Bäumen
Manches bunte Blatt zu seh'n,
Und ich bleibe vor den Bäumen
Oftmals in Gedanken steh'n.
Schaue nach dem einen Blatte,
Hänge meine Hoffnung dran;
Spielt der Wind mit meinem Blatte,
Zittr' ich, was ich zittern kann.
Ach, und fällt das Blatt zu Boden,
Fällt mit ihm die Hoffnung ab;
Fall' ich selber mit zu Boden,
Wein' auf meiner Hoffnung Grab.
Aquí y allá se puede ver en los árboles
Alguna colorida hoja.
Y permanezco ante ellos
A menudo perdido en mis pensamientos.
Miro a una hoja,
Pongo en ella mi esperanza;
Juega el viento con mi hoja,
Y tiemblo lo que se puede temblar.
¡Ah! y si cae la hoja al suelo,
Cae con ella mi esperanza;
Y yo mismo hasta el suelo,
Llorando sobre la tumba de mi esperanza.


La cordura comienza a abandonar al Caminante. El piano acompañante nos lo confirma. En el medio de la nada sin un alma alrededor, encuentra un árbol con algunas hojas que se rehusan a caer. El viento sopla y las mueve. Penden de un hilo. En cada una de las pocas hojas restantes del árbol, El Caminante deposita sus propias pocas esperanzas. Como el viento juega con ellas, su destino juega con las pocas opciones que todavía le quedan.



Im Dorfe (En el pueblo)


Es bellen die Hunde, es rasseln die Ketten;
Es schlafen die Menschen in ihren Betten,
Träumen sich manches, was sie nicht haben,
Tun sich im Guten und Argen erlaben;
Und morgen früh ist alles zerflossen.

Je nun, sie haben ihr Teil genossen
Und hoffen, was sie noch übrig ließen,
Doch wieder zu finden auf ihren Kissen.
Bellt mich nur fort, ihr wachen Hunde,
Laßt mich nicht ruh'n in der Schlummerstunde!

Ich bin zu Ende mit allen Träumen.
Was will ich unter den Schläfern säumen ?
Ladran los perros, chirrían las cadenas;
La gente duerme en sus camas,
Algunos sueñan con lo que no tienen,
Se alimentan del bien y el mal.
Y por la mañana temprano todo
se desvanece.
Sí, tuvieron su porción de felicidad,
Y esperan que lo que todavía les resta,
Aún lo encuentren en sus almohadas.
¡Ladradme bien, perros guardianes!
¡No me dejéis descansar en las
horas de sueño!
He terminado con todos mis sueños,
¿Qué puedo esperar entre
los durmientes?




La noche ha caído. Lleno de cinismo y amargura, El Caminante culpa a los pueblerinos por su desgracia, como si fueran ellos una extensión de los padres de su amada. Pasa por afuera de las casas y envidia su suerte, pues lo que muchos dan por sentado, un hogar y una familia, para él sería un lujo y parece estarle negado para siempre.






Der stürmische Morgen (La mañana tormentosa)


Wie hat der Sturm zerrissen
Des Himmels graues Kleid !
Die Wolkenfetzen flattern
Umher im matten Streit.
Und rote Feuerflammen
Zieh'n zwischen ihnen hin;
Das nenn' ich einen Morgen
So recht nach meinem Sinn !
Mein Herz sieht an dem Himmel
Gemalt sein eig'nes Bild -
Es ist nichts als der Winter,
Der Winter kalt und wild !
¡Cómo ha roto la tormenta
El gris vestido del cielo!
Los jirones de las nubes revolotean
En fatigada lucha.
Y rojas llamas de fuego
Se interponen entre ellas:
¡A eso llamo una mañana
Acorde con mis sentimientos!
Mi corazón ve en el cielo
Dibujada su propia imagen -
No es más que el invierno,
¡El invierno, frío y feroz!




Vuelve la tormenta. El Caminante la recibe con los brazos abiertos. Las nubes se revuelven y pelean en los cielos con el viento huracanado. El Caminante reconoce en la turbulencia de las alturas a su propio corazón. El invierno no perdona a nadie, tenga refugio o no.






Täuschung (Engaño)


Ein Licht tanzt freundlich vor mir her,
Ich folg' ihm nach die Kreuz und Quer;
Ich folg' ihm gern und seh's ihm an,
Daß es verlockt den Wandersmann.
Ach ! wer wie ich so elend ist,
Gibt gern sich hin der bunten List,
Die hinter Eis und Nacht und Graus,
Ihm weist ein helles, warmes Haus.
Und eine liebe Seele drin. -
Nur Täuschung ist für mich Gewinn !
Una luz baila amigable ante mí,
La sigo a diestro y siniestro;
La sigo con ganas y la miro,
Hasta que tienta al caminante.
Ah! Quien es tan desgraciado como yo,
Se da gustoso a la colorida treta,
Que tras el hielo y la noche y el horror
Le señala una casa, cálida y luminosa.
Y dentro un alma amorosa. -
¡Sólo he conseguido engañarme!


El Caminante se acerca a una casa. Su luz desde el interior le seduce, lo llama. Allí dentro hay abrigo, un hogar, un plato de comida caliente, descanso. Por un momento El Caminante la sigue, quiere alcanzarla y sabe que es un engaño. Cansado y hambriento luego de todo un día de deambular en la nieve, El Caminante es presa fácil de un espejismo y sin oponer resistencia se deja seducir por la ilusión de un hogar y un alma caritativa.




Der Wegweiser (La señal)


Was vermeid' ich denn die Wege,
Wo die ander'n Wand'rer geh'n,
Suche mir versteckte Stege,
Durch verschneite Felsenhöh'n ?
Habe ja doch nichts begangen,
Daß ich Menschen sollte scheu'n, -
Welch ein törichtes Verlangen
Treibt mich in die Wüstenei'n ?
Weiser stehen auf den Straßen,
Weisen auf die Städte zu.
Und ich wandre sonder Maßen
Ohne Ruh' und suche Ruh'.
Einen Weiser seh' ich stehen
Unverrückt vor meinem Blick;
Eine Straße muß ich gehen,
Die noch keiner ging zurück.
¿Por qué evito las rutas,
Que llevan los otros caminantes,
Y busco sendas ocultas
A través de nevadas alturas rocosas?
No he cometido nada,
Por lo que temer a los hombres.
¿Qué necio anhelo
Me lleva hasta los desiertos?
Hay señales junto a los caminos,
Señalando hacia las ciudades;
Pero camino sin cesar,
Sin descanso y busco descanso.
Veo una señal,
Inmóvil ante mis ojos.
Debo seguir un camino,
Del que aún nadie regresó.


Durante todo su deambular, El Caminante ha optado mantenerse apartado de la vista de otros. Ha tomado rutas rebuscadas y peligrosas, sólo para que nadie le vea mal herido, cabisbajo, deshonrrado. ¿Se averguenza o es que busca soledad para pensar? Sin descanso continua y es un poco de descanso lo que necesita. El Caminante ve un letrero apuntando hacia un camino. Decide tomarlo y sabe que de allí no volverá jamás.




Das Wirtshaus (La posada)


Auf einen Totenacker
Hat mich mein Weg gebracht;
Allhier will ich einkehren,
Hab ich bei mir gedacht.
Ihr grünen Totenkränze
Könnt wohl die Zeichen sein,
Die müde Wand'rer laden
Ins kühle Wirtshaus ein.
Sind denn in diesem Hause
Die Kammern all' besetzt ?
Bin matt zum Niedersinken,
Bin tödlich schwer verletzt.
O unbarmherz'ge Schenke,
Doch weisest du mich ab ?
Nun weiter denn, nur weiter,
Mein treuer Wanderstab !
A un cementerio
Me ha traído mi camino.
Aquí quiero alojarme,
He pensado para mí.
Vosotras, verdes coronas mortuorias,
Bien podéis ser las señales,
Que invitan al cansado caminante
A la fría posada.
¿Están en esta casa
Todas las habitaciones llenas?
Estoy débil como para yacer,
Herido de muerte.
Oh, inhóspito posadero,
¿Me rechazas?
Adelante pues, adelante,
¡Mi fiel bastón!



El Caminante llega a un cementerio y quiere hospedarse ahí. ¿Por qué no, si está ya herido de muerte y tan cansado? Todas las habitaciones están ocupadas, no hay cabida para sus huesos cansados. Se ve obligado a continuar.







Mut (Coraje)


Fliegt der Schnee mir ins Gesicht,
Schüttl' ich ihn herunter.
Wenn mein Herz im Busen spricht,
Sing' ich hell und munter.
Höre nicht, was es mir sagt,
Habe keine Ohren;
Fühle nicht, was es mir klagt,
Klagen ist für Toren.
Lustig in die Welt hinein
Gegen Wind und Wetter !
Will kein Gott auf Erden sein,
Sind wir selber Götter !
Vuela la nieve contra mi cara,
Y me la aparto.
Cuando mi corazón habla en el pecho,
Canto alegre y claramente.
No oigo lo que me dice,
No tengo oídos,
Ni siento sus quejas,
Quejarse es de locos.
¡Alegre dentro del mundo
Contra viento y marea!
¡Si no hay Dios en la tierra,
Dioses somos nosotros mismos!




Si él mismo no se saca del pozo, nada ni nadie más lo hará. El Caminante reune todo el valor que en algún lugar de su ser todavía le queda y se empuja a continuar. Se da cuenta que está solo, que no hay dioses en la Tierra, que tiene que ser él mismo quien se sacuda la nieve de la cara y no se rinda.






Die Nebensonnen (El Parhelio)


Drei Sonnen sah ich am Himmel steh'n,
Hab' lang und fest sie angeseh'n;
Und sie auch standen da so stier,
Als wollten sie nicht weg von mir.
Ach, meine Sonnen seid ihr nicht !
Schaut ander'n doch ins Angesicht !
Ja, neulich hatt' ich auch wohl drei;
Nun sind hinab die besten zwei.
Ging nur die dritt' erst hinterdrein !
Im Dunkel wird mir wohler sein.
Ví tres soles en el cielo,
Los he observado larga y fijamente;
Y ellos también permanecían tan impasibles,
Como si no quisieran dejarme.
Ah, ¡No sois vosotros mis soles!
Mirad entonces a otro a la cara:
Sí, últimamente también tuve yo otros tres;
Ya se fueron los dos mejores.
¡Váyase también el tercero!
En la oscuridad estaré mucho mejor.


  
El Caminante se encuentra con el fenómeno parhelio en su camino. Observa por un buen rato el sol en el cielo con sus dos réplicas a los costados. Esos no son sus soles. Extraña los tres soles que hace tiempo tuvo. El astro de luz de los meses cálidos pasados y los dos ojos radiantes de su amada a su lado. Los mejores dos soles, los ojos de su amada, ya le han abandonado y ahora El Caminante sólo desea que el tercero también se apague y le deje en la oscuridad infinita de una vez por todas.


Der Leiermann (El organillero)


Drüben hinterm Dorfe
Steht ein Leiermann
Und mit starren Fingern
Dreht er was er kann.
Barfuß auf dem Eise
Wankt er hin und her
Und sein kleiner Teller
Bleibt ihm immer leer.
Keiner mag ihn hören,
Keiner sieht ihn an,
Und die Hunde knurren
Um den alten Mann.
Und er läßt es gehen,
Alles wie es will,
Dreht, und seine Leier
Steht ihm nimmer still.
Wunderlicher Alter !
Soll ich mit dir geh'n ?
Willst zu meinen Liedern
Deine Leier dreh'n ?
En las afueras del pueblo
Hay un organillero,
Y con dedos entumecidos
Toca lo que puede.
Descalzo sobre el hielo
Vaga aquí y allá,
Y su pequeño plato
Siempre permanece vacío.
Nadie parece oirle,
Nadie le ve,
Y los perros gruñen
Alrededor del viejo.
Y él deja que todo ocurra,
Como quiera,
Toca y su lira
Nunca está quieta.
Viejo extraño,
¿Debería seguirte?
¿Quieres acompañar con tu
Lira mis canciones?




Si nadie parece ver ni escuchar al organillero apesar que los perros le ladran, ¿existe en realidad? El Caminante parece ser el único que lo ve. Da vuelta a la manivela de su órgano sin cesar. ¿Es la Muerte que lo viene a buscar o se ha convertido El Caminante en un ser invisible e indeseable como él? Quizás deba seguirle.



***


Los amigos cercanos a Schubert describieron el período de composición de Winterreise durante 1827 como profundamente melancólico. Su amigo Johann  Mayrhofen recordó cuando otro amigo en común, Joseph von Spaun, le preguntó al compositor por su sombrío estado de ánimo, a lo que Schubert habría contestado: “‘Ven a la casa de [Franz von] Schober hoy y tocaré un ciclo de canciones terroríficas; me han afectado más de lo que ha sido el caso con cualquiera otras canciones’. Luego, con la voz llena de sentimiento, cantó Winterreise completo para nosotros. Todos quedamos perplejos por el ánimo lúgubre de estas canciones, y Schober dijo que sólo una canción, Der Lindenbaum, le había gustado. A esto Schubert saltó y respondió ‘estas canciones me complacen más que todas las demás, y con el paso del tiempo los complacerán a ustedes también’”.

Hoy Winterreise se considera el ciclo de Lieder más exigente para tanto pianista como cantante y sigue liderando este género. Originalmente compuesto para ser interpretado en pequeñas reuniones o en casa con familia y amigos como el resto de las Lieder entonces en la segunda década del siglo XIX, hoy cada presentación de este épico y trágico relato poético y musical llena salas de teatro alrededor del mundo. 


El hermoso dibujo de la artista rusa Demona Silverwing que representa la últimas horas de vida de Franz Schubert. A su lado de pie está la versión de anime del compositor en la serie japonesa Classicaloid mostrándole un nuevo amanecer.

¡Schubert sigue vivo a través de su música!





lunes, 8 de enero de 2018

Winterreise de Schubert: Más que un ciclo de Lieder (Primera parte)


Frío. Desolación. Desesperanza. Frustración. Fuerza interior. Sueños rotos. Desesperación. Cinismo. Indiferencia. Esto y más transmite el ciclo de Lieder para voz y piano basados  en veinticuatro poemas, Winterreise, Viaje de Invierno. Fue el último trabajo de su compositor Franz Schubert. En su lecho de muerte perdiendo la batalla contra la sífilis a los treinta y un años, hizo las correcciones a las partituras de la segunda parte del ciclo.

Quizás sea el primer álbum conceptual en la historia de la música. La serie de veinticuatro poemas escritos por el alemán Wilhelm Müller publicados en dos partes en 1823 y 1824 fueron originalmente pensados para entretener a un grupo de amigos del escritor y para ser leídos en los fríos meses de invierno. Schubert descubrió en una revista la primera parte consistente de doce poemas en el año 1827. Nunca conoció a Müller pero ya en 1824 había musicalizado otro grupo de poemas del escritor que forman el primer ciclo de Lieder del compositor, Die Schöne Müllerin, La Bella Molinera. Cuando Schubert ya había musicalizado los primeros doce de Winterreise, se encuentra al siguiente año, 1828, con una versión actualizada de los doce poemas más otros doce y reordenados por el escritor para hacer sentido a la narrativa. Schubert, en vez de reordenar sus Lieder basadas en ellos para agregar los doce nuevos, simplemente los adjuntó como secuencia a la primera parte, creando así un relato un tanto inconexto pero, a su vez, abstracto e introvertido. Logrando una textura y atmósfera distanta de la que Müller había pensado, Schubert nos entrega un relato desolador del punto de vista del protagonista.

La trama


Se dice que este ciclo está pensado para un cantante hombre y joven. Sin perjuicio de ello, Winterreise ha sido grabado inumerables veces por cantantes femeninas y masculinos de todos los registros y colores de voces imaginables. Der Wanderer, El Caminante, como se le llama al protagonista de Winterreise, sufre el rechazo por parte de su amada. No sabemos porqué pero la segunda canción, Die Wetterfahne, La veleta, nos da una pista de la razón. Se trata de dinero. Algo no poco común en la segunda década del siglo XIX en Europa. La propuestra de matrimonio del Caminante ha sido rechaza por la familia de la chica en beneficio de dar consentimiento a un novio más adinerado o mejor posicionado en la sociedad. Herido en su orgullo y con el corazón destrozado, El Caminante se marcha de la casa de su amada en el medio de la noche y en pleno invierno austriaco. Parte sin rumbo en la noche gélida. El relato se vuelve nostálgico y doloroso, a ratos unos leves halos de esperanza dan fuerza interior al Caminante para seguir su andar. No tiene destino. Se aleja del pueblo, se adentra en el campo cubierto de blanco. Algunos recuerdos fugaces de tiempos mejores aparecen por aquí y allá, pero pronto la realidad se hace presente. Al avanzar en las veinticuatro canciones, la narración se vuelve mucho más interna, psicológica, incluso rayando en la locura.

Como escritora, me fascina la historia que este ciclo de Lieder cuenta. Al considerar las veinticuatro canciones podemos concluir que estamos frente a un arco negativo del personaje, aunque el final sea abierto a interpretación. Es el típico conflicto de hombre contra la naturaleza y sí mismo. La poesía es exquisíta y en pocas líneas, expresa tanto. El uso de símbolos como la primavera, las flores, el prado verde o los pájaros para rememorar mejores momentos pasados y el de la nieve, el frío, los cuervos, las lágrimas ardientes y el viento como síntomas del dolor y la desesperanza son herramientas que bien podemos incluir en nuestras historias. Winterreise enseña mucho sobre cómo contar un cuento. En todo momento los poemas son el punto de vista interior del protagonista y nos enseña a meternos dentro de la psique del personaje.

No pretendo hacer un análisis como el libro de casi seiscientas páginas que el tenor e historiador inglés Ian Bostridge (quien protagoniza los videos de más abajo) escribió y publicó sobre este ciclo de Lieder hace unos años atrás. Sino más bien desmenuzar qué evocan estas canciones en mí y compartir algo de la película que veo en mi cabeza cada vez que escucho las veinticuatro en el orden que Schubert le dio.

Las canciones (primera parte)


Gute Nacht (Buenas noches)


Fremd bin ich eingezogen,
Fremd zieh' ich wieder aus.
Der Mai war mir gewogen
Mit manchem Blumenstrauß.
Das Mädchen sprach von Liebe,
Die Mutter gar von Eh', -
Nun ist die Welt so trübe,
Der Weg gehüllt in Schnee.
Ich kann zu meiner Reisen
Nicht wählen mit der Zeit,
Muß selbst den Weg mir weisen
In dieser Dunkelheit.
Es zieht ein Mondenschatten
Als mein Gefährte mit,
Und auf den weißen Matten
Such' ich des Wildes Tritt.
Was soll ich länger weilen,
Daß man mich trieb hinaus ?
Laß irre Hunde heulen
Vor ihres Herren Haus;
Die Liebe liebt das Wandern -
Gott hat sie so gemacht -
Von einem zu dem andern.
Fein Liebchen, gute Nacht !
Will dich im Traum nicht stören,
Wär schad' um deine Ruh'.
Sollst meinen Tritt nicht hören -
Sacht, sacht die Türe zu !
Schreib im Vorübergehen
Ans Tor dir: Gute Nacht,
Damit du mögest sehen,
An dich hab' ich gedacht.
Como un extraño he llegado
Como un extraño me marcho.
Mayo me agasajó
Con ramos de flores.
La muchacha habló de amor
Su madre hasta de matrimonio,-
Ahora el mundo rebosa tristeza,
El camino envuelto en nieve.
Para mi viaje
No puedo elegir el momento,
Tengo que encontrar el camino yo mismo
En esta oscuridad.
Una sombra de la luna
Es mi acompañante,
Y por los blancos campos
Busco la huella de la fiera.
¿Tengo que esperar tanto,
Hasta que se me eche?
Aúllen perros locos
Ante la casa de su amo;
Al amor le gusta caminar-
Dios lo ha hecho así-
Desde una hasta otra.
Linda amada, ¡buenas noches!
No quiero molestar tus sueños,
Sería una pena para tu descanso,
No deberás escuchar mis pasos -
¡Cierra con cuidado!
Como despedida escribo
En tu puerta: Buenas noches,
Para que puedas ver,
Que he pensado en ti.


Ya desde los primeros acordes del piano nos dice la música que estamos en el principio del fin.  Suena como una sentencia, como si las cartas ya estuvieran echadas. El viaje comienza de noche. El Caminante no parece culpar a su amada, es más bien una decisión de sus padres. Tampoco parece tener dónde ir, como si lo hubieran acogido y ahora han cambiado de idea. Con amargura El Caminante se despide con una nota de la chica, quien todavía duerme. Los perros ladran, la luna brilla al salir al intemperie. Lo que comenzó en Mayo termina hoy en invierno.



Die Wetterfahne (La veleta)


Der Wind spielt mit der Wetterfahne
Auf meines schönen Liebchens Haus.
Da dacht' ich schon in meinem Wahne,
Sie pfiff den armen Flüchtling aus.
Er hätt' es eher bemerken sollen,
Des Hauses aufgestecktes Schild,
So hätt' er nimmer suchen wollen
Im Haus ein treues Frauenbild.
Der Wind spielt drinnen mit den Herzen
Wie auf dem Dach, nur nicht so laut.
Was fragen sie nach meinen Schmerzen ?
Ihr Kind ist eine reiche Braut.
El viento juega con la veleta
De la casa de mi bella amada.
Pensé ya en mi delirio,
Que se burlaba del pobre fugitivo.
Debería haberlo visto antes,
El letrero prendido de la casa,
Y jamás habría prentendido hallar
En ella una mujer fiel.
El viento juega dentro con los corazones
Como en el tejado, sólo que no tan fuerte.
¿Qué preguntan por mi sufrimiento?
Su hija es una novia rica.


El Caminante enfrenta el frío de la noche y el viento fuerte hace girar la veleta de la casa de su amada. Ahora ve la fachada de ese hogar con otros ojos. Debería haberselo imaginado que su amada no podría pretender nada serio con alguien como él. Dentro de la casa la familia discute qué hacer con él. Le preguntan dónde irá, qué hará. No es una preocupación sincera. Bien se han desecho de él y pronto darán la mano de su hija en matrimonio a un hombre rico y poderoso.





Gefror'ne Tränen (Lágrimas heladas)


Gefrorne Tropfen fallen
Von meinen Wangen ab:
Ob es mir denn entgangen,
Daß ich geweinet hab' ?
Ei Tränen, meine Tränen,
Und seid ihr gar so lau,
Daß ihr erstarrt zu Eise
Wie kühler Morgentau ?
Und dringt doch aus der Quelle
Der Brust so glühend heiß,
Als wolltet ihr zerschmelzen
Des ganzen Winters Eis !
Gotas heladas caen
De mis mejillas:
¿O es que acaso no me he dado cuenta
Que he llorado?
Oh lágrimas, mis lágrimas,
¿Sois tan tibias
Que os convertís en hielo
Como el frío rocío de la mañana?
Y salta del manantial
Del pecho tal ardiente calor,
Como si quisiérais derretir
Todo el hielo del invierno!


El pulso del piano bien podría representar los pasos erráticos del Caminante sobre la nieve o también cada lágrima que cae desde su mentón al suelo. La frustración e ira hace hervir sus lágrimas y llena su pecho de calor, tanto como para derretir todo el hielo del invierno. El Caminante va ensimismado en sus pensamientos sin siquiera percatarse que a lo largo de todo su andar ha llorado sin parar.







Erstarrung (Entumecimiento)


Ich such' im Schnee vergebens
Nach ihrer Tritte Spur,
Wo sie an meinem Arme
Durchstrich die grüne Flur.
Ich will den Boden küssen,
Durchdringen Eis und Schnee
Mit meinen heißen Tränen,
Bis ich die Erde seh'.
Wo find' ich eine Blüte,
Wo find' ich grünes Gras ?
Die Blumen sind erstorben,
Der Rasen sieht so blaß.
Soll denn kein Angedenken
Ich nehmen mit von hier ?
Wenn meine Schmerzen schweigen,
Wer sagt mir dann von ihr ?
Mein Herz ist wie erstorben,
Kalt starrt ihr Bild darin;
Schmilzt je das Herz mir wieder,
Fließt auch ihr Bild dahin !
Busco en la nieve en vano
Las huellas de sus pasos,
Donde ella de mi brazo
Pisaba la verde campiña.
Quiero besar el suelo,
Atravesando hielo y nieve
Con mis lágrimas ardientes
Hasta que vea la tierra.
¿Dónde encuentro una flor?
¿Dónde encuentro verde hierba?
Las flores están marchitas
El prado está tan pálido.
¿No hay ningún recuerdo
Que pueda llevarme de aquí?
Si mi dolor calla,
¿Qué me hablará de ella?
Mi corazón parece muerto,
Su imagen está fría;
Si el corazón se deshelase,
¡Fluiría con el agua su imagen!


Llega la incredulidad. No puede estar pasando. Desesperado El Caminante busca el recuerdo de su amada cuando, por ese mismo prado oscuro y nevado, meses atrás en la primavera, caminaban del brazo despreocupados y enamorados. Hoy la nieve ha destruído las flores, el pasto no tiene fuerza bajo centímetros de nieve. Todo pálido, gélido. Sólo ahora su corazón se percata de la estocada mortal de este adios. Se ha congelado dentro de su pecho y envenena cada recuerdo feliz con ella. Si su corazón pudiera sentir algo de calor de nuevo, si El Caminante algún día pudiera siquiera perdonar, quizás su recuerdo no dolería tanto como hoy y podría rememorarla sin rencor.

Der Lindenbaum (El tilo)


Am Brunnen vor dem Tore
Da steht ein Lindenbaum;
Ich träumt' in seinem Schatten
So manchen süßen Traum.
Ich schnitt in seine Rinde
So manches liebe Wort;
Es zog in Freud' und Leide
Zu ihm mich immer fort.
Ich mußt' auch heute wandern
Vorbei in tiefer Nacht,

Da hab' ich noch im Dunkeln
Die Augen zugemacht.

Und seine Zweige rauschten,
Als riefen sie mir zu:
Komm her zu mir, Geselle,
Hier find'st du deine Ruh' !
Die kalten Winde bliesen
Mir grad' ins Angesicht;

Der Hut flog mir vom Kopfe,Ich wendete mich nicht.
Nun bin ich manche Stunde

Entfernt von jenem Ort,
Und immer hör' ich's rauschen:
Du fändest Ruhe dort !
En la fuente, ante la puerta,
Hay un tilo;
Soñé en su sombra
Tantos dulces sueños.
Grabé en su corteza
Tantas palabras de amor;
Tendía en la dicha y la pena
Siempre hacia él.
También hoy tengo que pasar
Junto a él en la noche profunda.
Incluso en la oscuridad
Tengo que cerrar los ojos.

Y sus ramas susurraron
Como si me llamaran:
"Ven a mí, compañero,
¡Aquí encontrarás la paz!"
Vientos helados soplaron
Contra la cara,
El sombrero voló de mi cabeza,
No me dí la vuelta.
Ahora estoy varias horas
Alejado de aquel sitio,
Y oigo siempre el susurro:

¡Allí encontrarías la paz!

Luego de horas de caminar en plena oscuridad de la noche invernal, El Caminante se encuentra con un tilo. El tilo donde en los pasados meses de primavera y verano tomó siestas bajo su generosa sombra y soñó sobre el amor. En su corteza tatuó el nombre de su amada. Hoy el tilo se manifesta entre la oscuridad en su horizonte con los brazos abiertos como un padre contenedor. Un abrazo sincero y refugio es todo lo que El Caminante necesita en ese momento. El tilo lo llama a su lado, mas El Caminante cierra los ojos y sigue de largo.




Wasserflut (Torrente)


Manche Trän' aus meinen Augen
Ist gefallen in den Schnee;
Seine kalten Flocken saugen
Durstig ein das heiße Weh.
Wenn die Gräser sprossen wollen
Weht daher ein lauer Wind,
Und das Eis zerspringt in Schollen
Und der weiche Schnee zerrinnt.
Schnee, du weißt von meinem Sehnen,
Sag', wohin doch geht dein Lauf ?
Folge nach nur meinen Tränen,
Nimmt dich bald das Bächlein auf.
Wirst mit ihm die Stadt durchziehen,
Muntre Straßen ein und aus;
Fühlst du meine Tränen glühen,
Da ist meiner Liebsten Haus.
Varias lágrimas de mis ojos
Han caido en la nieve;
Sus fríos copos beben
Sedientos el ardiente dolor.
Cuando quiere brotar la hierba,
Sopla allí un viento suave,
Y el hielo salta en témpanos
Y la blanda nieve se derrite.
Nieve, tú conoces mis anhelos,
Dime, ¿Dónde irá tu andar?
Sigue sólo mis lágrimas,
Y pronto te perderás en la corriente.
Con ella atravesarás la ciudad,
Recorrerás las calles animadas;
Cuando sientas arder mis lágrimas,
Allí está la casa de mi amada.


Las lágrimas del Caminante alimentan la nieve a sus pies. Cada gota atraviesa los copos derritiéndolos y luego, se congelan una a una para aumentar su torrente. Cuando el invierno haya acabado, cuando su dolor se haya congelado y la nieve del prado derretido, el torrente recorrerá hasta el pueblo donde se encuentra la casa de su amada. Y entonces El Caminante sabe que todavía su recuerdo dolerá.






Auf dem Fluße (En el río)


Der du so lustig rauschtest,
Du heller, wilder Fluß,
Wie still bist du geworden,
Gibst keinen Scheidegruß.
Mit harter, starrer Rinde
Hast du dich überdeckt,
Liegst kalt und unbeweglich
Im Sande ausgestreckt.
In deine Decke grab' ich
Mit einem spitzen Stein
Den Namen meiner Liebsten
Und Stund' und Tag hinein:
Den Tag des ersten Grußes,
Den Tag, an dem ich ging;
Um Nam' und Zahlen windet
Sich ein zerbroch'ner Ring.
Mein Herz, in diesem Bache
Erkennst du nun dein Bild ?
Ob's unter seiner Rinde
Wohl auch so reißend schwillt ?
Tú que susurrabas tan alegre,
Tú claro, salvaje río,
Qué tranquilo te has vuelto,
¡No das despedida alguna!
Con dura, rígida corteza
Te has cubierto.
Permaneces frío e impasible
Extendido sobre la arena.
Grabé en tu superficie
Con una afilada piedra
El nombre de mi amada
Y la hora y el día:
El día del primer encuentro,
El día en el que me fui:
Nombre y fechas envueltos
En un anillo roto.
Corazón, ¿No reconoces
Tu imagen en este arrollo?
¿No habrá bajo su corteza
También tan rauda efusión?


El río se ha rendido al invierno y gran parte de su superficie se ha congelado. El Caminante ya no puede apreciar su torrente como en los meses pasados, sino que hoy en la gélida noche, su corteza de hielo no deja ver sus aguas. El Caminante tatua con una piedra el nombre de su amada sobre la superficie de hielo. La primera vez que la vio y el día de su partida y no puede evitar preguntarse si es que su corazón no está acaso tan congelado como la costra de hielo en la que se ha conviertido el río.





Rückblick (Mirada atrás)


Es brennt mir unter beiden Sohlen,
Tret' ich auch schon auf Eis und Schnee,
Ich möcht' nicht wieder Atem holen,
Bis ich nicht mehr die Türme seh'.
Hab' mich an jedem Stein gestoßen,
So eilt' ich zu der Stadt hinaus;
Die Krähen warfen Bäll' und Schloßen
Auf meinen Hut von jedem Haus.
Wie anders hast du mich empfangen,
Du Stadt der Unbeständigkeit !
An deinen blanken Fenstern sangen
Die Lerch' und Nachtigall im Streit.
Die runden Lindenbäume blühten,
Die klaren Rinnen rauschten hell,
Und ach, zwei Mädchenaugen glühten. -
Da war's gescheh'n um dich, Gesell !
Kommt mir der Tag in die gedanken,
Möcht' ich noch einmal rückwärts seh'n.
Möcht' ich zurücke wieder wanken,
Vor ihrem Hause stille steh'n.
Me quema bajo los dos pies,
Como si andara sobre hielo y nieve;
No podré respirar de nuevo
Hasta que no vea más las torres.
He tropezado con cada piedra,
Con tanta prisa dejo la ciudad;
Los cuervos lanzan copos y granizo
A mi sombrero desde cada casa.
Cuán distinta me recibiste,
¡Tú, ciudad de la inconsecuencia!
En tus brillantes ventanas cantaban
En pugna la alondra y el ruiseñor.
Los tilos florecían,
Los limpios regueros murmuraban claramente,
Y, ¡ah!, dos ojos de muchacha bullían, -
¡Y era por ti, compañero!
Me viene el día a la memoria,
Y quisiera mirar de nuevo hacia atrás,
Quisiera flaquear de nuevo
Y permanecer en silencio ante su casa.


El Caminante avanza a toda prisa. Sólo quiere alejarse lo más que pueda de la casa de su amada. Comienza a sentir las consecuencias de horas de viaje sin descanso en la madrugada invernal. Sus pies entumidos de frío se han tropezado con cada piedra en su camino. Llega a la ciudad que una vez en los meses pasados, visitó con ella, su amada. Entonces la ciudad lo recibió con los brotes de la primavera y el canto de los pájaros. Hoy, le es indiferente a su llegada. El sólo recuerdo de esos cálidos meses pasados y de la compañía de su amada quiere hacerlo flaquear y volver donde ella.



Irrlicht (Fuego fatuo)


In die tiefsten Felsengründe
Lockte mich ein Irrlicht hin;
Wie ich einen Ausgang finde,
Liegt nicht schwer mir in dem Sinn.
Bin gewohnt das Irregehen,
's führt ja jeder Weg zum Ziel;
Uns're Freuden, uns're Wehen,
Alles eines Irrlichts Spiel !
Durch des Bergstroms trockne Rinnen
Wind' ich ruhig mich hinab,
Jeder Strom wird's Meer gewinnen,
Jedes Leiden auch sein Grab.
En el abismo más profundo
Me atrajo un fuego fatuo;
Cómo encontrar una salida
No se me aparenta difícil.
Estoy acostumbrado a extraviarme,
Cada camino lleva a su meta:
Nuestras alegrías, nuestros anhelos,
¡Todas un juego de perdición!
Por arroyos secos de las montañas,
Voy buscando con calma.
Toda corriente encuentra su mar,
También cada pena, su tumba.



La música nos indica que quizás estemos frente a los primeros indicios de locura. El Caminante sigue una luz y no le importa si lo desvía de su ruta pues, de todas formas no tiene destino. Sabe que a la larga, cada camino llega a un causal, que cada espejismo es una trampa. Sabe que su andar no le llevará a nada bueno.


Rast (Descanso)


Nun merk' ich erst wie müd' ich bin,
Da ich zur Ruh' mich lege;
Das Wandern hielt mich munter hin
Auf unwirtbarem Wege.
Die Füße frugen nicht nach Rast,
Es war zu kalt zum Stehen;
Der Rücken fühlte keine Last,
Der Sturm half fort mich wehen.
In eines Köhlers engem Haus
Hab' Obdach ich gefunden.
Doch meine Glieder ruh'n nicht aus:
So brennen ihre Wunden.
Auch du, mein Herz, in Kampf und Sturm
So wild und so verwegen,
Fühlst in der Still' erst deinen Wurm
Mit heißem Stich sich regen !
Sólo ahora noto lo cansado que estoy,
Ahora que me echo a descansar;
Andar me mantiene despierto
Por los inhóspitos caminos.
Los pies no piden descanso,
Hace demasiado frío para permanecer parado;
La espalda no siente la carga,
La tormenta me ayuda a respirar.
En la angosta casa de un carbonero
He encontrado asilo.
Pero mis miembros no descansan,
Así queman sus heridas.
También tú, corazón, en la lucha y la tormenta
Tan arrojado y fiero,
Sólo en la tranquilidad sientes tu serpiente
Con un mordisco abrasador se agita.


Al fin El Caminante encuentra un refugio donde descansar, una pequeña choza de un carbonero. No puede dormir, las piernas y pies le duelen demasiado y con esa tranquilidad y abrigado del inhóspito clima a las afueras, su corazón comienza a sentir el dolor punzante de los últimos eventos. No debería haber detenido su andar pues, por lo menos merodeando entre rocosos caminos puede mantener la cabeza ocupada en otra cosa. La sobrevivencia. El viento huracanado y gélido le ayuda a respirar y vagabundear le anima. Es lo único que le queda.



Frühlingstraum (Sueño de primavera)


Ich träumte von bunten Blumen,
So wie sie wohl blühen im Mai;
Ich träumte von grünen Wiesen,
Von lustigem Vogelgeschrei.
Und als die Hähne krähten,
Da ward mein Auge wach;
Da war es kalt und finster,
Es schrien die Raben vom Dach.
Doch an den Fensterscheiben,
Wer malte die Blätter da ?
Ihr lacht wohl über den Träumer,
Der Blumen im Winter sah ?
Ich träumte von Lieb um Liebe,
Von einer schönen Maid,
Von Herzen und von Küssen,
Von Wonne und Seligkeit.
Und als die Hähne krähten,
Da ward mein Herze wach;
Nun sitz' ich hier alleine
Und denke dem Traume nach.
Die Augen schließ' ich wieder,
Noch schlägt das herz so warm.
Wann grünt ihr Blätter am Fenster ?
Wann halt' ich mein Liebchen im Arm ?
Soñé con coloreadas flores,
Como las que florecen en mayo;
Soñé con verdes prados,
Con el gracioso canto de los pájaros.
Y cuando cantaron los gallos,
Abrí mis ojos;
Estaba oscuro y frío,
Los cuervos graznaban en el tejado.
Pero, en los cristales de la ventana,
¿Quién pintó esas hojas?
¿Os reiréis del soñador,
Que vio flores en invierno?
Soñé con el amor por el amor,
Con una bella doncella,
Con corazones y besos,
Con deleites y dichas.
Y cuando cantaron los gallos,
Se despertó mi corazón.
Ahora me siento aquí solo,
Y recuerdo mi sueño.
Cierro los ojos de nuevo,
Aún late el corazón con calor.
¿Cuándo verdeceréis, hojas, en la ventana?
¿Cuándo tendré a mi amada entre los brazos?

El sueño y el cansancio ganan la batalla y doblegan al Caminante. Refugiado del frío en la choza, sueña con la primavera, con los prados florecidos, con el canto de los pájaros, con los besos y caricias de su amada. Tan pronto recupera la conciencia con el canto de los gallos al amanecer, se da cuenta de la pesadilla que es su realidad y el cálido sueño se desvanece en su memoria. Añora la primavera, su calor y color tanto como añora y necesita a su amada.

Einsamkeit (Soledad)


Wie eine trübe Wolke
Durch heit're Lüfte geht,
Wenn in der Tanne Wipfel
Ein mattes Lüftchen weht:
So zieh ich meine Straße
Dahin mit trägem Fuß,
Durch helles, frohes Leben
Einsam und ohne Gruß.
Ach, daß die Luft so ruhig !
Ach, daß die Welt so licht !
Als noch die Stürme tobten,
War ich so elend nicht.
Como pasa una nube oscura
Por cielos claros,
Cuando en la copa del abeto
Sopla una pesada brisa:
Así hago mi camino
Con el paso cansado,
A través de la vida clara y alegre,
Solo y sin un saludo.
Ah,¡que esté tan tranquilo el viento!
Ah, ¡que esté el mundo tan luminoso!
Cuando aun rugía la tormenta,
No me sentía tan desdichado.


Es la mañana de un nuevo día. Para todos los demás, sus vidas continuan. La tormenta ha cesado y la luz del día se refleja en el manto blanco de nieve que cubre todo. El Caminante pasa invisible por entre los pueblerinos, mientras ellos se ocupan de sus actividades, pasa él arrastrando los pies sin rumbo y ni descanso. El mero hecho que la vida continue para los otros, que la luz del día lo ciegue, que le viento haya cesado de soplar con tanta fuerza, le deprime aún más. Por lo menos en el medio del rugir de la nieve y el viento huracanado y de noche, encontraba algo de similitud con su propio dolor.



***


En la próxima entrega veremos las siguientes doce canciones. ¿Qué te evocan estas primeras doce?

miércoles, 3 de enero de 2018

Del año nuevo y el invierno alemán.



El primer año nuevo que pasé en Alemania celebré las doce de la noche en casa para luego ir a buscar algo de juerga en el pueblo. Fuimos en bici al centro mi señor esposo y yo. Craso error. Encontramos los pocos locales atestados de gente y con las puertas cerradas. Había que reservar con anticipación. Luego camino a casa volteé una esquina y maniobré mi bici sobre la nieve de tal forma, que resbalé y caí de trasero en la calle. Literalmente me resbalé hacia el nuevo año, como a los alemanes les gusta desear en esas fechas. El golpe y los quince grados Celcius bajo cero me dejaron un sabor agridulce en la boca. Hasta entonces acostumbrada cada 31 de Diciembre a ir temprano a reservar lugar a alguno de los paseos con vista al hermoso puerto de Valparaíso en mi natal Chile para ver el épico show piroténico de media hora en el mar, el frío y la nieve de Alemania al cambio de año me tomaron por sorpresa. Primero fue la curiosidad casi provinciana de caminar en la nieve muerta de frío pero feliz de hacer bolitas de nieve y jugar a lanzarlas a mi más que paciente esposo holandés que cada tanto en tanto volteaba los ojos hacia las alturas y se enternecía con mi reacción. Y luego llegó el año nuevo. Ambos en un pueblo hundido alemán sin conocer a alma alguna, nos parapetamos en casa para pasar las doce de la noche y brindar. Al año siguiente fuimos a una fiesta de año nuevo como dios manda que nos costó un ojo de la cara. Quizás queríamos desquitarnos. Y el tercero nos volvimos a quedar en casa, esta vez por elegir gastarnos un dineral en ir a ver a Paul McCarney en vivo en Colonia y sacrificar la celebración del 31 de Diciembre. Ese año, mi tercero en Alemania, ví a la media noche desde el ventanal de mi living, cómo mi vecino alemán salía a la calle cargando su cajita de fuegos artificiales. El aliento de su respiración se hacía palpable en el gélido clima y se veía desde el segundo piso. Llevaba un cigarrillo colgando de los labios. Debía haber cerca de quince grados Celcius bajo cero. Teníamos unos veinte centímetros de nieve. El tipo enterró las colas de un pequeño ejercito de paupérrimos cohetes en la nieve y encendió las mechas. Uno a uno volaron hacia las alturas en un silbido anti climax para explotar al fin en unas decepcionantes estrellitas fugaces. El señor vecino limpió los remanentes de los cohetes, metió todo dentro de su cajita y caminó de vuelta a su departamento. Eso se ha convertido en el símbolo del año nuevo para mí aquí en Alemania.

Nunca se me había cruzado por la mente esto. Qué difícil es comenzar un nuevo año en el norte de Europa. Si bien el invierno da esa sensación acojedora a la navidad y una excusa para beber tragos alcohólicos humeantes como el famoso Glühwein (vino navegado), al cruzar hacia el primero de Enero, esa percepción se evapora. Los días son cortos, oscuros, lluviosos, fríos. El viento, a veces huracanado, la lluvia pincha la piel. Llega el segundo día de Enero y luego de semanas de habernos sumergido en la gula festiva, debemos comenzar con la rutina de sopetón. A eso se le suma todos esos propósitos tan prometedores que juramos cada fin de Diciembre. Comer sano, ir seguido al gimnasio, dejar de lado los vicios, dejar de fumar, hacer yoga, meditar, bajar de peso. Todo esto en invierno. Cuando a las ocho de la mañana la noche todavía reina y los faroles de la calle todavía deben iluminar. Quizás sea mi naturaleza de búho. Prefiero mil veces acostarme tardísimo que levantarme con las gallinas.



Quizás sólo pienso esto ahora luego de diez años viviendo por estos lados ya que pronto escaparé el invierno alemán para pasar unas semanas en Chile. Celebrar el año nuevo en casa es otra cosa. En el punto más alto del verano, la noche estival es perfecta para festejar hasta la mañana del primero de Enero. Llega el nuevo año y el sol brilla por las ventanas ya desde la cinco de la mañana. Dan ganas de levantarse y cumplir todos esos propósitos, aunque sea por unas pocas semanas o meses.

Mi esposo dice que soy alérgica a la lluvia, al frío, al viento. No cree cuando le digo que, de pequeña mi padre me daba permiso para faltar a la escuela cuando en inverno estabamos siendo azotados por un fuerte temporal. Su naturaleza holandesa se burla. Holanda comparte el mismo clima miserable de Inglaterra. Sorprende que ni los ingleses u holandeses no hayan todavía desarrollado pies ni manos palmípedas.

Dicen que en el sur de Europa el invierno no azota tan fuerte como acá. No he tenido la oportunidad de experimentarlo en carne propia y me pregunto entonces cómo se viven los cambios de años en España, Italia, Portugal y Grecia. Sólo sé de la tradición española de las uvas a la media noche con cada campanada. Eso y otras cosas más aprendí con Aquí No Hay Quien Viva.

Sea que estemos en un hemisferio o el otro, comenzar un nuevo año nos llena de ilusión pero también de presión por hacer todo eso que nos hemos prometido.

¿Cómo se vive este cambio de año en tu país? ¿Cómo afecta el clima el ánimo de las personas? ¿Son los fuegos artificiales de venta libre y legales a fines de Diciembre al igual que en Alemania?

martes, 2 de enero de 2018

72 Hours (short story, second part)

“An die ferne Geliebte” of Ludwig van Beethoven with English subtitles.

“Paul was born for music,” I said with a sigh as I suddenly bumped into one of his concerts broadcast by ORF III as I was flicking through TV channels. It was the broadcasting that Medici.tv had made of that night at Carnegie Hall of January last year. I knew the concert by heart, I had already lost count of the times I've streamed it online. I switched off the television right away and went to bed. I mustn't break the promised I imposed on myself last year as soon as I arrived from that week in New York. “He's married. A one-night stand was alright but take him out of your mind. Avoid him like the plague from now on”. More than a year has passed since I met him and as a noxious weed, he keeps growing on me. Embedded in my heart. Damn tenor of sad opal eyes. I switched off the lights of my apartment and I went under my bed sheets. I hugged my body core and closed my eyes.

The doorbell's sharp chirp and the spring light of beginning May woke me up the following morning. It was the postman. It was a certified mail. As I opened it and read its content I had to search for a chair. A notification from the law firm Thomas and I had hired more than a year ago to carry out our divorce. Nothing better than the massive invoice for their services to begin a new day. The fact of being from different nationalities made the procedure a lot trickier and more expensive than what we had initially thought. It was fair and logical. We'd share the expenses of the legal services regarding our divorce, as we agreed when we decided to end twelve years of marriage. I went to the kitchen to prepare a double coffee to swallow the bitter pill. I read again the four digits sum and swallowed hard. My bank account would be rendered close to the red numbers. The weak economic stability I had achieved as a fresh divorcee and my new life in Vienna would go to hell. I opened my notebook and checked my e-mail. Among many offers from online stores, some notifications of social media and some emails from the few friends I've got, I found no new job offer. This is what happens when you work as a freelancer. I'm a translator and interpreter of languages. I've been building my name for over a decade. My name is my brand and I'm good at what I do. Nevertheless, after the last conferences where I worked as an interpreter, a forum on preventive medicine in Berlin and a seminar on quantum physics here in the Austrian capital, offers had ceased to arrive. Without further delay, I ran for my house telephone and dialed Olga's number, my colleague with whom I work in the interpreter's booth in most events. We take turns in interpreting and writing key concepts alongside the expert's lecture. She surely had a tip. Anything at all. The tone sounded busy. I hung up and jumped as the telephone still in my hand rang. It was Olga. I smiled and blushed as I heard her voice. We hadn't talked since that disastrous quantum physics seminar at the end of last year. It had been all my fault. I still ignored where my mind had been in the last months. Olga had to save the moment. I told her about my situation and begged her to get me something to balance my bank account. “So much for telepathy, Cármen! I was just thinking about you” she said with enthusiasm. She had been invited as an interpreter to a series of lectures to be taken place at the Conservatori del Liceu in Barcelona, her home city, and current residence. “Until last night my participation was confirmed but Luis suffered an accident at work and so I have to take care of the paperwork related with the insurance and other errands I can't entrust anyone else as his spouse” she confided to me with a tired voice. I expressed my sympathy about such misfortune as I saw a new e-mail arriving in my inbox. “I just sent you all the information regarding the event. It begins next Monday” she said. I looked at the calendar and drank the rest of my coffee. I had to fly to Barcelona in about three days. My stomach twitched due to the anxiety of jumping that fast into a new project without any previous information on the topics to be discussed. As the adrenaline shot a singer must feel seconds before walking towards the stage and facing the public. “Go out of my head!” Olga apologized and, without hearing my confirmation, she thanked me for covering her back. We hung up. As I was chewing my peanut butter and banana sandwich, I read the details about the event. It was a series of lectures on the musical period known as Wiener Klassik – Vienna Classic – and the birth of the Romantic period in music and literature in the XIX century Austro-Hungarian and Prussian empires. The majority of speakers were of German or Austrian origin and the fewer, Americans and British. And I read his name among them. “Paul Stutte, tenor: Beethoven's Lieder cycle ‘An die ferne Geliebte’ and the importance of the composer's biography for the analysis of his oeuvre”. I blinked a few times and read his name time and again. My mobile buzzed on the table and turned on its axis. I unblocked it and read a Whatsapp message from Olga. She had forgotten to mention the honorary to be paid for a few days of work in gorgeous Barcelona. I felt my eyeballs almost popping out of my face. I read his name again. And the sum. “He's married. He's a family man. He's banned” I screamed in my head. I resolved to attend the event. It was about work. What else could it be? I didn't need to see him again and lose my self-control like that winter night in New York, yet I needed the money. Besides, among the dozen lecturers assisting the event, what were the probabilities of running into Paul? I'd go to do my part, for I owned Olga after she saved both our asses as I experienced something of a panic attack in the middle of the interpretation of a professor in experimental physics. Before pondering any further, I was booking my flight to Barcelona and the hotel room.

The day in Barcelona received me with summer warmth. Despite the fact that the beautiful and massive Spanish metropolis has a similar amount of citizens than Vienna, every time I visited it, its streets crowded with tourists and its dizzying rhythm wrecked my nerves. Like Vienna, the city is a jewel worth admiring. I was once also one of its tourists as I first visited it many years ago and open-mouthed walked its historical streets. I exhaled relieved as I arrived in the hotel's lobby and felt the fresh breeze of air conditioning blowing in my sweaty face. I claimed my room and after refreshing myself and changing into a fresh and comfortable dress and shoes, I went to the Conservatoire where the dean was waiting for me. He went out of his way to thank me for covering for Olga and immediately began to tell me details on the lectures event. “Luckily, the first speaker who requires your interpretation arrives this afternoon. His book on Beethoven's Lieder is one of the most consulted volumes of our library by our classical singing students in the last years. His lecture is tomorrow at seven in the evening. As soon as Mr. Stutte arrives I'll let you know so I can introduce you to each other so you can interview him”. I swallowed saliva through my tight throat. It was like swallowing a handful of sand. I'd see Paul in a matter of a few hours. An expansive wave ran from head to toes like a shock. I stopped at my traces and I had to resume them in the act if I didn't want to attract the dean's attention with my erratic behavior. “It's just work,” I said to myself.

Those were the four longest hours of my life. I walked the conservatoire neighborhood until reciting every detail by memory, I had lunch at a café and used its free WiFi to go down the rabbit hole of social media until finally, my mobile received the dean's call. Paul had just arrived at the Conservatoire. My guts stirred with anxiety within my abdomen. I paid the bill and left to meet him. I entered the lobby and saw him. I smiled. Before having the chance to admire him at the distance without him being aware, the dean standing by his side pointed at the door and looked upwards to talk to him. As he directed his attention to me I felt as if the floor opened and swallowed me into an infinite void. A stab pierced me from my crotch up until my agitated chest. I tightened my jaw and fists almost as an order to control my body. He looked hotter than ever with his khaki trousers and white rolled up shirt hugging his tall and slender elegant silhouette. I took a deep breath and straightened my shoulders as I rose my chin with all the dignity and self-control possible. The dean introduced us and immediately told my entire professional curriculum to Paul. He only looked at me as he nodded at the received information. We shook our hands much like business partners do. Such simple contact with his skin sent an electric current to run down my spine. After exchanging polite words and asking him in general terms about his lecture of the following day in front of the dean, the latter finally left us on our own. Paul saw him walking away and then he fixed his eyes on mine. The Spanish spring afternoon sun turned his light blue iris almost transparent and his unfortunate pupils were almost indistinguishable as they were closed at its maximum capacity. He smiled and a rosy blush suddenly took over his pale cheeks. It was his intoxicating masculinity mixed with his figure of apparent youthful frailty what drove me crazy about him. What else could he have dedicated himself to than art? His pianist's hands gave him away. Paul hadn't held a tool in his life. He was an artist, and now at the light of the event organized by the music conservatoire where we found ourselves, also an academic.

We went to a café in the surroundings of the Conservatoire and I tried as hard as I could to keep the conversation to a professional level. After asking him the typical obligatory “How have you been doing?” and him replying the fakest “fine” of all, I asked him to make me acquainted with the topic of his lecture of the following day. His eyes glowed right away. “‘An die ferne Geliebte’, To the distant beloved – Paul translated – by Beethoven is the first Lieder cycle to be registered and dates from 1816. It paved the road towards the tradition of this genre in the upcoming years and produced great impact and influence in composers of the Romantic period such as Robert Schumann, Gabriel Fauré, Johannes Brahms and especially Franz Schubert, who took this musical expression to the next level with his two ambitious Lieder cycles ‘Die schöne Müllerin’ and ‘Winterreise’, The Beautiful Miller and Winter Journey – Paul translated – which he composed in the following decade. It was Beethoven who coined the term Liederkreis, literally translated ‘song circle’ and the six songs which form this cycle are musically connected in such way, that makes it quite challenging to perform one without the other. It would be like taking them out of context, for they sing an intimate feeling, a train of thought, and internal monologue of yearning, pain and broken hopes for a distant beloved from whom for some reason, he's separated. Officially, Beethoven dedicated this work to his lifelong patron Count Joseph von Lobkowitz and it is believed that the aristocrat himself might have commissioned this song cycle to the composer as a sort of Requiem for his recently deceased wife. Beethoven commissioned these six poems to a young physician named Alois Jeitteles, who used to publish poems as a hobby at the local Viennese papers. Although some historians conclude that these six poems could be referring to a beloved in the heavens, some Beethoven biographers relate the composition of this cycle with Beethoven's so-called ‘Immortal Beloved’, the mysterious woman to whom in 1812 the composer wrote what is considered one of the most romantic letters of all times. The letter doesn't include the name of the addressee and her identity continues to be one of the most disputed topics at present. Due to the great secrecy surrounding this letter, it is believed that the mysterious woman could have been an aristocrat with whom Beethoven might have kept a clandestine relationship for years. The distance of which the song cycle speaks about would then not only be physical but also social, for Beethoven was a commoner without major material possessions nor status”.

Paul was speaking on automatic pilot. I realized this when he began to translate the German terms, well knowing that I'm fluent in the language. He was reciting his lecture before me. I also reach into my mental file of specific words and expressions in either Spanish, English, French or German when, as I interpret, I bump into them tangled into complex ideas. I know I can rely on my mental database of the necessary lexicon when what occupies me at that moment is to pass on the intact message to the listener. It's a form of muscle memory acquired after endless hours of study and practice. To have that mattress where to fall onto in case of screwing up takes away a bit of the stress of having to interpret live and alongside the lecturer. Paul was doing exactly the same. And avoiding eye contact with me at all cost. “Mattress”. His deep voice vanished in between the noise of the busy avenue. I stared at his mouth while he kept on presenting his topic as if I was all his audience. Again I heard his rasping groans in my ear, the brushing of our sweaty bodies. Again I saw him at the early morning backlight, tousled hairs and dark gaze filled with lust on top of me, going all over me, licking everything on his road, pinching, biting, kissing, touching, sniffing. Again I felt him invading me with strength, locking me in his arms until taking my breath away. Again I tasted the salty of his skin, I smelled again his own warm musk. My lower abdomen twitched violently and I felt my cheeks burn. I let a sigh escape my lips which rather sounded like one of my groans of said night in New York. Paul went silent as if he had pulled the hand break of his speech and only then he looked me right in the eyes. “Shit”. I bit my lower lip to avoid another lusty sound escape my mouth. “Would you be so kind to... – I coughed to clear my throat and drank from my fruit smoothie – I mean, could you handle me your speech, I mean, the copy of tomorrow's lecture, please?” He blinked a few times and dubious he reached for his bag, he placed it on his lap and with his head almost completely in it, he rummaged between an army of binders, books and notebooks until finding what I had asked for. I adjusted myself to the seat and cursed in my mind. That flash memory had melted my sex. I was sitting on a slippery pond. Great. “He's married! Stop slutting around and get to work!” I screamed in my mind like a damn mantra. Paul rose his head and reached me a binder with his left hand. “If I'm not wrong, everything related to my lecture, including bibliographic references and notes, is here. I hope it's helpful” he said with his gaze fixed on the binder to later lower it to his cup of tea. I mumbled a “thank you” and received it millimeters away from the fingers of his left hand. A coldness went over me and nested in the pit of my stomach. His ring finger, where last year there was a thick golden ring, it was now naked. I searched for his eyes and stared at this left hand again. Paul was too busy tidying up his bag as if picking up his things to soon end our meeting and leave. He produced a card and gave it to me with his right hand. “If you have any doubts about the lecture,” he said and took his mobile to wave it in the air, “or if you want to talk about anything”. “I've got nothing to tell you,” I said with the best bitchy tone I could emulate while I placed the binder into my handbag. Paul didn't upset himself with my effort. “I do,” he said and fixed again his sublime opal eyes on mine.

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I spent the rest of the day in my hotel room studying Paul's lecture for the following day. Luckily the event was programmed at seven in the evening, so I had a little more than a whole day to prepare myself. The material was dense and mainly taken from the book of his authorship. Despite being used to work with complex and highly academic topics, I couldn't help to be surprised by the exquisite use of English lexicon in Paul's writing. I shouldn't have, for I already knew how well versed and intelligent he was, but I wouldn't have imagined he could reach the level of a university professor or that of a historian. As I arrived at the conservatoire's conference hall punctually one hour ahead, the dean informed me I was going to be alone in the interpreter's booth and quickly mentioned that Mr. Stutte had manifested his desire to talk with me after his lecture. I thanked him for letting me know and pushed that information out of my mind. I had to concentrate. In a matter of half an hour, the crowd began to fill in the hall among mumbles and babbles as they searched for their seats and wandered through the aisles. I drank a sip of my still water and took a seat at my post. Through the large window, I had a direct view towards the stage. Its podium was still vacant. I checked the time on my mobile. Eighteen hours and fifty minutes. There was not a single seat free in the hall and the guests were passing the pages of the lecture's program in between whispered conversations. Soon the dean entered onstage and welcomed everyone. Next, he recited Paul's impressive curriculum to the audience and finally, he introduced him. Paul entered onstage wearing a two-piece navy blue suit, black leather shoes and a white, tieless shirt with an opened collar. The hall burst into a thunderous applause. I saw Paul thanking the dean and taking his place on the podium. I wore the headphones and adjusted the microphone to my mouth. I wished not having to see him the whole time in order to concentrate better but experience dictated that the times I'd deprived my brain of visual information and I'd only relied on the auditory one to interpret alongside the lecturer, the end result has been worse than mediocre. The body language tells as much if not more than words and lets me know when the speaker wants to add something else or has finished making his point. I exhaled until emptying my lungs and inhaled again to the top of their capacity. Paul drank a sip of water from his glass and bent down to try the mic with a clumsy “good evening”. Time to work.

I took a breath in relief when the conservatoire's dean declared the lectured as ended after a round of questions. The audience applauded again with enthusiasm and Paul shyly smiled to take another short bow and leaving the stage. The first part of my commitment towards Olga had ended and to my relief, Paul's imposing stage presence hadn't distracted me as much as at a beginning I feared. I believed to had done a good job and collected my things from the booth to go to the hotel and rest. At the following day, I had to meet an Austrian professor in musicology with specialization in the XIX century who would give a lecture on the religious music for voice and orchestra composed in the Romantic period. As I went out of the booth I found Paul standing in the aisle with his hands tucked into his trouser pockets and leaning against the wall. He gave me a smile too sweet to resist. “Has it all turned out alright? Was the material I gave you useful?” he said with a tone halfway between concern and curiosity. I swallowed hard at seeing him so up close again. Why wasn't he wearing his wedding ring the previous day? Did he perhaps know it would be me who would interpret him? Did he maybe want me to become his damn mistress? “He's a man with way too much luggage on his back,” I thought. Daughter, wife and a busy professional agenda. I limited myself to reply everything had gone alright and without much else to add, I faced the aisle to go out of there as soon as possible. “Do you want to join us for dinner?” he said at my back. I turned around. “Join us?” I retorted. “The dean and his wife insisted on joining them to a typical Spanish restaurant to try the local culinary goodies. As if it were my first visit” he said with a sarcastic tone. As if they could guess the conversation topic, my guts whined inside my abdomen. I accepted relieved I wasn't going to be all alone with Paul during the dinner.

After a generous and mixed Paella plus desserts and a delicious Tempranillo wine, the dean's wife began to feel ill and in a matter of minutes, they left home. I looked at Paul seated across me. Was that actually a smirk of satisfaction? “I divorced,” he said without further ado and drank a long sip of his wine, “last year”, he added. He rose his left hand and shown me his naked ring finger. His skin still shown the mark where the wedding ring had been for years. I looked at my left hand and turned the silver ivy-detailed ring with which I had replaced my own wedding ring. After weeks without it, I couldn't get used to not feel it. His daughter. “Your daughter, Millie? How has she taken it?” I asked and breathed deep to try to slow down the drum beating within my chest. “She hates me, she hates us both. She's fourteen, she hates the whole world and now we've given her a reason to hate us as well” Paul said with dry tone and a bitter resigned laugh, almost as if he would have run over his own words under the wheels of a truck. For a moment his eyes crystallized and tears bulged at its corners. He took a strong deep breath and killed the rest of the Tempranillo in his glass. What had I done?! All this was my fault. I seduced him well knowing he was married. I took him to my hotel suite that cold January night in New York. What had I become? A homewrecker? For months I asked myself the reason for my actions and the possible consequences of that passionate night had tarnished the memory of what had been the best fuck I'd had in years. I know very well why I did it. Paul made me feel again like a desired woman when I had forgotten what it felt like to make a man lose his senses. All this was to blame on my own ego. During twelve years of marriage, I never cheated on Thomas, which doesn't mean the idea didn't cross my mind more than once. I didn't do it due to respect towards him. No, I didn't do it because I didn't get to know Paul sooner. As simple as that. When I thought real gentlemen were an extinct species, a kind of another time, he appeared on my horizon and life persisted on us. I ran into him so many times until I gave in to destiny. And now, in this Barcelona restaurant, tipsy by the tannin of the Tempranillo and with him before me, I felt the lowest and most undeserving of women. Paul sat at the free chair to my left and offered me a tissue. I smiled tired and sniffed my nose as the salty of my tears leaked through my sealed lips. I accepted it and dried my eyes and nose. “Forgive me, all this is my fault. Your daughter...” I whispered in between sobbing. Paul locked me in his arms and squeezed my crying with the strength of his hug. “Listen to me very well, Cármen” he whispered a few centimeters away from my face while he cupped it in both hands, “none of this is your fault, do you understand? My marriage was going down the hill long before I met you”. He hugged me again, he tangled his long fingers in between my lose hairs and fitted me in the curve of his neck and shoulder. “Why did you tell your ex-wife?!” I said in a whispered scream. “As if it would've been necessary” he grumbled in my ear and we separated to see each other face to face. I was left naked and unprotected without his arms comforting me. “I can't lie. I arrived from New York, she saw me and drew her own conclusions. And then she told me she had also found herself some fun in London. She had been seeing some bloke for months. You see”. I was rendered agape and speechless. I drank the rest of my wine, searched his hands and held them tight in mine. “How are you with all this?” I said looking into his eyes. My god! His gaze darkened bellow his tightened frown and he forced a cynical grimace with his lips. Paul didn't want to let me see how hurt he was, it was being close to unmanageable for him to hide his pain, as if he still wanted to pose as the perfect strong gentleman for me. “Well, I moved into a flat in the surroundings of Millie's school. The little time I spend in London I try to be there for her, even though she doesn't want to see my face. She has worsened her school performance and has developed a worrying liking for black clothing”. It was like listening to a narration of my own teenage years. “My parents divorced as I was fifteen years old,” I said. “For years I hated my father for having left us and I hated my mother for talking crap about him every day. She poisoned my mind with her own jealousy of hurt wife. I was in the middle of a war I didn't want to be. It took me years to realize that, who my father was as a man was of no concern to me as his daughter. I only had to demand him in his role as a father. Nobody explained this to me, I had to discover it on my own and in the process, I lost precious years without his company. I didn't invite him to my prom. My mother kept on drawing his image as the worst man on the planet”. The tight nod in my throat stopped me from carrying on. I looked at the table but all the glasses were empty. Paul called on the attention of a waiter and ordered another round of wine. Then he focused himself on me again. “Take my words as personal experience, please do not make the mistake of involving your daughter in the marital issues with your ex-wife. It's the worst decision. She must only be concerned that you both are good parents, beyond what you do with your private lives”. The waiter arrived with two new glasses full with tempranillo, I drank a sip and my throat immediately thanked me. The heat of thirteen percent alcohol nested in my stomach and for a second, it invaded me with relief. “Could you make peace with your father in the end?” Paul asked and killed with his thumb the road of a tear which rolled down my left cheek. “Yes. With the years I understood how wrong I had been and with my own experienced as married woman, I saw with perspective how hard married life is. He's a gentleman, never a wrong word about my mother has left his mouth. Yet in his own way he has made me understand that the situation then between them was unbearable. Give your daughter time. She's too young yet to comprehend”. Paul kissed my lips tasting like tears and wine. I closed my eyes and I let myself be carried away by the heat wave that assaulted me as I tasted his mouth again. I combed his fine ash-blond hairs with my nails and scratched his scalp while I pushed him towards me. We broke the kiss aware where we found ourselves. Paul smiled. “I want you in my life. That night in New York... – Paul looked at our interlaced fingers and exhaled, he rose his eyes to face me – it was no one-night stand. Not for me at least. Never before had I cheated on my wife. Ex-wife – he corrected himself and frowned as he shook his head – I'm sorry, I still haven't gotten used to it”. He drank a sip of wine and took a deep breath as if gathering all courage possible. “I know by now you may be thinking I am nothing more than trouble. I'm good ten years your senior, recently divorced and I have a teenage daughter that will give me more than one nightmare in the upcoming years. You could be with any man you want, one without all of this mess. But I want you in my life. I want to wait for you at some airport with a bunch of red roses like a twenty-something naïve and drunk of love. I want to spend my few free days and nights with you. I want to kiss you deep goodbye at some airport of the world so you don't forget me. I want to feel butterflies in my belly when you call me and I see your number on my mobile”. I giggled nervously and right away a dark cloak covered me of shadows. “How about if I disappoint you? If you don't like what you will discover once you get to know me well? If I can't love you with the strength I loved my ex-husband in my twenties? If your daughter gets to know me and declares war against me? If our agendas stopped us from even seeing us a few times per year?” Paul kissed me again as if wanting to stop the torrent of pessimism that I had helplessly just thrown up. “And how about if for once we listen to life and destiny who keep on making us bump into each other time and again?” he said and caressed my cheeks as he parted a lock of my hair.

We arrived at Paul's hotel suite sometime past midnight. Everything felt different this time. The guilt, the urgency, the secrecy with which we had to deal on that passionate night in New York were no longer accompanying us. We both breathed relieved and allowed ourselves to love each other with freedom. It was beautiful and I felt as if the weight of regret and suppositions of the last months finally fell to the floor. I decided to give each other a chance for, if I didn't, not only would I regret for the rest of my days, but also, as it had been demonstrated in more than one opportunity, destiny would put us at the same time and place again and again until we give in to coincidences. “Perhaps I already love you,” I thought in Spanish in a whisper after a sex marathon. Paul slept by my side gone in his dream world. I caressed his cheeks with my knuckles almost brushing his skin not to wake him up. I didn't care about the compulsive thinker furrow which divided his frown, nor about his crow's feet or his deep nasolabial creases at each side of his mouth. Those were the fingerprints of his soul, they told about his life story, one immersed in the study of his craft and struck by laughter, tears, and worryings. For me, Paul was the most handsome man in the world and I couldn't wait to get to know his soul as clearly as at that moment I was seeing his sleepy face.


As I landed on the Viennese ground after five days in Barcelona, I connected my mobile to my local Austrian telephone provider. As I was walking towards the area for claiming luggage, my mobile buzzed in the pocket of my jeans. I unblocked it and smiled like a seventeen-year-old girl. “Next month I'll be in Berlin for a few days. Concert, interviews and some more. Any conference to interpret in the German capital by then, miss Baeza? I already miss you terribly and I count the days to see you again. Paul”. “How life changes in a matter of a few days,” I said to myself as I boarded the train towards Vienna's central station.